- i – Comienzo con Ana O.
Septiembre 8, 2000
- 17 Cuadernos -
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… Al pasar por delante del quiosco, por delante del cual desde hacía quince días pasaba a diario, la mujer a la que últimamente parecía habérsele adherido un antiguo y constante estado de pesada tristeza, una foto y un titular reclamaron su atención: ‘Ana Obregón enamorada de un médico’. ¡Qué curioso! -pensó. Probablemente fuese una asociación consecutiva de ideas estúpidas o de estúpidas ideas pero siempre se había sentido especialmente identificada con aquella ‘bulliciosa y divertida’ mujer. Una mariposa. Vista desde fuera sólo otra mariposa… ¡Qué fácil y que simple fue siempre emitir severos juicios desde afuera!… Se detuvo unos instantes delante del escaparate abarrotado de revistas y pensó: ¿Y él la corresponde?. Pero qué tonta eres!. Pues claro. Los hombres al principio siempre la corresponden. Es luego cuando todo se le tuerce como a mí. Pues eso, por similitudes llamaré a la ‘chica’ de mi historia Ana O. Ana O también está enamorada de un médico. Hoy debería haber sido fiesta. Ana O. había escuchado un discurso bastante airado sobre la falta de raíces que demostraban los concejales del ayuntamiento a la mujer que le había despachado los caramelos. Y a Ella que le importaba lo que opinase aquella buena mujer. ¿Por qué estaban aún cerradas las ventanas de la casa?. El verlas así le había hecho creer que ellos todavía no habían vuelto de la salida del fin de semana, pero luego el coche la sacó de dudas. Estaban aquí, y si él tenía trabajo no necesitaba coche para desempeñarlo. ¡Porras!. ¿Es que nunca va acabarse este maldito verano?. Como puede ser tan diferente un agosto de otro. El agosto del año pasado le había traído la esperanza… Hermoso regalo. Había sido un agosto mágico. Ana O. esta noche siente miedo: ¿Y si se ha acabado todo y ella no se ha dado cuenta?. ¿Y si él ya no siente ni ganas de verla?… Tenía que hacer algo. No podía continuar por más tiempo quieta, pero tampoco quería equivocarse. Escribir. Escribir para no olvidarlo y para lograr que, al menos, por unos renglones él la recordase.
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… Escribir por no permitir que él ignorase para toda la vida lo mucho que había significado él, en la suya. Le había esperado tanto tiempo y estaba siendo tan duro tener que renunciar sin presentar batalla a tantos sueños… Esta pretende ser la historia de Ana O., más o menos desde que le conoció.
Sólo recordaba dónde le había conocido: fue en la consulta de su médico, pero todo lo demás eran alusiones muy vagas de él. ¿Por qué no le había prestado atención? ¿A qué había acudido allí aquel día?. ¿Y por qué le había dicho él que era demasiado joven para sufrir de las cervicales?… El caso era que Ana O., por lo que fuese, en su memoria le conservaba asociado a la incomprensión. Indudablemente era un hombre ‘intratable’ y quizá por eso no le olvidó… Y más tarde como perdido en la ambigüedad del tiempo pero no en la inmensidad del espacio, recordaba haberse mirado con él cerca de un parque y de una parada de autobús. Él comenzaba a subir la cuesta de la calle y llevaba en la mano un maletín. Recordó que en aquel entonces era una mujer enamorada y cuando se alejó de él se reprochó el coincidirse con sus ojos con tanta sonora intensidad. Fue después de aquella mirada mutua cuándo él dejó de ser una vaga alusión. Indudablemente era un hombre muy atractivo y ya no le olvidó… y también recordó habérselo encontrado quizás antes de aquello, un lunes en una plaza concurrida. Le descubrió de repente entre el agobiante gentío y la alegría había brotado alada de su corazón. Le observó divertida mientras él curioseaba las prendas de ropa barata del tenderete. En la mano el maletín. ¿Pero qué hacía un hombre como aquel allí?. Y si no hubiese estado acompañada, sin duda habría permanecido tras él, curiosa, espiando todos sus movimientos. Pero tuvo que marcharse, y se alejó con nostalgia de él. Era la atracción, y a pesar de ser una mujer enamorada siempre que caminaba por aquella plaza le recordaba y esperaba verle aparecer.
Era un cuatro de enero. Yo subía por la calle de la Florida, cerca del ayuntamiento, y allí estaba él; otra vez mirándome con interés mientras bajaba por la acera contraria. Transcurrió, pero no pude dejar de pensar en él… Era la cuarta vez que le veía en mi vida. Era peligroso, me lo hacía sentir esa manera suya de mirar y lo que era capaz de provocar en mí… Ningún hombre así hasta aquel… sólo tú, pero dejaste de hacerlo. Sólo él, pero me recogió en un desmayo y… era peligroso como tú; yo te lo dije. Desde que te conocí, nadie me había atraído así . Me interesaba y tú ya me habías hecho derramar demasiadas lágrimas. Sofía, Mónica, Yolanda, Susana, ‘DilaYla’… Era eso un cuatro de enero, no había transcurrido más de una hora y volví a encontrarme con sus ojos, de sorpresa, en la Avenida de la Calzada. Esta vez frente a frente. ¡Woaow!. Era muy interesante… Tuve la sensación de que vivía por allí cerca y supe que yo también despertaba en él una, al menos, intensa curiosidad. Y si estaba tentada de ”perderme”, el evitó que eso ocurriese. Por la tarde vi a Canos venía dispuesto a…, yo no era la misma mujer desesperada… No tenía necesidad de precipitarme. Si alguna vez fuese a estar con un hombre que no fueses tú, sería con un hombre como aquel. No te exagero, dentro de mí todo ocurre como te lo cuento. Siempre has sido veneno, pero existía un antídoto contra ti, y yo ya le conocía. Él me salvó de equivocarme, y yo ya estaba en deuda con él… y lo escribí:
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__________________ __________________ __________________ __________________ __________________ __________________ __________________ __________________ … Entonces recordó enero… Eran unas Navidades tristes; aún más de lo que siempre lo son: tenía problemas familiares y estaba atrapada por un hombre al que quería a su pesar. Él era un cazamariposas, y Ella había sido sólo otra mariposa incauta. Fue entonces cuando le descubrió; ya se habían mirado así en otra ocasión, pero entonces ella sólo era una mujer enamorada y lo único que sabía de él era que le había conocido en la ”consulta de su abogado”. Y recordó esbozando una ligera sonrisa, el como se había reprochado el haberse coincidido con sus ojos con tanta sonora intensidad… Le descubrió subiendo una calle y ni un instante pudo apartarle ya de sus pensamientos. Y la suerte quiso que en aquella mañana le volviera a encontrar. Y entonces se indagaron sin decoro, cómo sólo los ojos que se atraen saben hacerlo. Aquel cruce era una pista . La intuición le decía que él vivía cerca… Pero lo inolvidable de aquel enero le había sucedido al día siguiente … y se recordó ahogándose entre el gentío que se dispersaba de la cabalgata. Había vagado durante horas entre la alegría de las calles como si fuese una embarcación abandonada y herida, a la deriva en un mar de zozobras. Y aquella tarde los rostros radiantes de los niños no hacían más que sumarse a su soledad como si no fuesen niños, como si sólo fuesen aguijones de dolor. Aquella tarde le dolían las ausencias y le dolía el alma. Y en esa amarga travesía volvió a encontrarle en la calle. Y recordó que él había sido ”aliento” porque fue verle y pudo respirar… 15 de Noviembre/ 99 |
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Julio 20, 2007 at 4:07 am
[...] -i - LA HISTORIA DE ANA O. [...]
Noviembre 6, 2007 at 11:54 am
Una sorpresa al volver la esquina…
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Noviembre 25, 2007 at 12:03 pm
¡Bien! los estás reeditando, como bien habias dicho, ¡qué alegria!.
Me gusta el símil de la Mariposa.
Es cierto eso de los hombres, no sólo para Candela y para Ana Obregón. Para muchas, si, al principio es fácil que te correspondan, el problema viene luego, mantenerlo o que te correspondan a ti sola. No sé. A mi, me gusta la exclusividad, a ellos, tontamente, también les gusta se exclusivos. Somos egoistas y egocentricos, pero es que así es el hombre.
Mi Agosto tambien fue mágico.
Escribir es un perfecto modo de solucionar más de un asunto.
Es increíble lo que ciertas miradas pueden provocar, ¿eh?…
“Pero lo inolvidable de aquel enero le había sucedido al día siguiente … y se recordó ahogándose entre el gentío que se dispersaba de la cabalgata. Había vagado durante horas entre la alegría de las calles como si fuese una embarcación abandonada y herida, a la deriva en un mar de zozobras. Y aquella tarde los rostros radiantes de los niños no hacían más que sumarse a su soledad como si no fuesen niños, como si sólo fuesen aguijones de dolor. Aquella tarde le dolían las ausencias y le dolía el alma. Y en esa amarga travesía volvió a encontrarle en la calle. Y recordó que él había sido ”aliento” porque fue verle y pudo respirar…” Esta parte es muy, muy buena. Lo explicas perfectamente, consigues que nos transportemos a ese día y seamos unos expectadores cercanos de la historia (y de la cabalgata:P)
Miradas y Mariposas en Navidad.
Un beso en la frente.
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Noviembre 26, 2007 at 2:20 pm
Es mejor el dolor cervical que el de cabeza, padezco ambos, por esa formulita. Pero aparte de ser propensa, tomo algo que aumenta su frecuencia e intensidad. Es una mierda. Además me quedé sin salir el Sábado por eso. Si es un jueves pues mira, jajaja o un Lunes. Pero el fin de semana, grgrgr
Qué coraje eso cuando todo te lo tiran. Yo creo que voy a comenzar a grabar las cosas en cd´s, las personales sobre todo. Diario del siglo XXI. No vaya a ser que a mi disco duro le suceda algo y la hemos liado, jajajaja.
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Noviembre 27, 2007 at 5:20 pm
Gracias por los consejos, lo malo es cuando te empieza fuera, en plena calle y tienes que conducir.
Ya imagino el disgusto
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