- ix -

Septiembre 12, 2000

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 A,  jueves 19 de agosto…

06h00′… Me levanté deprimida. Me había quedado ayer a última hora sin compañero para jugar mi partido. Nos habíamos citado el jueves pasado, el último día que vi a mi doctor ‘X’ y durante toda la semana había imaginado el momento en que le volvería a encontrar. Y ahora no tenía excusa para subir por aquella calle. El juego no tenía ninguna importancia. No iba a engañarme; ni siquiera me apetecía pensar en tener que correr  porque lo único que deseaba con toda mi alma era verle de nuevo.

07h00′… Quedé con mamá a las nueve y media en…

08h00′… Estoy lista, ¿qué iba a hacer durante casi una hora?, pero si no me apetecía hacer nada… ¿Por qué no podía caminar hasta allí sin necesitar un motivo?

08h49′ Llegué a la altura de su portal y caminé hasta la esquina. Me pareció divisarle a la entrada del supermercado. Subí rápida hasta allí, y miré con expectación hacia dentro. No estaba segura de que fuese él pero al fondo del establecimiento, desapareciendo ante mis ojos, justo en ese último instante, vi a un hombre de espalda ancha, moreno, y alto como él, vestido con un polo blanco. Decidí cruzar de acera y esperarle enfrente, pero estaba tan nerviosa que ningún resquicio de acera me parecía lo suficiente oportuno, ni lo bastante acogedor para asilarme. Pasados unos desconcertantes e inquietos minutos, me encaramé al escalón de una de las tiendas después de comprobar que su horario de apertura era más tarde de ese momento presente. Desde allí podía distinguir a la perfección a cualquiera que ocupase aquella única caja de salida. Entonces llegó a ella un hombre mayor y miró hacia mí. Me pareció el mismo hombre con el que le vi ‘aguardando’ a que el comercio abriera sus puertas la pasada semana. Había algo familiar entre ellos  pero no sabría decir el qué… ¿Serían parientes?. El hombre mayor retornó a indagarme pero por fin pagó y se fue. No sé por qué suspiré aliviada…

09h10′… El tiempo disponible se me agota pero no estoy dispuesta a marcharme hasta que por lo menos descubra quien es el hombre del polo blanco. Estoy temblando. ¿Desde cuándo soy tan osada?. ¡Me sorprendo a mi misma!

09h13′ … Por fin llega. ¡Es él!. Mi corazón se acelera y siento una punzada de inquietud en la boca del estómago. Es otra vez la reconocida y desconcertante sensación de miles de mariposas volando enloquecidas por dentro de mi cuerpo. Él parece abatido. Reposa con desgana la cesta de la compra sobre la caja y mira hacia el otro lado de la calle. Y me ve a mí. ¿Qué expresa su gesto?… Sin lugar a dudas la SORPRESA. Es como si le pareciera imposible. ¿Se inquieta?. No, no es exacto: está turbado pero ya no está abatido. Esa apatía y desgana suya se ha evaporado dejando lugar a la excitación. ¿Está enfadado?. No. Lo sé por como desocupa los alimentos de la cesta, como si tuviese prisa y sus manos alegría. Desciendo el escalón  y me ordeno mirarle porque siento como me llega la timidez, como una ola clandestina de reparos  y vergüenzas que me inunda y me empapa por dentro, y siento como una fiebre, como el rubor me recorre atrevido el rostro. <<Mírale. Mírale>> (me digo) y ladeo la cabeza contemplándole para hacerle saber que estoy allí por él, y mientras recoge las mercancías en las bolsas, mantiene su mirada pendiente de mí. Entonces paga y recoge la carga, y ahora en sus ojos asoma la audacia. Me asusta. ¿Pero qué voy a decirle si me habla?. ¡Dios, va a cruzar hacia mí!. Mi corazón me estallaba dentro del pecho… y entonces la dueña del establecimiento delante del cual yo permanecía como paralizada abrió la puerta detrás de mí sobresaltándome. Fue como despertar y sin poder evitármelo escapé de él, sin intención y sin deseo de huir de su lado, calle arriba. Fue una ‘locura’ y corrí; a pesar de lo poco apropiado de mi indumentaria, arrastrando tras de mí la insensatez;  no volví la vista atrás, no quería que por nada de este mundo pudiera quebrárseme la magia: no quería detenerme para comprobarle y no verle siguiéndome.

09h35′…. Llego casi puntual a mi cita. Es como si toda la cordura que perdí hubiese regresado a mí en este apresurado trayecto que recorrí y ahora soy desesperadamente consciente de que necesito con urgencia una coartada estupenda que esconda lo evidente que acabo de ser. Me siento como si hubiese cometido un delito. Fui a buscarle. Esa es la realidad indiscutible y el único alegato que se me ocurre para esgrimir en mi defensa es que fui solamente a respirarle porque me faltaba el aire y me ‘ahogaba’. Él alejó de mí la angustia y la depresión. Creo que era Goethe quien decía que la necesidad importante te eleva y la necesidad trivial te rebaja. Ese hombre me atrae poderosamente, tanto que al mismo tiempo me da miedo.. Es como si fuese un peligro. Quizás por ‘eso’ hace que me sienta tan viva. Es como si evocase en mí la dormida necesidad de sobrevivir. Me pregunto si aún soy una mariposa… Me contesto que no lo sé, que lo único que sé es que ‘P’ me ha perdido. Ya no me siento atrapada por él y hoy no dancé bajo la luz de su farol. Quizá se le olvidó cerrar las ventanas…


 

(*fragmento del diario  de Ana o.)

One Response to “- ix -”

  1. lasalamandra Says:

    _qui se h_bl_ de un muerto y ocurre _lgo con l_ energí_ _yer de m_drug_d_..
    Y del tr_nce hipnótico..

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