- x -
Septiembre 15, 2000
http://odeo.com/audio/14046213/view
Todo aquel día me sentí muy extraña. Él me atraía enormemente, era muy magnético pero a la vez le tenía miedo. Me había precipitado; había sido demasiado imprudente. ¿Qué pensaría él de mí?. Necesitaba una coartada donde esconder lo evidente de mi comportamiento. Necesitaba vestirme de ambigüedad. Mi madre era la solución. Quería que él llegase a pensar que quizá lo que había ocurrido era que había sacado conclusiones demasiado precipitadas, quizás porque aunque había una base para el equívoco, sus propios deseos…
a, Sábado 21 de agosto…
13h30′… Acao de llegar a L… Me miré en el espejo y contemplé mis ojos después del llanto. Había una tristeza inmensa en ellos. Era como un luto, como si se les hubiera muerto alguien…
a, Domingo 22 de agosto…
Ayer por fin sucedió. Él fue a buscarme. Yo pensaba que deseaba eso pero no lo era. Al menos ya no. Siento que los deseos son como las flores, aunque no las arranques de sus plantas terminan por marchitarse. Quizá que él viniese otra vez a mí fue lo que yo más había deseado. Quizá lo que ocurrió fue lo que yo andaba buscando. Cuando intentó besarme lo rechacé. Fui dura. Le hice daño. Por fín le devolví de golpe todos sus reparos y le dejé patente que…
(*fragmento del diario de Ana o.)
![]()
_______________________
_______________________
_______________________
_______________________
_______________________
… Así es la vida, él, aquel hombre a quien Ana O. tanto había querido y a quien tanto había deseado, por fin se había decidido a venir por ella pero demasiado tarde… Recuerdo como apareció en su coche. Recuerdo que Ana O. estaba hablando con su compañera de aquel día sentada en un banco de piedra de los C…, agotada y sudorosa. Eran como las once de la mañana. Un sábado con un sol infernal, y él apareció en su coche. La mujer que la acompañaba también le deseaba. No creo que aún le quisiera. Se despidió de ella apurada. Era una reacción instintiva y corrió hacia el prado. Él entró dentro de las instalaciones. Caminó hasta el final del pasillo. Ana O. permanecía detrás de las alambradas espiando todos sus movimientos con atención. Siempre padecía la misma sensación contradictoria cuando le veía aparecer: la atracción y el miedo. Él caminó hacia ella. <<No te escondas>> -le dijo. <<Ven>>.
- ¿Vas a reñirme?
- NO, ¿Por qué iba a hacerlo?
![]()
_____________________
_____________________
_____________________
_____________________
_____________________
_____________________
_____________________
_____________________
_____________________
_____________________
_____________________… Ana O. no supo que contestar. Ni ella podía explicarse porque sufría siempre la misma reacción ante él. Era tan desconcertante y siempre había sido así, desde el principio; quizá por eso jamás había llegado a cuajar entre ellos nada importante. Eran como la nieve en esa ciudad; en contadas y raras ocasiones había nevado allí, pero por supuesto sin lograr permanecer la nieve sobre las calles más allá de escasas horas y siempre de forma muy superficial.
<<Ven conmigo al coche>>. Aquel lugar era muy especial para ella. Allí le había conocido hacía dos años atrás. Y a pesar de que ella estaba esperando a su marido se fue con él. Se acercaron hasta la exposición de ganados, había obreros por todas partes y sol, mucho sol… <<Ya llegamos a tu sitio>>. No le gustó aquel comentario. Tenía una sensación muy extraña que ni ella misma era capaz de explicarse. Fue cariñosa con él; lo tomó de las manos. Le quería pero… cuando él comenzó a tocarla lo frenó. ¿Qué le sucedía?… El pensamiento se le iba hacia otro hombre. Él debió interpretar el rechazo de ella como simple pudor y agarrándole la cabeza con las manos la empujó hacia sus piernas.
- Venga chúpamela
- No, hay gente. Pueden vernos.
- Bueno pues hazlo con la mano que no te ve nadie.
- No, que tengo que irme
- No empieces que te da tiempo
De repente le estalló la cabeza. Él la estaba tratando como si la hubiese recogido en la carretera para …
Se me rompió algo por dentro. Te lo juro. Aún lloro cada vez que lo recuerdo (como ahora).
- Me voy.
- No espera… es igual. Vamos a hablar.
Pero ella recogió sus cosas y abrió violentamente la puerta del coche saliendo furiosa
- Me marcho
y escupiendo con dureza las palabras le dijo:<< ¿Pero tú que te piensas que soy una puta?>>
- No.- le contestó él espantado.
- Pues no me trates como si lo fuera.
Y terminó sus plabras dando un sonoro portazo y alejándose de allí corriendo a través del prado. Y lloraba, lloraba, y golpeaba su dolor contra las hierbas de la carretera… Quizá si él hubiese ido tras ella y la hubiese detenido… quizá si la hubiese abrazado… pero allí estaba sola y llorando desolada, al pie de la carretera, pensando que de verdad estaba maldita y que nadie sería capaz de quererla. Y luego fue el miedo, ¿y si su marido los había visto? ¿Qué hora era? Y fue…
*Al llegar a este punto la parte mecanografiada se interrumpe y hay una anotación escrita a rotulador de rojo… dice: ‘Sigue en el Dos’














