”’…mientras el océano, tan misterioso / se aproxima a mi cada vez más…”’ W. Whitman
Estoy terminando de escribir estas líneas que tal vez él lea y por eso se me hace muy tarde:
”’…y lo que a mi me gusta es pensar que en unas horas vamos a conocernos y que ojalá después de ello los dos sigamos queriendo conocernos mas…”’
Como apurada y me ducho. Nora me pregunta hace un par de días: ‘Ya lo has preparado todo’. Que si he preparado el qué… le contesto. No hay nada en absoluto que preparar. Sé que acudiré a esa cita ocurra lo que ocurra y esos son todos mis planes y preparativos. Pero ahora estoy secándome el pelo y he comenzado a sentir una gran ansiedad. Tengo que tomar una decisión: ¿en qué me voy a desplazar hasta Gijón? En principio es Coga quién va a llevarme, ¿pero no será mejor coger un autobús? Si ocurriera algo en la autopista sería difícil conseguir otro medio de transporte y es cuando lo veo. Da igual que medio tome porque hay algo en la carretera. Ocurre algo y ese algo es el que frena el tráfico, no es que nos suceda nada a nosotros y ese parece ser el foco de la ansiedad. Así que para cuando termino de maquillarme ya he decidido que sea Coga quien me lleve. Sería la única manera de llegar a tiempo de hacerle una visita a Susana. Me he retrasado demasiado y de verdad que quiero verla. No sé por qué necesito que nos abracemos y que ella me desee suerte. Además tengo que comprarme unas zapatillas y podría hacerlo allí mismo. No recuerdo que hice con aquellas con las que viajaba por el verano. Y opto por vestirme cómoda: camiseta de cuello estilo barco y manga larga, pantalón negro de pana, botines de tacón y cómo no, esos aros de extravagante fosforescencia que le hacen juego a la camiseta, esos que tanto me gustan y que tienen la friolera de 20 años. Y opto por meter mi vestido inarrugable de gasa italiana en la bolsa de deporte y un par de medias con la liga incorporada por toda ropa interior y por si las moscas… y cómo no, mi chaqueta roja de la suerte, esa que yo digo que es ‘china’ y que es mentira porque me la compré hace un siglo en el Carrefour y fíjate bien, cuando éste aún tenía el anterior nombre y le llamábamos ‘el Pryca’; la misma que me dejé en casa de Max a partir del tercer día en que le visité para sentirme cómoda (es que era del mismo color que su salón y a mí no me gusta demasiado la desnudez completa: soy una amante del erotismo); y la misma que rescaté hace sólo unos días. Y continúo muy nerviosa pero sé que cuándo me vea en Gijón me sentiré más tranquila, a pesar de que él todavía no me ha escrito cómo dijo que haría y yo sigo ignorando el número de la habitación…
Y ocurre. De repente el tráfico se frena y nos detenemos en una caravana, y yo le digo a Coga que es por culpa de un accidente que ha ocurrido muy cerca de la entrada del centro comercial. Y confío, aunque esté mal decirlo porque es una confianza egoísta, en que sea sólo eso y no ninguna otra cosa ”más grave” que nos imposibilite el avance, y también porque yo no he presentido más que un retraso, y la muerte y los heridos siempre se hacen acompañar de una sensación de pesadumbre… También aclaro que esto de lo que hablo no es el pan nuestro de cada día y sólo me ocurre en momentos muy puntuales, en momentos en que ando con la sensibilidad exacerbada por lo que sea. E imagino que muchas veces presentiré cosas que nunca sucederán y que olvidaré justo por eso, porque nunca han sucedido. Pero cuando pasamos al lado del accidente, un choque en cadena, y él confirma que se encuentra justo en el punto en que minutos antes acabo de nombrarle, me mira y me dice lo de siempre: ‘Lo sabías’. Sí, me pareció verlo antes mientras estaba en el baño y por eso te decía que no sabía si tomar el Alsa pero luego pensé que era una tontería porque de coger alguno cogería ‘el directo’ y acabaría teniendo que pasar por aquí.
Pero Coga hace lustros que ha dejado de asombrarse por esas particularidades mías y a lo único que se limita es a constatar el hecho, lo mismo que dice luego, algunos kilómetros más adelante y cuando nos cruzamos con la sirena de un coche que un hombre de uniforme conduce a toda velocidad por el sentido contrario de la autopista: ‘Mira, ahí está atestados’.

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Asimilado.
comentario por candelaarias Enero 19, 2008 @ 4:43 pm6 VISUALIZACIONES
comentario por candelaarias Enero 19, 2008 @ 6:05 pm[...] ‘… hay algo en la carretera. Ocurre algo y ese algo es el que frena el tráfico, no es q… [...]
Pingback por - Pormenores del principio de la tarde - iii - « CEREBRO Y CANNABINOIDES Enero 20, 2008 @ 2:57 pm[...] ‘… hay algo en la carretera. Ocurre algo y ese algo es el que frena el tráfico, no es que nos s… [...]
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