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Con la regla
Salgo del ascensor. La puerta de la casa está entreabierta. La empujo. Max está en el baño lavándose los dientes, desde allí se asoma y me dice que pase. Unos minutos. Espero en el salón. Cuéntame. Y yo intento resumirle el juicio pero me doy cuenta de que me es difícil coordinar las palabras y también de que me he quedado ronca. Eso me ocurre desde Burgos 2003, es desde allí desde donde arrastro ese ‘problema transitorio de afonía’, aunque creo que esta mañana es más psicosómatico, que real… las emociones que me secuestran la voz.
Y me ofrece un café. Él no toma porque dice que hace solo unos minutos que ha desayunado. La cama está revuelta y el sol entra a raudales por la ventana abuhardillada desparramándose sobre ella; lo he visto cuando pasamos de camino hacia la cocina. ¿Si necesitas que te lo caliente? Le digo que no. Yo tomo el café sólo y con tres cucharadas de azúcar, y tampoco me gusta que esté tan caliente que me queme pero éste fue hecho por lo menos hace veinte minutos o media hora porque está así de tibio… tan tibio como él se muestra conmigo, aunque insiste en que me acueste en su cama. Si vienes conmigo, le digo yo. Pero no, dice que acaba de levantarse y que sólo soy yo quién necesita dormir.
Y salimos a la terraza porque él quiere que salgamos; una terraza que está parcheada de charcos de agua y que yo piso sin darme cuenta porque la noche la ha helado y parece que es ahora cuando comienza a desperezarse. Su terraza no madruga y los dos miramos hacia la calle.
Son las doce del mediodía: ‘Aquí nunca da el sol’ -me recuerda. ‘Es lo peor. Sólo hay sol dos horas durante los meses del verano’. Pero yo no miro su pena. Miro sólo a la calle y busco a un único hombre con la mirada en todas esas figuras insignificantes de gentes y vehículos como de juguete que se ven desde la altura de un octavo piso. Y no siento ningún vértigo, busco al padre de Laura, o al médico, no sé a quién, a veces no me han parecido siquiera el mismo y no se me van de la cabeza las ganas tremendas de volver a verle. Y ahora mientras me acuerdo de él, también me acuerdo de Álvaro. Del vértigo de Álvaro.
Yo tengo unos 19 años. Y me he convertido en una mujer preciosa. Voy con mi abuela a visitar a una hermana que vive en Galicia a cuestas entre Pontedeume y Villalba, y es allí donde le conozco… antes, jamás nadie me había hablado del vértigo, pero era por eso que Álvaro ni siquiera podía acercarse a las ventanas.
Álvaro era el sobrino de Carmiña M., la gallega que curiosamente encabezó la lista, durante algunos años, de un partido politico autoctono y con quién se había casado mi primo, T., en realidad más que primo mío, primo carnal de mi padre.
Y Alvaro son dos canciones: ‘Brother in arms’ de los Dire Straits y con la voz de Mark knopfler, y ‘I Want To Know What Love Is’ de Foreinger, que me pidió que le tradujera al día siguiente de llegar, y una cita aquella misma noche en la ‘Torre de los Andrade’, el Castillo de Villalba para ‘pagarme el favor’. Una excusa cualquiera porque nos atrajimos nada más vernos. Pero tomamos café solamente; yo en aquel tiempo no follaba así como así, no tenía el cuerpo para ello, estaba muy maltrecha y era muy tímida.
Y luego, ya de regreso, sí recuerdo que le escribí una carta vaciándome en un intento de urdir una nueva oportunidad, porque me había quedado con el deseo atrapado dentro del cuerpo. No, no era aquella apocada que no se atrevió a besarle a pesar de la atracción cuando él ,respirando en mi cuello y con su pecho pegado a mi espalda, me dijo que hasta yo mirando por detrás de aquella ventana del cuarto piso le provocaba vértigo; creo que no entendí entonces lo que me quería decir y temo que ahora es cuando acabo de darme cuenta.
Álvaro se acercaba a los treinta. ‘No, de verdad que no…’,le escribí, ‘y todo habría sido tan distinto si tú no hubieras sido el sobrino de quién lo eras y yo…’ pero él tampoco dio el paso, sólo me contó que le encantaba besarse con mujeres que se pintaban los labios,… ‘como tú que se te nota que te arreglas para ponerte guapa’. Y tampoco, por supuesto, contestó a mi carta. Es más, creo que mis familiares, su tía Carmiña M. y mi primo T., el primo de mi padre le pasaron factura a Miriana: ‘La nieta de tu hermana no está en sus cabales’. Yo y mi franqueza. ¡Qué lata!
Y Max y yo volvemos al salón y él me abraza muy paternalistamente en su sofá. ¿Crees que no volveremos a disfrutar del sexo como antes?, le pregunto. Y él me dice que supone que sí, pero que deberemos dejar pasar el tiempo que sea preciso para que mis sensaciones se asienten, y que reconoce que gran parte de la culpa de lo que nos había sucedido la madrugada anterior había sido suya, porque había insistido demasiado en el hecho de que no habría sexo entre nosotros. Es cierto, lo repitió como unas 15 o 20 veces. Y yo le explico que no me creo que no pueda ser como antes por mi causa, que no me creo que la relación que he establecido con el amante crepuscular me condicione hasta ese punto, y que estoy segura de que lo que más me estaba influyendo era la presión del juicio, que en ningún momento me había permitido relajarme y seguimos abrazados y yo tengo los ojos cerrados y no parece que exista ni vaya a existir nada entre nosotros de lo que hablar, así que le digo que voy a irme, que le agradezco mucho el café y el abrazo pero que voy a dejarle en paz para que pueda ponerse con sus cosas y él me contesta que le parece estupendo porque tiene que consultar en Internet una lista de lugares a los que ir como alternativa a la posibilidad de que su cita en Cádiz sea un fracaso… pero que prefiere que me acueste en su cama, que quizás si lo hago al despertar... y yo no entiendo ni poco ni mucho esa manía que parece tener con que yo me duerma en su casa y lo que hago es empezar a despedirme de él y nos estamos besando, sólo que yo he comenzado, por inercia, o tal vez porque lo echaba en falta, a besarlo como besaba al amante crepuscular, aspirando su aliento y espirando mi aliento en su boca, y por lo que fuera el cansancio, el desgaste emocional, el silencio…
Max no ha puesto música, los ojos cerrados, ese ritmo pausado e intenso de respiración y beso, mis gemidos y mi propio ronroneo me han llevado a una especie de estado de trance, y yo misma me he provocado un estado alterado de conciencia… y Max no entiende que me pasa. No puede apartarse de mí pero no entiende lo que me pasa: ¿Has tomado algo?, me dice…
…y bueno, no estoy ahora ni de humor ni por la labor de detallarlo, es que estoy con la regla, pero luego, más o menos a la hora de dejar su casa pasadas las dos y cuarto, sostenemos esta conversación:
Ya estoy bien
Max dice: no sé
Por supuesto
Max dice: no pude hacer otra cosa
Ya me imaginaba que a ti no te iba a gustar mi corazón infantil
Max dice: no era el momento para presentármelo
Lo siento. La vida es así
Max dice: no quería verlo
Eso no se prepara. Y estuvo muy bien. A mí me vino muy bien
Max dice: me alegro de ello… a mí no es a quien tienes que mostrárselo, no te engañes
eh, eh… mi corazón es mío
Max dice: no sé por qué te has hecho ese lío
se lo mostraré a tantos como me de la gana. El que no comprendes nada eres tú. Es mío
Max dice: sabes que no
No le pertenece a nadie. Sólo a mí. Y se abre y se cierra. Eso es todo
Max dice: sí, comprendo pero tú estás muy dolida contigo misma y soy yo el que lo va a pagar
claro, … si tú lo dices… ahora eres psicólogo?
Max dice: Pero no es mi culpa. yo solo actué como me pedía el cuerpo. y no no soy psicólogo
oye, pues eso… tú con tu corazón
Max dice: ya te digo que te estás liando
y yo con él mío, todo clarísimo y sin malos rollos… bueno, ya te digo que no lo tienes pero hazte la ilusión de que sí
Max dice: que no tengo el qué?
sentimientos Máx, sentimientos… dónde tiene que haberlos… sólo hay un montón de otras buenas cosas… pensamientos…. ideales… cosas normales… tampoco es un insulto… es lo lógico
Max dice: ahora estás fuera de ti, cuando puedas analizarlo con claridad te darás cuenta que sí tengo sentimientos, lo que ocurre que estos no son como a ti te gustaría que fuesen
¿Una cosa? ¿cómo es? Yo tenía los ojos cerrados. Háblame de ella, cómo era?
Max dice: no la quise mirar
cuántos meses dirías tú que tenía?
Max dice: no me correspòndía a mí
pero bueno, hombre… pues qué decía? Yo que sé… algo que me oriente: la vez anterior estaba drogada y hoy tenía los ojos cerrados… quiero saber cómo es
Max dice: pues yo no te lo voy a decir
Eso es una putada Máx. ¿Es dulce?
Max dice: elegiste un mal momento o a la persona equivocada para sacarla a pasear… debes tener más cuidado con eso
Ya no hay problema. Nadie puede hacerle daño. Yo cuído de ella
Max dice: asegurarte antes que los sentimientos son recíprocos
para qué si ella no tenía ningún sentimiento… tenía emociones
Max dice: para hacer lo que hiciste
… y sensaciones… Ya le he perdido el miedo a eso
Max dice: estupendo, pero luego no me vengas diciendo que yo no tengo sentimientos. No caigas en el error en que han podido caer otras menos inteligentes que tú
eh eh, dejaste a un bebé morirse de hambre y de frío, cómo se llama eso? corazón?
Max dice: tú fuiste la que abandonaste ese bebe en una casa donde no podía ser bien recibido. ¿Cómo se llama eso? Sentimientos?
Creí que habías dicho que me querías ayer noche… me preguntaste, ¿me crees? claro que te creí. Elegí creerte a ver qué pasaba
Max dice: nos estabamos despidiendo y quería que supieses el cariño que te tengo. Pero ahora es un cariño más próximo a la amistad que a otra cosa
Bueno, yo no diría algo así pero bueno
Max dice: seguramente no debí decirlo
por qué no
Max dice: para que no fuese malinterpretado y sacado de contexto
Yo no te malinterpreté… ya te dije que sé quien eres desde el primer día… y a mí me parece bien
Max dice: no lo sabes, muchas veces no lo sabes, te ciegas
Eres un tío de puta madre. Una gran persona. Ya está
Max dice: cuando las cosas no son como nosotros queremos renegamos de ellas en vez de aceptarlas como son
Pero por qué voy renegar yo de esas cosas Eres un tío de puta madre y una gran persona
Max dice: por la misma razón que me atacas injustificadamente
¿Cuánto te ataqué?
Max dice: me refiero a lo de los sentimientos, a lo que llevabas en la cabeza camino de tu casa y a lo que escribirás en tu blog
Te sorprenderás cuando escriba en mi blog
Max dice: ya he leído lo que escribiste anoche
Y en mi casa, llevaba en la cabeza no hablarte más y borrarte del messenger y ya ves… No, pero lo que escribiré ahora. Te va a gustar. Es que fue una experiencia muy fuerte,
una no sale de ella en cinco minutos
Max dice: y me doy cuenta que pusiste un cuidado exquisito en matizar bien las cosas que me podrían molestar y eso no me gusta
¡Vaya por dios!
Max dice: yo quiero leer lo que realmente piensas, sin censuras y hasta ahora nunca lo habías hecho
Es que leíste lo que yo pienso sin censuras. No hay más. Si yo te digo que te quiero mucho anoche y no me lo demuestro a mí misma… Sería una falsa… ahora sé que no lo soy, lo que diga el otro, o haga el otro no es mi problema. Cada cual que diga lo que quiera
Max dice: sí es tu problema si luego le exiges que esté a tu altura
Y ya verás qué sorpresa se van a llevar los próximos cuando a partir de ahora folle así, al que le mole que se quede y al que no que salga corriendo pero yo quiero ser libre,punto y a partir de ahora… (y ya sabía yo que había aprendido a hacerlo)… será siempre así
Max dice: un beso y hasta pronto.
cuídate
.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Lo siento mucho pero a partir del instante en que comienza la ”experiencia crepuscular”, me cuesta muchísimo trabajo adentrarme analíticamente en ella. Trataré de hacerlo de otras maneras porque fue muy interesante pero me veo incapaz de describirla. No he podido hacerlo en todos estos días que han pasado desde entonces. Porque aunque las sensaciones ya no me son tan ajenas, como cuando aparecieron en el sueño antes del encuentro con el amante crepuscular siguen siendo brutales. Es un ejercicio que por el momento me supera… y más en el caso del hombre del salón que era como un cuadro de Matisse porque ahí atravesé por momentos de mucho Dolor.
Un beso
15/02/2005 03:31. Tema: Diario. #. .
Hay 4 comentario/s de este artículo.
Bueno y la conversación es que me parece inolvidable. Sobre todo esa frase que he subrayado en negrita, la de la cadena
¿Qué Odalys te gusta también este Max?. Es que ayer te gustó mucho aquella ”cartita” suya pero él, desde luego, es más éste…
2005.02.15 03:06
3 comentarios por mucho
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comentario por candelaarias Enero 19, 2008 @ 10:37 pm