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(esa transcripción de la mañana de Ayer)

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Quemarse las alas. Me quemaré las alas. Eso es lo que comienzo a pensar cuando salgo de casa. Pero eso ocurre porque Él está despertando en mí unos Anhelos que hace tiempo creí dormidos. Aunque no lo estaban demasiado. Porque con Luis también afloraron de alguna manera. Pero..

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Hasta el médico llego bastante enfadada. Mi estado de ánimo para con él es negativo. Estoy predispuesta contra él. Así que trato de calmarme. Se lo he comentado a Su el otro día y también a Coga, que no estoy dispuesta a soportar más injerencias suyas en mi vida privada.

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Tengo muchos pensamientos contradictorios estos días. Ahora el doctor M. ha abierto la puerta. Y la ha dejado abierta. No llama a nadie. Somos varios pacientes en su sala. Por fin lo hace. Un matrimonio entra. La puerta vuelve a abrirse. El doctor R. sale con un papel en las manos. Me saluda. Vocaliza un ‘hola’ silencioso con los labios pero muy pronunciado, como a camara lenta. Algunas de estas personas están esperando para ver a la enfermera. Yo no me he quitado las gafas de sol. Hoy me duelen los ojos. Creo que ya es hora de que deseche estas lentillas. Desde que desapareció Lais, mi jardín, ya no tengo donde anotar mis cosas cotidianas para recordarlas. Soy un desastre para ese tipo de memoria..

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En realidad podría quitármelas, digo las gafas, pero hoy no me apetece hacerlo. Es una manera de mantener la distancia con él. No sé, quizá lo haga. Las gafas son verdes. Las compré el otro día en Mango. Cinco euros. Todo moda y nada de seguridad. Y he pensado en Laura, la hermana de Agnes. Vengo pensando mucho estos días en ella por la relación que Laura mantenía con aquel hombre siete u ocho años más joven que ella. Aunque ahora lo he hecho por las gafas de sol. Por el extraño significado que estas tenían entre las dos hermanas. Paul se puso muy contento cuando comenzó esa relación entre su cuñada y su amigo. Él antes de casarse con Agnes también había mantenido durante años una relación con una mujer madura y sabía perfectamente lo que una mujer de ese tipo nunca se atrevería a esperar.. Paul pensaba que una mujer así era un Presente. Y su dama incluso le había hecho un regalo maravilloso cuando él se casó con Agnes. Pero claro, Laura era diferente. Laura era muy impulsiva, dramática, y hasta podríamos decir que esquizoide. Quizás demasiado parecida a mí. Y si el profesor Avenarius me esbozara en unas líneas, mi caricatura sería un dibujo muy similar al de Laura.

La-inmortalidad

-M. KUNDERA -

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Y ahí me quedé porque el doctor M. pronunció mi nombre. Pasé a dentro y me senté. Le sentí bajo.

- Tú nunca pierdes el tiempo, ¿eh? -dijo

- Yo nunca -le aseguré.

- Entonces, ¿qué me cuentas?

- Myolastán -dije yo sin más preámbulos delimitando así perfectamente mi interés.

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(Ahora en la televisión Radio Futura: ‘Corazón de Tiza’, que me encanta. Es que he entrado en un bar de los que hay más arriba del Centro de Salud, a tomarme un café y me acuerdo de mí entre sonrisas, con 15 años y dibujando aquellos 25 corazones de tiza mientras piraba la clase de inglés, en el aula de al lado y entró el Juanjo, y qué vergüenza, mi nombre estaba dentro del último corazón junto con el suyo. El Juanjo además de ser mi profe de inglés era el jefe de estudios del instituto. ‘Pero Menéndez..’ Es que encima no se me había ocurrido otra cosa que recalcarlos con el borde de la tiza para darles grosor, haciendo ese ruido desquiciante que pone de los nervios a cualquiera. ‘Encima de que te fumas mi clase tienes el descaro de además de estar tu perdiendo tu tiempo hacerme perder el mío..’ ¡Y qué risa! Pero sí, claro, ahora, porque yo siempre he perdido mucho el tiempo pero siempre como me ha dado la gana)

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-Ah! Entonces vienes a por medicinas

- Sí, claro. Y Neobrufen.

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Entonces le conté lo de la última contractura. Y le comenté lo trabada que me quedé. Y giros sorprendentes en la conversación. Porque al encontrarse tan bajo de ánimo, no se sintió particularmente inclinado a servirse de esa táctica que siempre usa para intentar que le hable más de mí. Conocerme mejor -como dice él. Yo le hablé de Valporquero. Le recomendé el curso de aguas. Y él me dijo: Pero no te das cuenta de que yo ya tengo más de cincuenta años. Y entonces aproveché y le comenté lo de mis intenciones de trabajar con niños maltratados. Le pregunté a él si conocía algún lugar al que pudiera dirigirme. Y me dijo que en principio no pero lo consultaría con la asistenta social y tomó nota de ello. Dijo que se pondría en contacto conmigo. Es que tengo prácticamente decidido que quiero que ese sea mi universo laboral. Sé que si me introduzco en ese campo y doy con las personas apropiadas no es impensable que acabe por presentar algún proyecto que pueda recibir incluso una subvención y que termine por hacer rentable inclusive el campo de mi conciencia social. Aunque no cuento con ello. Y tampoco es eso lo que me motiva pero a Coga tengo que vendérselo así.

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Y ahora voy a hacerle una llamada perdida a Coga para que venga a recogerme. Hemos quedado para ir a hacer juntos la compra del mes, por fin; aunque eso de juntos es un decir. Desde luego volver a escribir sobre el papel ha sido una ganancia y en gran parte se lo debo a N. porque fue en su bar donde comencé a hacerlo, aquel primer día que nuestros caminos se cruzaron de mano de las casualidades. Suena ‘Dulce Locura’, de la Oreja y su letra..

Son las once menos diez.

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Y ahora las doce y veinte. ¿Por dónde iba? He vuelto a saltar del coche de Coga aprovechando la detención obligatoria en un semáforo. Como el otro día, cuando me fui a Gijón a ver a Su. Eso fue gracioso, porque es cierto como dice la Caye de Princesas (la peli de León de Aranoa) que hay un día que es la hostia. Y bueno, que me he venido aquí, a esta plazuela de los barriles, bajo el toldo. Y la camarera rubia me ha puesto un agua fría. Sé que después de lo de la otra noche.. Ella volverá a tardar en acercarse a mí pero eso me gusta. También me está gustando mucho, aunque no acabo de detectar con precisión el motivo de que sea así. Y antes de abandonar el Valsar fui al baño. Y mientras deponía. ¡Joder! Qué fina me quiero poner hoy. Y me acuerdo de Alma, de lo soez que me parecía aquel refrán suyo: ‘Caga el rey, caga el Papa, y sin cagar nadie pasa’. Y de como yo quería cerrarle la boca y de cómo nunca lo conseguía, y que por eso me tapaba los oídos para no escucharla. Tuve demasiados complejos. O me los inculcaron. Creo que no recibí una educación muy natural por algún motivo. Vale, sí, hay asuntos que son privados pero no deberían enseñarnos a avergonzarnos por ellos. Pues eso, que mientras estaba sentada sobre la taza, y que ya es raro, ya, que yo haga eso con facilidad fuera de casa, le envié un mensaje a N. Es que recordé algo. Recordé que mi único sueño de siempre, el único que yo recuerde haber tenido en relación a eso.. Y yo flipo con lo que acaba de ocurrir. Un niño muy pequeño se acerca a mi mesa llevándose las manos a la cabeza preocupado. ¿Dónde está Vanesa? -me preguntaba. Es que parecía no estar con nadie y yo no sabía si la tal Vanesa era una niña, una madre, un médico o una jirafa, como una vez me dijo una pequeña que se llamaba Sara a mí. Y lo más terrible es que a nadie pareciese preocuparle que ese pequeño pudiera cruzar por delante de ese coche como estuvo a punto de hacer. Le grité para que se detuviera. Y en esos momentos juro que agredecí mi voz de mando. Y en fin, que Vanesa era su cuidadora y él se llamaba Pablo. Pero Vanesa estaba muy ocupada tomándose el café con sus amigas en la terraza donde suele sentarse Máximo. Pues bien, que el único sueño que yo recuerde haber tenido en relación al trabajo ha sido siempre el mismo. Regentar una librería propia y hacerlo en Gijón. Como le decía a N. el otro día, Gijón es la ciudad que me gustaría que fuera Mi Ciudad. Y regentarla porque no sirvo para trabajar a las ordenes de nadie. Eso seguro. Para colaborar sí pero para besar culos no. Y hace tiempo que descubrí que las relaciones donde existe una jerarquía se basan en eso. Y lo de mi médico era decadente. Así que le pregunté por cómo le iba todo. En realidad refiriéndome a eso que él había mencionado el primer día, cuando nos ”conocimos” en su consulta. Y él me dijo que mal, que peor, que la crisis era larga, que iba para largo, y que ayer, además, los dos habían tenido una discrepancia muy grave. Entonces fui yo la que pasó a adoptar inmediatamente el rol de terapeuta. Y en ese momento me quité las gafas de sol y me dispuse a escucharle con atención. Pero también interviniendo con seriedad en la conversación. Aunque casi a continuación y para evitar que sucediera lo de la primera vez… le plantee que ese, tal vez no fuese el momento ni el lugar apropiado para ponernos a darle vueltas a algo así. Y que sí lo deseaba, que habláramos de ello, seguramente podría localizarme cualquier tarde en este parque, escribiendo pero que para estar más seguro, si acaso, podía utilizar mi teléfono o si no, dejarme un mensaje en el contestador. Y eso fue todo. Luego en el Centro Comercial vi a alguien que hacía años que no veía. Ni siquiera la reconocí o me costó. Lucía, una de las niñas que pasaron por el cursillo. Sólo que ésta ya había acabado la carrera de enfermería. Y esa era su primera promoción, una de tintes de pelo, de una marca poco conocida, y que desde luego a mí no iba a venderme porque yo hace siglos que no me tiño; aunque cuando era joven, al rededor de los 20 años… me gustaba pintarme la cabeza de rojo oscuro, pero con barro de henna. Es que adoraba su olor.

henna

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Y quería relatar lo que sucedió ese día en Gijón, porque aunque ahora yo haya perdido esa magia.. a veces también me gusta recuperar la magia perdida, y aunque sea así, a toro pasado. El caso fue que Coga y yo habíamos quedado, como hoy, para hacer lo mismo. Pero a última hora de la noche mientras Oscar y yo estábamos aquí, me puse de acuerdo con Su. Y nos veríamos donde siempre, en esa misma puerta donde yo cogí el taxi para Cefontes aquel día. Es que ella vive cerca y nos acostumbramos a quedar ahí, cuando tuvo aquel problema en la rodilla que duró tantos meses.

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Ahora Ella dice detrás de mí, que son cuatro hermanos. El primero C. Después va Ella. Luego entendí que el que se casa mañana y por último S., la pequeña.

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Y qué susto acabo de llevarme. Es como si la gente no fuera consciente del peligro. Una señora pasea una silla con un niño. Y lo hace por una superficie resbaladiza y empinada. Entonces al niño que la ocupa se le escapa un globo azul en forma de flor. Y la brisa lo arrastra hacia arriba, por la pequeña pendiente. La mujer trata de agarrarlo y .. y yo ahora me distraigo con Elena, que tendrá unos tres años y que cuando su madre trata de sacarle una foto con su globo, también de colores vivos, amarillo y fucsia.. se pone a dar vueltas alrededor de uno de los pilares del horreo y ni caso que le hace.. Pero aquella mujer, para atrapar el globo azul, suelta la silla un instante, y ésta empieza a deslizarse hacia atrás, ahí me he sobresaltado y mi cuerpo ha reaccionado levantándose tenso, dispuesto a detener el movimiento mientras una furgoneta se dirigía hacia él. No ha sido nada y la señora la ha agarrado a tiempo pero… y estallidos de globos a mis espaldas. Creo que ya es hora de que me levante de aquí pero.. tengo tan pocas ganas de verle el careto a Coga.

2 Responses to “- y estallidos de globos a mis espaldas -”

  1. lasalamandra Says:

    Nº 39 de JULIO

  2. INVERSaMENTE Says:

    [...] 52. – y estallidos de globos a mis espaldas – [...]

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