- La Estrella de Degas -
Abril 29, 2007
Yo te veo a ti. Solo te veo a ti sonriéndome y de pronto… veo un niño en el estudio de una biblioteca de colegio. El maestro los lleva allí. A él y a sus compañeros. Y él mira con ansia por la ventana hacia la cancha donde esos otros adolescentes juegan al fútbol, porque es su hora de la gimnasia. El niño se muere por estar disputando ese partido pero tiene que estar allí con el maestro y los compañeros
El maestro siempre lee el periódico. No se da cuenta ni de nada más o eso parece. Entonces cuando todos los niños, los otros niños, ya tienen sus libros, van hacia la biblioteca y cogen el que les pertenece. Libros que son todos rojos, forrados en un géltex rojo. Libros como árboles de Guernika, emblemáticos. ‘Don Quijote de la Mancha’, ‘Las aventuras de Zacalaín el aventurero’, ‘Cinco semanas en globo’, ‘Viaje a la luna’… ‘Oh! ‘El cantar de mío Cid’, ¿qué niño cogería eso? Pero él es lo que coge. Y se imagina las bellezas de Doña Elvira y Doña Sol aunque sólo un rato, es una distracción. Él por lo que se muere ahora es por volver a aquel estante, por asegurarse un motivo. Tan intenso e inquisitivo me lo imagino. Una primera vez observó a otro maestro. Este maestro nunca lee el periódico. Este maestro se dirige siempre hacia el mismo libro que se encuentra en una sección bastante alejada de la que ocupan los anaqueles con los libros forrados en géltex rojo. Lo trata con cuidado. Con suma delicadeza. El niño observaría prácticamente cariño en esa toma de contacto; porque el maestro acaricia el libro en la misma forma en que él lo hace con los conejos y los otros animalillos de la granja. Los caballos son sus favoritos. Y es un libro de ilustraciones de la pintura francesa. Sus tapas son nacaradas. Como si fueran las del álbum de fotos familiar. Uno costosísimo al que su madre siempre se ha sentido muy apegada. Aunque al niño lo que más ha disfrutado de ese tesoro es la especial predispoción que experimentaba la madre por la ternura cuando él era más pequeño y ella le reclamaba para contarle todas las anécdotas familiares que se guardaban en él. Entonces ese maestro que es más viejo, pero también mas afable, le va dando confianza al niño. La confianza nace de la observación de tantos días del niño por el maestro. Se pregunta qué es lo que mirara el maestro de aquella manera. Siempre con sus puños fuertemente entrelazados a ese lugar donde supuestamente nos late un corazón. Y un día el niño en busca de otro de esos libros forrados en ese uniforme geltex rojo… se atreve a pasar por detrás del maestro y es así como la conoce. Él amor primero por ‘La Estrella’ del cuadro de Degas va a ser un amor hereditario. El primer paso del niño es veloz. Tiene miedo que el otro levante los ojos del periódico. Para ese hombre que lee el periódico él es algo enamarañadamente admirado. El maestro se ha dado cuenta de la inteligencia de especular escalpelo de su alumno. Para el maestro el niño es un dios, es perfecto. Y al niño le gusta ser ejemplar para el maestro. Entonces piensa que el maestro no comprendería ese desliz suyo. Hay toda una historia que se cuenta sobre el hombre afable. El maestro enamorado de la bailarina de Degas dicen que está loco.

Y esa es la atraccion que atrapa al niño. Si el maestro orgulloso descubre el incipiente interés por lo que mira la locura, la sinrazón… El hombre afable es un viejo profesor de filosofía. Ama Kierkegard, ama a Platón, ama a Spinoza. Todos le respetan por esos amores y sin embargo rinde sus sueños ante la poética de una bailarina de ficción. Una mujer inexistente en una lámina que pintó Degas. A eso le llaman locura los otros. Pero el niño en ese primer paso ve algo sublime. El éxtasis en ese cuerpo que sonríe mísiticamente entregado. El niño no ve un escenario ni un palco en esa danza. Sólo ve lo que el maestro experimenta. Una bailarina a la sombra de la cornisa de una playa. En un segmento de arena. No se sabe quién se siente más alborozado. Si el suelo… o la bailarina por el alborozo del suelo que es lo que captan y transmiten sus preciosos pies y aún más allá la aptitud de consumada entrega de sus brazos. El niño tiene que enamorarse así de ella. De toda una historia. Se muere por conocer a esa joven radiante. La historia de esa mujer. ¿Quienes son esos que se ocultan en las rocas? El hombre del traje oscuro podría ser perfectamente su profesor. Esta claro que la mirada del viejo maestro se dispersa en la lámina más al fondo, como si tal vez intentara reconocerse a si mismo. Descubrirse en ese imposible del rostro que se oculta. Su deseo de la bailarina tenía que ser infinito y sin embargo el olvido lo ha sumergido en su memoria y no lo recuerda. Solo que en el cuadro hay algo que le subyuga y es el mismo. Y esa sensación que se traduce en pesar. Su necesidad de saber si esa hermosa joven le perteneció. Dicen que ella era la protegida del hombre que se oculta en el cuadro; porque en su atuendo luce el lazo oscuro del mismo color del traje de su amante y lo hace como si fuera un yugo afortunado.
La caja, sin embargo. La caja de música de la bailarina. No llegará así a él. La bailarina de Degas fue su primer amor, sin duda. La bailarina de la caja de música va a ser el segundo y el más definitivo. Otro tipo de amor hereditario.















Abril 29, 2007 at 10:00 pm
REC28 DE LA TARDE DEL MARTES 17 DE ABRIL.
Santi me dijo el otro día que el amor te hace volar, que sólo el amor te hace volar, que los vikingos creían que el miedo les daba alas. No sé de que cuento o de qué película se habrá sacado eso de la manga pero si es cierto que el amor te hace volar. Yo llevo unos ratos volando a tu historia con la bailarina. Kasandra me ha dado permiso para hablarte como quiera. Sin tener que ponerle adjetivos bonitos a las cosas. Con todos los silencios y las pausas que yo requiera. Kasandra dice que puede verlo cuando me escucha, que puedo adjetivarlo. Yo te veo a ti. Solo te veo a ti sonriéndome y de pronto… veo un niño en el estudio de una biblioteca de colegio. El maestro los lleva allí y el mira con ansia por la ventana hacia la cancha donde los otros niños juegan al fútbol Se muere por estar echando ese partido pero tiene que estar allí con el maestro y los otros niños. El maestro siempre lee el periodico. No se da cuenta ni de nada más. Entonces cuando todos los niños, los otros niños, ya tienen sus libros, van hacia la biblioteca y cogen el que les pertenece. Libros que son todos rojos, forrados en un geltex rojo. Libros como árboles de Guernika, emblemáticos. Don Quijote de la Mancha, las aventuras de Zacalaín el aventurero, Cinco Semanas en globo, viaje a la luna… ‘Oh! El cantar de mio Cid, qué niño cogería eso. Pero él es lo que coge. Y se imagina las bellezas de Doña Elvira y Doña Sol pero sólo un rato, es una distracción. Él por lo que se muere es por volver a aquel estante. Una vez vio a otro maestro. Este maestro nunca lee el periódico. Este maestro se dirige siempre hacia el mismo libro. Lo trata con cuidado. Y es un libro de ilustraciones de la pintura francesa. Sus tapas son nacaradas. Como si fueran las de un álbum de fotos. Entonces ese maestro que es más viejo, tambièn mas afable, le va dando confianza al niño. Se pregunta que es lo que mirara el maestro de aquella manera. Siempre con sus puños entrelazados al corazón. Y un día el niño en busca de otro de esos libros… se atreve a pasar por detrás del maestro y es así como la conoce. Él amor primero por la estrella del cuadro de Degas. Va a ser un amor hereditario. El primer paso del niño es rapido. Tiene miedo que el otro levante los ojos del periódico. Para ese hombre él es algo enamarañadamente admirado. El maestro se hado cuenta de la inteligencia del niño, de su destripar cada átomo de cada unidad de información. Para el maestro el niño es un dios es perfecto. Y al niño le gusta ser ejemplar. Para el maestro. Entonces piensa que el maestro no comprendería ese desliz suyo. Hay toda una historia que se cuenta sobre el hombre afable. El hombre enamorado de la estrella de Degas. Dicen que está loco.
REC29…………………… MISMA TARDE.
Esa es la atraccion que atrapa al niño. Si el maestro orgulloso. Descubre el incipiente interés por lo que mira la locura, la sinrazón, el hombre afable es un viejo profesor de filosofía. Ama Kierkegard, ama a Platón, ama a Spinoza. Todos le respetan por esos amores y sin embargo rinde sus sueños ante una bailarina. Una bailarina en una lámina que pintó Degas. A eso le llaman locura los otros. Pero el niño en ese primer paso. Ve algo sublime. El éxtasis en ese cuerpo que sonríe extasiadamente entregado…………… el niño no ve un escenario ni un palco. Solo ve lo que ve el maestro. Una bailarina a la sombra de la cornisa de una playa. En un segmento de arena. No se sabe quien se siente alborozado. Si el suelo… o la bailarina por el alborozo del suelo que es lo que siente en sus pies. El niño tiene que enamorarse así de ella, kasandra. De toda una historia. Se muere por conocer a esa mujer. La historia de esa mujer. Quienes son esos que se ocultan en las rocas. El hombre del traje negro podría ser su profesor. Es posible viajar en el tiempo? Esta claro que el maestro mira como si intentara reconocerse a si mismo. Descubrirse en ese rostro que se oculta. Su deseo de la bailarina. Tenía que ser infinito y sin embargo no lo recuerda. Solo que en el cuadro hay algo que le atrapa y es el mismo. Su necesidad de saber si esa bailarina le perteneció. Dicen que ella era su protegida porque en su atuendo lucía el lazo negro de su caballero. Y nada menos que en el cuello. Como si fuera… una ortega…. o un látigo. Es que afuera hay ruidos. Un gato metálico. De alguien que intenta arreglarlo :)?) que lleva tres días intentando arreglarlo. No entiendo como puede existir esa obsesio´n por un gato metálico. Yo lo hubiera mandao a la mierta en cinco minutos. Como mando todo lo que me da problemas. Joder, me está jodiendo la fantasía. ¡Ay! chasquido de lengua. Mala suerte. Bueno me masturbaré que así no oigo nada. Las sábanas huelen a rosas. Que rico el aroma de rosas incluso entre los golpes. Golpes estúpidos. Estúpidos completamente.
REC30………………. MISMA TARDE
La caja, sin embargo. La caja de la bailarina. No llego así a él. la bailarina de Degas fue su primer amor. La bailarina de la caja de música y va a ser el segundo y el más definitivo. Otro tipo de amor hereditario. Por el que se arriesgar. Por el que se llegó a arriesgar. Porque esa caja tiene una historia y es que un día… apareció por allí una mujer que iba a ser la invitada de sus padres. Con la caja. ¡Ay! No tengo ganas de currar más.
Abril 30, 2007 at 1:13 pm
Curioso el amor del profesor, mira que enamorarse de una bailarina, con lo fugaces que dicen que son.
Por cierto, me encantan los apuntes indiscrtetos, esos que nos dan cuenta del crecimiento de tus historias. Un beso guapa.
______________________________________
_____________________________________
Abril 30, 2007 at 9:48 pm
. y y0 me siento komo ese niñ0 kuand0 te mir0 a ti :)
___________________________________
_____________________________
Mayo 2, 2007 at 4:36 pm
Estos amores delirantes nos atraen sin remisión, será porque todos tenemos por ahí algún objeto de amor absurdo, o será que nos faltan ideales que amar en la vida. Besos.
_________________________________
______________________________
Mayo 3, 2007 at 7:49 pm
.precisamente p0r ser rara no lo eres para mi :)…
Julio 19, 2007 at 7:52 pm
[...] – La Estrella de Degas - [...]
Julio 19, 2007 at 7:55 pm
[...] – xvii – - La Estrella de Degas - [...]