Archivado en: .K.A.O.T.I.C.A.-∑-., Erotic & Art, Poético y Literario | Etiquetas: - La Mística Oscura -, Ariel Ruiz i Altaba, Baudelaire, Candela, Vino
“A mi queridísimo y veneradísmo maestro y amigo Théophile Gautier. Aunque te ruego que apadrines Las Flores del Mal, no creas que ande tan descarriado ni que sea tan indigno del título de poeta como para creer que estas flores enfermizas merecen tu noble patrocinio. Ya sé que en las etéreas regiones de la verdadera poesía no existe el mal y tampoco el bien, como sé que no es imposible que este mísero diccionario de la melancolía y del crimen justifique las reacciones de la moral, del mismo modo que el blasfemo viene a reafirmar la religión. Pero en la medida de mis posibilidades, y a falta de algo mejor, he querido rendir un profundo homenaje al autor de Albertus, La Comedia de la Muerte y de España, al poeta impecable, al mago de la lengua francesa, de quien me declaró con tanto orgullo como humildad, el más devoto, el más respetuoso y el más envidiado de los discípulos”.
CHARLES BAUDELAIRE
Usted y yo celebramos la muerte de los poetas. Sobre nuestros cuerpos bohemios. La muerte porque antes habían nacido y existido y los habíamos amado. Celebramos su muerte con pasión, con sentimiento, con valentía. Estábamos honrándoles. ¡Qué grande! -dijo usted. Siempre nos quedará la poesía. Y yo me limité a tomar nota. Del hecho casi caustico y terrible que adquiría ese matiz en su voz. Lo que antes había sido escrito. Pero tardé en demudarme. Antes ya le había contemplado a usted demudado. Y en esa fracción inconsciente del tiempo inmemorial vuelve a herirme con su cegadora luz el amor de la compasión: la muerte (de un poeta, de un bohemio) por mí y conmigo.
Por eso le escribiré versos lascivos desde la carne trémula y solitaria, compasiva, compadecida; como una indigente que sabe que hasta de la certeza de la propiedad de su alma ya ha sido despojada. Porque no tengo nada humano que perder. Ya lo he perdido. Es peligroso celebrar la muerte de los poetas sobre los cuerpos; honrándolos con vino ,que se bebe para el otro, en la boca del otro, en el pecho del otro. Para una mujer lo es. Ocurren milagros en esas circunstancias. Donde el aliento de lo sobrenatural te lo respiran al oído. Una llega a sentir cosas tan extrañas que cuando las recuerda hasta la escalofrían. Como haber sido madre sin jamás haberlo sido.
Pero yo adoro mis pecaminosas conductas: la blasfemia, el lamido. Dios dijo: Ayuntaros y procread los unos en los otros y hacedlo con gozo. Es decir, la creación como un impulso pro-vida. Expandiros, creced y multiplicaros. Hasta que el pecado de la carne no os apetezca. Entonces separaos antes de haceros daño, y no dijo otra cosa. Dios no dijo nada, no pudo haber dictado nada tan absurdo como parejas de animales, porque Dios no existe pero la Vida y sus circunstancias y las mías sí.
Así que si alguna vez hubo un plan de evacuación para lluvias interminables, el número bien podría haber sido trío, o cuatrío, o quinteto… ¿No se trataba de la supervivencia de nuestras Especies? Entonces para referirme a eso que hice… Forcé el paso del hecho. Fue algo simple: como desviar el curso de un arroyuelo o construir un dique en la boca de un condescendiente río cercano a un camping de playa; para que disfruten de una piscina natural los niños, tan propensos ellos siempre a querer disfrutar; y no como tantos adultos que una siente empeñados en sufrir o resignarse al mal tiempo y a los eternos temporales. Y encima, fingiendo que a uno eso le gusta o lo lleva con dignidad. ¡Que horror! Así que de lo que le hablaba, lo tergiversé inteligentemente. Algunos hombres adoráis la inteligencia femenina. Pero aún existen en mayor número aquellos que la temen. El día que una mujer piense como un hombre, calladamente se dicen… Pero yo me dije: Él lo preferiría. ¿O no es cierto que de pronto usted me encontró menos sospechosa? Esa fantasía de ser mujer y a la vez ser hombre y conocer por ello, eso que reduce las distancias insalvables. Así que no sé que hace usted en la vida ni cuánto piensa, aunque me lo imagino. Pero sé que es sublime cuando folla y que su huella es indeleble, y que por eso no me conviene volverme tan reduccionista.
Asi que todo lo que le digo… a usted ya se lo digo en poesía. El cardomomo, su esencia, intensa y dulce, impregna el aceite del amor y usted rezuma saliva de versos como un tronco rebosante de resinas. No le escribiría comisuras demoledoras en esos momentos. Le escribiría, entonces, la plegaria del vientre y del insomnio de la madre. Con usted he conocido la maternidad como los ángeles ancestrales conocen el cuidado de los niños. En los parques, en las olas. En ese espacio en que no miran y los padres se descuidan. ¿Y que sé yo de usted? Que le gusta su trabajo. Y Beethoven y Saramago y Louis Malle y también ese mayo.
Y soy mujer y soy madre. Soy madre cuando de repente te asilo en el hueco amoroso de mi abrazo y perdemos la noción de las distancias y te tuteo. Como un enfermo de inmortalidad te estas muriendo infinitamente. Y yo te aguardo en la memoria de ese instante. Como un pagano. Eres mi Cristo. Y tañes y tañes, con la estridencia de las cigarras y del verano. Porque mi limbo sólo lo contienen las nervadas hojas de cualquier planta y no pienso en ningún más allá que no sea el de la musicalidad fugaz de tus elitros.
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