La Bitácora de las Criaturas


- Adán y Eva – Gustav Klimt
Agosto 13, 2007, 1:21 pm
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- iv – ‘… Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti./ Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas./ Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden./ ¿Por qué? Te he visto a ti también, como las palomas, enardeciéndote cuando yo estoy tranquilo./ ¿Es que tu sangre y la mía se encienden a diferentes horas?…//’

- JAIME SABINES –

 

detalle de Adán y Eva por Gustav Klimt

(1917 – 1918)

Este gran panel, con un desnudo frontal de mujer y un hombre semioculto detrás de ella, representa un cambio magnífico e importante en la obra de Klimt. Se halló junto a la alegoría inacabada de ‘La novia’ (1917-1918), y se cree que Klimt podría estar planeando la creación de su estudio más definitivo sobre su tema preferido: las mujeres.

Se trata de un nuevo capítulo de la serie temática sobre el beso, que Klimt había ido elaborando a lo largo de su profusa carrera revolucionaria en un lenguaje altamente simbólico y muy personal.

En esta pintura vemos a un hombre con los ojos cerrados en el momento de su propio éxtasis y culminación, a diferencia de la mujer. Ella mira hacia el observador con amor, y con seducción ( pero yo voy a discrepar plenamente de lo que insinúa Laura Payne, lo siento… si eso es amor y no presunción… y no algo más terrible… que baje ”dios” y lo vea). No es una mujer fatal, sino una mujer nueva, independiente, la que hace sucumbir al hombre (en eso sí que podría estar de acuerdo, tal vez una Eva más Lilith), un cambio en el énfasis simbólico de Klimt.

Hacia los últimos años de vida el pintor fue apareciendo un nuevo mundo artístico. El cubismo y el arte abstracto estaban cambiando de raíz las percepciones estéticas y la obra de Klimt, radical en su día y que, habiendo contribuido a esa evolución, se veía a su vez influida por esos cambios.

La muerte del pintor supuso una pérdida trágica en ese momento de la lucha. Filósofo y poeta, se vio a si mismo como caballero del arte, pero para sus amigos siempre fue ‘Köning’, el rey. Por desgracia, el rey había muerto.

Adán y Eva Gustav Klimt

Österreichische Galerie Belvedere, Viena

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El 11 de enero de 1918 Gustav Klimt sufrió un ataque de apoplejía que le llevó al hospital, donde falleció el 6 de febrero. En su estudio quedaron algunas obras sin finalizar, entre ellas Adán y Eva en la que, evidentemente, la figura femenina adquiere mayor protagonismo. Eva aparece en primer plano, representada como una joven vienesa de líneas redondeadas y sensuales, retomando el tema de la “femme fatale” que tantas veces Klimt había utilizado en sus composiciones -véase Judith I-. Tras ella contemplamos a Adán, con los ojos cerrados y la cabeza torcida, asumiendo el triunfo de la mujer de líneas sinuosas. Incluso podemos apreciar una diferencia cromática entre ambas figuras ya que Eva tiene una piel más clara, diferencia que Klimt tomó de las cerámicas antiguas.En la zona baja de composición nos encontramos con un ramo de flores…

E-vasiva


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I

Estábamos en el paraíso. En el paraíso no ocurre nunca nada. No nos conocíamos. Eva, levántate.
Tengo amor, sueño, hambre. ¿Amaneció?
Es de día, pero aún hay estrellas. El sol viene de lejos hacia nosotros y empiezan a galopar los árboles. Escucha.
Yo quiero morder tu quijada. Ven. Estoy desnuda, macerada, y huelo a ti.
Adán fue hacia ella y la tomó. Y parecía que los dos se habían metido en un río muy ancho, y que jugaban con el agua hasta el cuello, y reían, mientras pequeños peces equivocados les mordían las piernas.


II

-¿Has visto cómo crecen las plantas? Al lugar en que cae la semilla acude el agua: es el agua la que germina, sube al sol. Por el tronco, por las ramas, el agua asciende al aire, como cuando te quedas viendo el cielo deL mediodía y tus ¿Ojos empiezan a evaporarse. Las plantas crecen de un día a otro. Es la tierra la que crece; se hace blanda, verde, flexible. El terrón enmohecido, la costra de los vicios árboles, se desprende, regresa. ¿Lo has visto? Las plantas caminan en el tiempo, no de un lugar a otro: de una hora a otra hora. Esto puedes sentirlo cuando te extiendes sobre la tierra, boca arriba, y tu pelo penetra como un manojo de raíces, y toda tú eres un tronco caído. -Yo quiero sembrar una semilla en el río, a ver si crece un árbol flotante para treparme a jugar. En su follaje se enredarían los peces, y sería un árbol de agua que iría a todas partes sin caerse nunca.


III

La noche que fue ayer fue de la magia. En la noche hay tambores, y los animales duermen con el olfato abierto como un ojo. No hay nadie en el, aire. Las hojas y las plumas se reúnen en las ramas, en el suelo, y alguien las mueve a veces, y callan. Trapos negros, voces negras, espesos y negros silencios, flotan, se arrastran, y la tierra se pone su rostro negro y hace gestos a las estrellas. Cuando pasa el miedo junto a ellos, los corazones golpean fuerte, fuerte, y los ojos advierten que las cosas se mueven eternamente en su mismo lugar. Nadie puede dar un paso en la noche. El que entra con los ojos abiertos en la espesura de la noche, se pierde, es asaltado por la sombra, y nunca se sabrá nada de él, como de aquellos que el mar ha recogido. -Eva, le dijo Adán, despacio, no nos separemos.


IV

Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti. Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas. Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden. ¿Por qué? Te he visto a ti también, como las palomas, enardeciéndote cuando yo estoy tranquilo. ¿Es que tu sangre y la mía se encienden a diferentes horas?

Ahora que estás dormida debías responderme. Tu respiración es tranquila y tienes el rostro desatado y los labios abiertos. Podrías decirlo todo sin aflicción, sin risas.

¿Es que somos distintos? ¿No te hicieron, pues, de mi costado, no me dueles?

Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto, sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande, de algún modo.

Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día.

Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca.

¿Por qué nos separaron? Me haces falta para andar, para ver, como un tercer ojo, como otro pie que sólo yo sé que tuve.

- JAIME SABINES -

comentario por evasiva

[...] ‘Adán y Eva’ (1917 – 1918) [...]

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