Archivado en: Pinturas, Poético y Literario | Etiquetas: Candela, Chateaubriand, Delaunay, Escriba sentado, i, Rousseau, Sabina, serpientes
‘La charmeuse de serpents’, 1907 (Musée d’Orsay)
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Henri Rousseau, ‘el aduanero’, no tuvo que viajar a la selvas tropicales, para poder primero imaginarlas y después plasmarlas. Pero estoy segura de que en sus mundos oníricos soñaba con ellas y las vaticinaba… el dolor de las junglas profanadas, por el expolio de sus maderas. Aunque inspirándose en la flora de los jardínes botánicos de París, su exotismo y exuberancia hace pensar en esos viajes…. De todas las obras de Rosseau, ésta es la que en más ocasiones he invocado en mis fantasías. Incluso más que la de ‘El Sueño’ (Le Reve, 1910)
Estamos en mi playa.
Tú y yo.
Y es de noche.
Sé que estás en alguna parte.
Sé que me observas y sé que te gusto.
Soy absolutamente oscura. Y sé tocar una canción.
Todos los animales del bosque lo saben.
Saben quién soy.
Y estoy tocando esa canción.
La tocaré para ti con mi oboe de brisas y suspiros
La tocaré como parte de un ritual.
Una vez me saqué de la biblioteca un libro con su biografía. Buscaba precisamente esa información. Ese relato que pudo haberle contado la madre de Delaunay… pero lo único que encontré fue que si Rosseau pintó a ‘La encantadora de Serpientes’, lo hizo por encargo y precisamente para ella
- Robert Delaunay –
Otro día, anterior, lo vi encadenado a unos versos del Chateaubriand de Saint-Malo. Los perdí. Detestablemente. Nada tenían que ver con la adivinación por las vísceras. La serpiente no es médico, es medicina. Así debe ser comprendido el caduceo…
El otro día, cuando nos cruzamos, sonaron las campanas.
Huía. Con un gajo de tu corazón en mi mano.
Tienes un corazón que es de vino.
Que apetece lamer. Mi vino
Tú, que tienes ojos vidriosos, como el escriba sentado.
Con tus conciertos de güisqui a solas y tus emblemáticos crucigramas.
‘… Siempre que la muerte viene tras mi pista me escapo por pies,
Hay que estar al loro si eres trapecista y saltas sin red…’
- Joaquín Sabina -
‘Tanto esa campana, agitada por los fantasmas en la antigua capilla de la selva, como la que para alejar la tempestad hecha a vuelo en nuestros campos un religioso temor, y la que por la noche se tañe en algunos puertos de mar para dirigir al piloto a través de los escollos, tienen en sus confusos rumores sus encantos y maravillas.’
– René de Chateaubriand -
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