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Los autores del románico extendido hasta Santa María das Areas de Finisterre sirvieron de difusores de unas ideas para que el pueblo iletrado leyese en el perdurable granito. Unas ideas nuevas, pero también muy antiguas y comprendidas por muchos contemporáneos. Y el camino al Mar de los Muertos se fue convirtiendo en el camino de sus muertos, de los maestros instalados con sus talleres, que quedaron en los pueblos francos, el de los eremitas y santones que buscaron la cercanía al paraíso.
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En los ritos secretos de iniciación de gremios medievales, en las ceremonias templarias, se citaba la existencia de hombres sobrenaturalmente investidos, maestros de obras que recibían la autoridad de un santo fundador que asimismo había sido en comendado por los Grandes Maestros Desconocidos, que arribaron a las costas en tiempos inmemoriales, intermediarios entre la divinidad y los hombres. Y lo dice Albiorix:
‘Donde acaba la tierra, acaba el camino, entre las aguas sombrías del Más Allá ignorado, allí están las marcas de los Antiguos Padres’
Hay autores como Rafael Alarcón o Mariano Fernández Urresti, que afirman que el Camino de Santiago es el camino de la oca, la vía espiral del conocido juego, creado por los compañeros constructores, que desemboca en el paraíso occidental de los indoeuropeos, los celtas, los suevos, los romanos o los pueblos del Mediterráneo, cuna de nuestra cultura. Un viaje espiral de creadores, como espiral es la Vía Láctea reflejada en el cielo, el camino estelar, que lleva al Más Allá, al occidente. El fin de la tierra y el principio del cielo, los paraísos del más allá del mar. El fin de la tierra y principio del cielo, los paraísos del más allá del mar. Esa espiral grabada en numerosos templos del Camino, en el románico de Finisterre, en los petroglifos gallegos y bretones.
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Más allá del mar estaban las almas de los bienaventurados para los celtas y otros muchos pueblos. La tumba de Osiris, muerto y renovado. En el Alén de la mitología popular gallega.
El juego iniciático de la Oca, como las cartas del tarot, avisa con su compendio de imágenes, sobre ritos y mensajes conocidos por los iniciados. Un juego que llegó al Finisterre al mismo tiempo que a España.
(…)
Los tableros de juego, como laberintos, no son ningún mapa del tesoro, sino una imagen del mundo para el simbolismo universal, un orden del caos, una búsqueda del centro de poder, del centro simbólico partiendo del Sol. Búsqueda interior, victoria sobre el espacio y el tiempo, encuentro con la Madre Tierra. Es la idea que transmiten, muy acorde con el Camino de las Estrellas. (Pág. 46)
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*Enlazado en: – El Camino de Santiago -
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FRAGMENTO CORRESPONDIENTE AL JUEGO DE LA OCA EN IACOBUS DE MATILDE ASENSI…
El viejo sacó de su escarcela una pequeña talega y un lienzo cuadrado que desplegó cuidadosamente sobre la mesa. Jonás se incorporó a medias y echó una mirada rápida con los ojos entornados. El lienzo llevaba dibujada una vuelta en espiral dividida en sesenta y tres casillas adornadas con bellos emblemas, algunos fijos y otros variables. Nadie desató cuidadosamente los cordones de la taleguilla y sacó un par de dados de hueso y varios tacos de madera pintados de diferentes colores.
-¿Cuál prefieres? -preguntó a Jonás.
-El verde.
-¿Y vos, mi señor don Galcerán?
-El azul, sin duda -dije sonriendo y sentándome más cómodamente para ver bien el casillero. Jonás hizo lo mismo. Siempre me han gustado mucho los juegos de tablas y, afortunadamente para mí, el Hospital de San Juan de Jerusalén (al contrario que la mayoría de las Órdenes) los permite e incluso los alienta. En mi juventud, el ajedrez fue una de mis grandes pasiones, y durante mis estudios en Siria y Damasco me gustaba mucho intervenir en largas partidas de Escalera Real de Ur o de Damas. Aquel pasatiempo que Nadie nos proponía no lo había visto hasta entonces, y era raro porque los conocía casi todos (al menos, todos los que se jugaban en Oriente).
-Yo me quedaré con el taco rojo -anunció él-. Bien, este juego es uno de los favoritos de los peregrinos a Compostela. Se llama La Oca y consiste en lanzar los dados y avanzar tantas casillas como puntos se obtengan. Gana el que llegue primero a la última casilla.
-¿Y ya está? -preguntó despectivamente Jonás, echándose para atrás.
-No es tan sencillo como parece, joven García. En este juego aparecen muchos factores que lo vuelven apasionante. Ganar no es lo que importa. Lo que cuenta es la perseverancia y llegar hasta el final. Ya lo veras. Nadie puso nuestras tres fichas junto a la primera celda del trapo, la número uno, y tiró sus dados. Pensé que, como en todo juego de tablas en el que figura un recorrido, La Oca debía contener en su más secreto interior algún antiguo significado iniciático. Esta magnífica ave ha sido, desde la antigüedad más remota y olvidada, una deidad de carácter benéfico que acompañaba a las almas en su viaje al más allá. Fue precisamente una bandada de ocas la que avisó a los ciudadanos de Roma de la llegada de los bárbaros, salvando la ciudad. Los egipcios, por ejemplo, tenían una expresión muy concreta, «de oca a oca», para expresar el tránsito inverso de la reencarnación desde la muerte al nacimiento, pues es esta ave la que transporta el alma de un punto a otro. La voluntad firme de llegar hasta el final del juego de la que hablaba Nadie debía ser, sin duda, una metáfora de la tenacidad necesaria para recorrer el largo y difícil viaje interior que lleva a la iniciación, que el tablero intentaba representar figuradamente. Me fijé que, cada nueve casillas (las numeradas como 9, 18, 27, 36, 45, 54 y 63), aparecía una de esas palmípedas sagradas cuya pata era el símbolo de los maestros iniciados; en las casillas 6 y 12 aparecían puentes; en la 26 y en la 53, un par de dados; en la 31, un pozo; en la 42, un laberinto; y en la 58, la muerte.
La tirada de Nadie dio un resultado de 7, la de Jonás un 3 y la mía un 12, así que me tocó empezar a mi. Los dados me dieron cinco puntos.
-Como en vuestra primera tirada habéis sacado un cinco -explicó Nadie muy sonriente-, debéis avanzar directamente hasta la casilla número 53 y volver a tirar.
-¡Menuda tontería! -bufó Jonás.
-Son las reglas del juego, muchacho -le espetó Nadie con cara seria-. También en la vida real hay golpes de suerte.
Recogí los dados y tiré de nuevo: seis y cuatro, en total diez puntos. ¡Había llegado directamente a la última casilla con sólo dos tiradas!
-¡No vale! Yo todavía no he podido jugar -protestó el muchacho, mirando incrédulo mi ficha en el centro.
-Ya te he dicho -le explicó pacientemente Nadie- que son las reglas del juego. Si tu padre ha llegado al final con tanta suerte, por algo será. No existen las casualidades. Vos, don Galcerán, ya habéis alcanzado la meta, habéis recorrido el camino de la manera más rápida posible. Meditad sobre ello. Ahora me toca a mí.
Agitó los dados entre ambas manos y los lanzó sobre la mesa. Las piezas de hueso apuntaron un seis y un uno, o sea, un total de siete.
-¿Os habéis fijado que los dados, en sus puntuaciones opuestas, siempre suman siete, el número mágico? -preguntó mientras movía su taco de madera y lo colocaba sobre la figura de un pescador.
-Ahora me toca a mí… -dijo Jonás alcanzando los dados.
Al muchacho los dados le dieron un tres y un cuatro.
-¡Siete también! -exclamó situando su taco junto al de Nadie.
-De eso nada, García -dijo éste retirando la madera verde-. Si un jugador, en su primera tirada, repite el número de otro anterior, se queda en la casilla número 1. Así que, al principio.
-¡Este juego es estúpido! ¡No quiero seguir!
-Si has empezado, debes terminar. Nunca hay que abandonar una partida a medias, como tampoco una tarea o un deber.
El viejo volvió a agitar los dados y a lanzarlos sobre el lienzo. Cuatro y seis, diez. Como mi última tirada. Luego le tocó el turno a Jonás: dos y uno, tres. Luego Nadie llegó en su tercera tirada, a la casilla número 27, en la que había una oca:
-¡De oca a oca y tiro porque me toca! -gritó alborozado llevando su taco hasta la casilla número 36 y agitando nuevamente los cubitos de hueso. Sacó un seis en total. Su madera roja avanzó rápida como el rayo hasta la casilla 42, en la que, sin embargo, un laberinto le detuvo en seco:
-Ahora estaré un turno sin jugar y luego tendré que retroceder hasta la casilla 30.
-¿Qué habéis dicho antes? -pregunté impresionado.
-Que estaré un turno sin jugar.
-¡No, antes! • -«De oca a oca y tiro porque me toca.» ¿Os referíais a eso?
-¿«De oca a oca»…? -Esbocé una sonrisa-. ¿Conocéis el origen de esa expresión y su significado? -
-Por lo que sé -farfulló de mal humor-, sólo es una frase del juego, pero vos parecéis saber algo más.
-No, no -desmentí-, sólo me han hecho gracia los versos.
La partida continuó todavía un rato más entre ellos dos. Yo miraba el desarrollo con gran interés, porque lo cierto era que aquel juego no daba respiro a quien debía culminarlo por la vía lenta: cuando Jonás «cayó» en la Posada, estuvo dos tandas sin jugar, en el Pozo tuvo que esperar a que Nadie «cayera» también dentro para poder salir de allí y, finalmente, los dados le hicieron «perderse» en el Laberinto, mientras Nadie conseguía una buena racha y se precipitaba «de oca a oca» hasta el final.
-Bueno, pues si el juego ya se ha terminado -apostilló Jonás levantándose-, vámonos. A este paso no arribaremos nunca a Logroño.
-El juego no se ha terminado, joven García. Tú todavía no has llegado al Paraíso.
-¿Qué Paraíso?
-¿Acaso no ves que la última casilla, la grande del centro, tiene dibujados los jardines del Edén? Mira las fuentes y los lagos, los prados verdes y el sol.
-¿Debo terminar yo solo, sin competir con otros jugadores? -inquirió sorprendido-. ¡Qué juego más extraño!
-El objetivo del juego es llegar el primero a la última casilla, pero el hecho de que alguien llegue antes que tú no significa que tú ya hayas terminado. Tienes que hacer tu propio camino, enfrentarte a las dificultades y superarlas antes de alcanzar el Paraíso.
-¿Y si caigo en esta casilla, la de la calavera? -dijo señalándola con el dedo.
-La casilla 58 es la muerte, pero en el juego (como fuera de él, debo añadir) la muerte no es el final. Si caes en ella simplemente retrocedes a la número 1 y vuelves a empezar.
-Vale, jugaré…, pero otro día. Ahora de verdad que quiero partir.
Había tal sinceridad y cansancio en su voz que Nadie recogió los bártulos y salimos hacia los establos sin mediar palabra.
comentario por candelaarias Junio 26, 2008 @ 3:36 pmFRAMENTO DE PEREGRINATIO DE MATILDE ASENSI
comentario por candelaarias Junio 27, 2008 @ 5:50 pm