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Esta noche tuve una pesadilla. Últimamente he tenido otros sueños extraños. Otra vez habitaciones que descubro y que desconozco dentro de mi propia casa. Una casa que no reconozco como mía pero en la que me parece haber vivido sólo que no sé cuando…
Esta noche era una pensión. Una pensión como la de la Mozambiqueña. Primero hubo una lluvia de cerdos. De cadáveres de cerdo descuartizados. Era algo parecido a un ataque aéreo en tiempo de guerra. Luego una ola amenazante que se levantó por encima de unos edificios. De los edificios que se ven desde la casa de los padres de María. Ha sucedido en otros sueños pero muy antiguos y no allí, no así. La sensación de quedarse sobrecogida. Y tratar de salvar a Nama porque Nama en este sueño era mi mayor preocupación. La arrastro como puedo por las escaleras. Quiero llegar tan arriba como sea posible para que el mar no nos alcance.
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Después de eso, golpes en la puerta. Muchos golpes y un gran jaleo hasta que no me quedó otro remedio que no fuera el de abrirla. Las voces amenazaban con tirarla abajo. Miedo y más que miedo, pánico. Entonces un grupo de ’yonkis’, con la Mozambiqueña al frente, la Mozambiqueña que era Ana, invadía nuestra intimidad.
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Decían que les había traicionado y que iba a pagar por ello. Pero mi preocupación seguía siendo Nama. Más que mi integridad física ¿Pero qué hacéis? Vais a destrozarle el corazón y está muy enferma. Y la sensación de desvalimiento de que Nama no podría soportarlo. Pero cuando trataba de defenderme y razonar con ellos sentí la jeringa en mi nuca, clavándose. Me habían inyectado una droga. Una droga verdadera: heroína pura. No aquello de MonraL con la bebida, si es que acaso fue… ¿Qué vais a hacer conmigo? Lo que nos apetezca -dijo alguien. Era terrible. Sabía que podrían hacer lo que quisieran, incluso torturarme y con total impunidad. Perdería el control y no podría evitarlo. Grité desencajada y desperté cuando en la pesadilla estaba comenzando a sentirme al borde del desmayo. Mi flaqueza me había derrotado
Y hace un par de semanas soñé con aquel hombre, el padre de la pequeña alocada. Un sueño agitado en el que primero me miraba, luego me hablaba y a continuación me besaba. Sucedía en el pueblo de Lone que es donde Rasha estará hoy. Y recuerdo que solía tener ese tipo de vivencias nocturnas con Lone: casas desasosegantes, olas y mar ofuscado, derumbamientos, agresiones, carreras, autobuses, y besos de fuego con sabor a sangre y a dolor.
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*(en esta imagen se aprecia de quién he heredado los ojos… acabo de darme cuenta)
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link:
- La pesadilla (The Nightmare) – Henry Fuseli -
Octubre 15, 2007
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5 comentarios por mucho
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Hola Candela. Este post me preocupó y me hizo reflexionar lo siguiente:
Pudiera llegar a estar de acuerdo con la afirmación: “la cordura puede jugar con la locura pero la locura no puede permitirse jugar con la cordura”. Pero no en el contexto en que se afirma. Se dice también que el terror debe ser fundamentalmente frívolo. Y es ahí donde me doy cuenta de que el juego del que se habla no es aquel que yo podría llegar a considerar como adecuado a la hora de tratar con las pesadillas. De hecho, bien pensado, el juego del que yo hablo implicaría, que a su vez, la locura juegue con la cordura, aunque esto sea algo extremamente peligroso, si no se hace bajo determinadas circunstancias terapéuticas. Pero ya se ve que nada frívolo hay ahí, sino más bien algo de la máxima gravedad.
En el juego frívolo, la intención está enfocada a una meta estética. Y ésto, a mi juicio es más peligroso todavía, por cuanto se disfrazan las llamadas urgentes del inconsciente con la finalidad de presentar lo “bello” de lo horrible.
Ya lo he adelantado. Desde mi perspectiva, la pesadilla es un intento desesperado del inconsciente por llamar la atención sobre determinadas disfunciones de nuestra personalidad total. Sus mensajes, ahora más intensos, habrían sido adelantados en la vida onírica anterior, pero al haber sido desoídos, se alzan desbocados para llamar definitivamente nuestra atención.
“Cabalgaré la pesadilla, más ella no lo hará conmigo”. Sinceramente ésto solo lo creo posible para unos pocos, quiero decir algunos pocos chamanes. Desde luego no lo era para Chesterton, para quién esa frase no es más que una manera estética de formular su hacer literario.
Creo que el reto que una pesadilla nos plantea es menos “brillante” y “lúdico” que el de crear un relato y va más hacia el aspecto ético de la vida, en el sentido de responsabilidad por nuestras acciones y nuestro entorno. En ese sentido, la pesadilla nos brinda la ocasión de realizar grades transformaciones vitales.
O eso, o la pesadilla acaba por cabalgarnos a nosotros.
Un abrazo
comentario por taliesin Mayo 12, 2008 @ 11:32 amOye, como me ha gustado tu disertación… Me la voy a llevar a un artículo en el que hay otras opiniones como ésta.
Gracias y saludos .~)
Así cuando me ponga con eso lo tengo todo junto.
comentario por candelaarias Mayo 12, 2008 @ 11:58 amYo últimamente tengo unos sueños que no veas.
En lo sueños aflora todo. Lo que nos queremos ocultar. Y la pesadilla nos habla de nuestros miedos. A mí por lo menos sí. Pero por los últimos sueños yo firmaba. Me lo estoy pasando tan tan bien.
Las pesadillas suelen durar poco, cuando llega el momento de angustia… me despierto. Intento controlar el sueño, pensar dentro de él y darme cuenta que sólo es sueño, nada que ver con la realidad. :)
comentario por nandara Mayo 12, 2008 @ 12:44 pmTu mundo interior también es tu realidad…
comentario por candelaarias Mayo 12, 2008 @ 12:50 pm