Archivado en: .K.A.O.T.I.C.A.-∑-., Red y otros asuntos amorosos e impertinentes
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Hace pero milenios que yo no soy adicta al tenis televisivo, a la retransmisión de partidos. Pero ha coincidido que me estaba comiendo un flan, en una pausa de la interesante lectura del libro Universo sin fin (Cayetano López) y al acabarse la música, conecté la tele… Ferrer en el Roland Garros me ha hecho pensar en la testosterona y en parque prehistórico. No sé de que especie era pero era muy grande y atemorizador y estaba bastante nervioso a causa de eso, la revolución de sus hormonas. Y el bicho ahí, venga a embestir contra la empalizada. Hasta que a uno se le ocurre meter en el terreno un tractor bien protegido por ruedas para que el susodicho macho ”imaginario”, se hinchase a cornadas contra él. Vale, la tele y sus cosas pero que estés en una pista, seas quien seas, y porque te cabrees al perder un punto… rompas contra tu pierna la raqueta es imperdonable. Porque lo que le estás dando a muchos niños y jóvenes, que están ahí siguiendo tus pasos, es el peor ejemplo. El ejemplo de que piensas tanto como un dinosaurio antediluviano y el ejemplo de que tienes menos control mental que un mosquito (que me disculpe el mosquito si lo he juzgado mal). Y un ídolo de la juventud tiene que tener en cuenta que es significativo, que es un modelo y que sembrar valores admirables es lo necesario.
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En mi tiempo éramos fans de Heidy y por eso yo aún quiero ser tan buena como ella. Pensar en los panecillos y en el abuelo. Y ser amiga de una Clara a quien alegrar la vida mientras no crezco y me olvido de mi Pedro particular y las cabritas.
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