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Él me encontró frente a su puerta cuando se abrió la primera vez. No fue culpa mía. La mujer con la que me detuve y hablaba me llevó justo hasta allí, y nuestros ojos se dieron de bruces unos contra otros, cuatro ojos, y ni nos pedimos perdón, como no hicieron aquellos dos desconocidos, con cavilaciones propias que iban inmersos en una esquemática rutina y que se chocan en la parada de autobús y lo más que se sienten es incomodados por la molestia que supone el otro. Al menos yo. Luego él, dice Alma, que se pone nervioso y que no actúa de una manera muy lógica. Entonces se le va el apuro con el que parecía salir a llamar y se entretiene en la puerta innecesariamente, a dos pasos de mí, a colocarle el cuello a aquella mujer vieja y a hacerle unas carantoñas que a mí ya no se me ocurre confundir con humanidad. Eso fue lo primero que me atrajo de él: creí que tenía preocupaciones serias, que cuando decía: ¡Caramba, Don José, tiene usted que cuidárseme!, lo decía de sentimiento. Pero no, creo que sólo es una especie de coartada social que ha aprendido a decir, a fingir, a poner en relieve en los momentos oportunos; de la misma forma en que un conserje, eficiente y frío, en la recepción de un hotel se esfuerza por ser amable con un cliente, cuando maldita gana lo asiste y piensa que el gerente lo observa. Supongo que se percibe que ya me deslizo por la ladera del desengaño, que he tomado velocidad y que empiezo a analizar hasta el detalle más minúsculo que le atañe, que lo desmenuzo, con el ojo crítico con el que a veces trato de desentrañarme a mí y a mis motivos porque deseo llegar a alguna forma de verdad. Lo siento, pero ‘des-enamorarse’ es un proceso, lo mismo que lo es el enamorarse.
D-e-s-e-n-a-m-o-r-a-r-s-e.
D-e-s-m-e-m-b-r-a-r-s-e.
Eso me parece que dice. Así lo experimento.
¿Y por qué quiero dejar de sentir lo que sentía? Es curioso pero no quiero, es más bien que está siendo inevitable… A veces me gustaría no haberme venido a vivir en la bando de los insobornables. A veces cuando presiento el riesgo de lo que está sucediéndome y sé que me dirijo a la caída más dolorosa, a la más terrible pero no, yo tengo que seguir empeñada en ser una trapecista loca de ese circo en el que se trabaja sin red y si ahora se me mueren los dioses que me sostenían… pues nada, que se mueran, que también se me murió mi abuelo y la vida no se detuvo. Y sé que lo haré, que volaré y volaré y cuando la velocidad sea tal que la vista se me nuble… daré el salto mortal con el que siempre he soñado y esperaré que si fallo y no encuentro unas manos que me sostengan cuando acaben los giros, la muerte sea dulce. Yo también quiero que algo estalle en mi cerebro cuando me repita: ‘No puedes gritar, no puedes gritar, él te dijo que no gritaras. No grites’. Porque él sabe y yo sé que es posible. Eso me dijo.
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¿Unsabbat piensa lo mismo al día de hoy o es pasado en presente?
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comentario por nandara Junio 6, 2008 @ 4:51 pm______________________