EL ATRAPASUEÑOS

Diciembre 21, 2006

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atrapasueños gótico

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Cuando el mundo era joven… cuando el mundo aún era joven..

La Roja jamás antes había visto un atrapasueños pero al entrar en aquella tienda de regalos fue lo primero que le llamó la atención.

‘Bawaadjigan’ … cuando el mundo era joven -le dijo la mujer que la atendía en espera que se decidiera por uno de aquellos elefantes con la trompa alzada – cuando el mundo aún era joven… había un viejo líder espiritual del pueblo lakota que ascendió a la cima de una alta montaña en busca de una visión…

La mujer le contó a la Roja una historia acerca del círculo de la existencia y de como en la cultura lakota se creía que los atrapasueños sostenían el destino de su futuro… la Roja entonces sintió una tentación muy grande de comprarle uno de esos mágicos artilugios a su índigo, a  Candela Luminosa, a la hija del hombre que amaba… pero en ese momento la Roja ya sabía que no podía tener un detalle con ella sin tener otro, el mismo, para con su prima, la pequeña María y la Roja no quería eso… así que se guardó el dinero y las intenciones en el bolso pero siempre se le quedó aquello tan especial dentro… la necesidad de preservar y velar por el buen sentido espiritual de la vida de Candela Luminosa. Así que cuando un par de meses más tarde… su sueño de amor se rompió definitivamente… lamentó mucho no haber tenido ese único detalle con ella… pero a tiempo… En ese sentido la Roja era como la Maga… si no encontraba su trapo rojo, ‘la señal del perdón o el aplazamiento’, que la salvaba.. a tiempo… Pero eso fue antes de convertirse Ella misma en ese trapo del que ya no podía perderse…

Luego de aquello del atrapasueños llegó Max, el hombre que tenía un salón rojo que era como un cuadro de Matisse … Y después de él, aquella noche, llegó un antecedente penal de Verona, el amante al que le olía el pecho a madreselvas, con el nombre de Ángela entrelazado a unos ramilletes, y su diadema y su aro de bucanero. Era la víspera del día de reyes del 2005 cuando la Roja tanto lloró la pena por la pérdida de  Candela… primero en aquel sofá barroco, con la boca atragantada por las lágrimas silenciosas, sobre la polla salada de él, que ni se dio cuenta … y minutos más tarde bajo el atrapasueños que había colgado de la lámpara de la habitación, en la que reposaba sobre una cómoda la sonrisa de Ángela entre los brazos fornidos de su padre. Hablaron ahí de putas y de que ni ellas eran como la Roja, y de guardaespaldas, y de por qué uno se hace artificiero de la policia y la otra siempre se ve condenada a abandonar algo, por ejemplo las camas, y de cámaras digitales y de píxels. Él acababa de comprarse una; mientras la Roja le daba un masaje que duró horas en la espalda, montada sobre sus nalgas; horas que fueron caricias o caricias que pronunciaron tal vez el nombre de la muerte. Y mientras, de vez en cuando, el atrapasueños de él golpeaba la cabeza de Ella, que se erguía un poco y lo rozaba pero a propósito, con los rizos, para escuchar el tintinear del sonido de las campanillas y sorberse así un llanto más profundo y más quedo, que de vez en cuando se metamorfoseaba en una risa triste, compañera.

La Roja había tenido amantes muy dulces pero ninguno muerto; como ese, al que el volante de un borracho segaría la vida algunos meses más tarde. Y de todo esto, sin intermitencias, se acordó la Roja cuando abrió el pequeño paquete que su amiga le había tendido en la misma mesa de la Cantina en la que había estado acompañada por el marido de la zurda antes de que su autobús partiera con destino a Madrid. Ayer. Entonces…