– El deseo ante un torso desnudo, ante la mirada de algunos hombres –

agosto 7, 2003

Mujer

La imagen es de ayer, de inmediatamente después de cruzarme con él. ¿Cuántos años tendrá ahora? ¿Tal vez 25? Ha madurado pero no deja de ser, al menos, diez años más joven que yo. Creí que había crecido por encima de mi deseo hasta que me lo tropecé con el torso desnudo en las escaleras. ¡Ay nuestros ojos! Yo abandonaba el recinto y él se dirigía hacia él. Había ganado. El partido había sido duro pero menos que otros que ya le he visto ganar. Su rival perdió por inconsistencia mental, por juventud, por falta de auto-control y probablemente por culpa de su madre. La mujer la emprendió a gritos con su hijo desde la última grada y le amenazó con llevárselo a casa si no enmendaba su comportamiento. Pero era evidente de quién había tomado él ‘ejemplo’. Pobre crío y cómo golpeó a partir de ese momento, con qué violencia…. llegaron al tie-break también en el segundo set. Eso me dice que hoy tendrá muchos problemas para salir victorioso del encuentro. Pero ¿por qué subía con el torso desnudo? Cómo le desee… el deseo es un río de rápidos que me nace en sus ojos.
Hace años que le conozco ( conocer es un decir y a la vez….) , quizás cinco y sin embargo no nos saludamos hasta el cruce de penumbras de la escalera de ayer. En realidad no sé si él articuló palabra alguna. Nuestros ojos han hecho inmersión uno en el otro muchas veces, casi cada verano, durante unos días. Debería sentir vergüenza por lo que hice hace años y que no tengo tiempo de contar ahora pero apenas la siento. Este año ni su madre, ni su preciosa novia sudamericana le acompañan… Aún no las he visto. Pero tampoco Or. se ha traído a la suya. Algo me dice que este último ha cambiado de estado. O es soltero y sin compromiso de nuevo, o se ha cansado de estar casado… Tampoco es tan joven. Tiene aproximadamente mi edad… Pero él,… es por culpa de sus ojos, son como un fondo marino, están llenos de Vida y peligros

Se me hace tarde; buscaré lo que escribí acerca de él si después de hoy merece la pena y me haré ‘con su piel’, un pequeño mapa del destino conjunto que hemos recorrido. ¿Sabré dónde ‘estamos’ entonces? La cordura, la que aún conservo por estas latitudes, me dice que en ningún sitio. Me falta hallar las coordenadas de la improbabilidad, de la cruz marcada en algún punto con la ‘X’ de locura…

Me han llamado de la librería. El otro día estuve allí. El joven dependiente había regresado. Una contrariedad. Todo tan aséptico como siempre. Ya me reprobaba por imaginativa cuando ‘él’, desde su atalaya, miró un instante hacia mí… un vértigo imperceptible… pero de ¿quién partía? ¿Siento o reflejo? ¿Actuaba yo? Ahora que caigo en la cuenta los ojos del chico del cruce de penumbras de la escalera de ayer y los de ese hombre son semejantes. ¿Por qué me estoy sintiendo atraída?

Hoy me llamó él. Es su trabajo: – El libro que ha encargado… ‘En brazos de la mujer madura’... ha llegado. Lo tiene usted aquí.
– Sí, gracias pasaré a recogerlo (dije tal vez demasiado fría pero ¿no es ese mi papel?)

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