– ELEGIR UN NOMBRE –

diciembre 12, 2003

  

  – DESDE NAMIBIA LA TIERRA DE NADIE – i –

 

  
Empecé la mañana eligiendo un nombre, otro nombre.
Sigue pareciéndome una tarea excesiva eso de bautizar la propia vida pero no así las etapas virtuales.
Cuando ‘un sueño’ no se cumple, al principio, uno puede sentir ira pero luego llega la tristeza hablándole a ese uno de las cosas que quería que ocurrieran y no han sucedido… quizás lo tercero que llegue sea el miedo, el miedo inabordable de que nunca ocurran. Y viene el pesar a recordarle que está cansado, arrepentido de tanto creer y descreer y no rendirse.
Y aparecen los barrotes que son esa cadena de imposibilidades, el macizo inexpugnable, con el que el ser humano se topa y que lo constriñe cada vez que cree, por un golpe de fe u optimismo, haber ‘encontrado’… pero siempre es lo mismo y el amor es un espejismo que eternamente se repite.
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Y así empecé la mañana abriendo los ojos y sintiéndome reclusa y defraudada y sin poder culpar a nadie por ello, sólo sabiendo que había que partir. Digamos que de la propia conciencia se huye mal.
  
Un nombre, necesitar un nombre, definirse con un sentimiento que abarque todos los sentidos en pocas palabras. Ese era el reto. Un nombre que limite al norte con otro país o al oeste con un océano, con tierras vecinas, en el que soplen los vientos del sur por donde nace el sol.
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Él me dijo que el sol nacía por el sur pero ya había bebido por eso no sé si creerle… ¡Me dijo tantas cosas distintas unas de otras en tan poco tiempo!…  El alcohol corrió entre nosotros y quizás su sol si nacía por ese punto cardinal… quizás su sol nacía en la media noche ¡Sonríeme querida mía! Luego, ahora no, tal vez algún día…
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Primero había de encontrar mi nombre. Luego, ahora no, tal vez algún día… el suyo.Y embarcada en estas reflexiones llegué a la estación de autobuses. Ayer tenía hora en la consulta de un médico en la ciudad vecina. Y fue justo en el consultorio dónde lo leí. Tomé una revista de viajes mientras hacía tiempo en la sala de espera:

‘Namibia, la tierra de nadie, en el idioma de Nama’.

Y eso es lo que yo soy o justo como me siento después de vivirlo a él.
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Por la tarde  ya había un olor antiguo impregnándolo todo. Era el olor de otro hombre pero no quiero pensar ahora en lo que eso significa. Primero he de nombrar todos los nombres en el ‘lenguaje de nama’, el idioma desde el que hablo

 

namibia

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