– JUGAR CON FUEGO EN EL JARDIN DE LAS HADAS –

diciembre 22, 2003

 

– DESDE NAMIBIA LA TIERRA DE NADIE – xii –

 

Lo prefiero así, llegándose vestido con sus gafitas de montura de aluminio y su aspecto irreprochable de buen chico carente de esquinas e incertidumbres porque así es como me resulta más sencillo olvidarme del deseo…

Entonces no sé si creer que no ha leído mis pensamientos o que precisamente por leerlos ha decidido colaborar con ellos y comportarse con esa meridiana corrección. ¿Se habrá conformado su vanidad masculina, me pregunto, con conocer? (y obsérvese el femenino…) ¿Conocer?.Sí, conocer que el deseo que existió no muere sino que se vuelve tránsfuga porque no le queda otro remedio que el de cambiar de camisa. Y sin embargo él se muestra más cariñoso que nunca conmigo…

– ¿Oye? Quería decirte que me enteré de lo del sobre.

– ¿Cómo dices? -me pregunta sin mirarme

(Esta mañana se nos hace tan difícil mirarnos como antiguamente, como cuando sin querer evitarlo comenzamos a jugar con fuego en el jardín de las hadas… yo resbalé en el desliz de enviarle tras la fiesta de la otra tarde la referencia de este lugar por si no lo conocía… aunque lo disfracé y por eso quizás no llegara a verlo…)

– Sí, eso de que quisiste repartir la mitad de tu dinero conmigo

– ¡Ah, eso…!

– Sí, y yo te lo agradezco mucho pero no quiero dinero.

– Pero yo me quedaba más tranquilo sí lo repartiéramos porque este mes…

– No, no quiero tu dinero. Mi motivación  para hacer lo que hago es otra. Lo que ocurre es que cuando tú no estás, me siento muy desvalida. No estoy capacitada para realizar tu trabajo.

– ¿Ah sí? ¿Ahora qué eres tú una discapacitada como ellos? Estás de sobra capacitada. Lo mismo que yo.

– No, no lo estoy. Yo no puedo hacer que se diviertan haciendo ejercicio de la misma manera que tú lo logras.

– Pero el otro día lo hiciste.

– Sí, pero por casualidad, porque se me ocurrió aquello pero no tengo tus recursos.

Entonces me callé.

– ¿Y ya se acabó la conversación? -preguntó como si esperase que le dijera algo más, que aquello fuera sólo un comienzo

– Sí, me temo que sí -dije yo porque el resto de las palabras que debería haberle dicho no quisieron presentarse en escena

Y luego llovió casi sin detenerse, como había amanecido, y durante largas horas con esa molesta lluvia del norte que lo cala todo y empapa la Vida misma de humedad y de la que sólo es posible librarse cuando se permanece contemplando el mundo tras los cristales de las  ventanas cerradas de las casas, por donde no se fuga ni penetra el aire. 

  

Y nos sentamos juntos y nos fotografiaron juntos (era la primera vez) pero sus pies permanecían secos y los míos no (nuestros zapatos eran distintos como nosotros). Comparamos eso y me contó que por la tarde él y su novia irían de compras en busca de un regalo

– Es que en casa de Rosa son muchos de familia y tienen la costumbre de celebrar  en Noche Buena ‘el amigo invisible’.

– Pero esa es  una tradición muy bonita, ¿no? -dije yo por decir algo tranquilizador pero a la espera de que continuase hablando

– Eh… sí…. – pero contestó sólo él inciertamente

Y fue así como no terminé de conocer cuál era la historia que callaba porque el resto de palabras no quisieron venir a nuestro encuentro.

  

Y no sé si lo hizo por mí, porque sabe que yo nunca tuve una familia como esa y me duele, o si fue por él… porque quizás él tampoco tuvo ‘la suerte’ de formar parte de una familia como esa y después de todo algo le duele y en la realidad nada es tan perfecto

Nos despedimos con dos nuevos besos en la mejilla (mengua el misterio pero crece la calidez) aunque ya no le repetí el mismo ‘cuídate’ que le dije durante la fiesta del jueves porque no me pareció necesario.

  

El peligro había remitido como la lluvia que acompañó todo el día de ayer lo ha hecho hoy. Me llueve en día erróneo diría yo si fuera pesimista pero no lo soy.

  

Eso sí,  al llegar a casa, le envié unas imágenes de esa misma mañana y escribí  acompañándolas el siguiente correo:

Hoy quería haberte dicho  en persona cuantas cosas aprendí de ti (sobre todo al principio) y como me impresionaste con alguna de ellas pero al final no te lo dije… Me cuesta hablar contigo. El caso es que se lo digo a todo el mundo menos a ti que es a quien debería decírselo pero  por eso tampoco voy a escribírtelo… para mí escribir es sólo algo terapéutico, me mantiene limpia por dentro y en mi caso eso es una necesidad vital pero no le sirve de nada a los otros ( a no ser para perjudicarles menos). Así que  si el año nuevo me trae más ganas de compartir o yo me esfuerzo un poco más en hablar … te lo guardo y te lo digo. Eres un encanto.

Cuídate y besos para Rosa.

  

Porque nunca deja de llover por mucho tiempo. Y he descubierto que después de todo lo único que evita que las palabras se me disparen desde la garganta es el miedo a ‘perderle’… el mismo miedo que me detiene cuando callo con Guernika… el miedo a  equivocarme.

mujer al mar

2 Responses to “– JUGAR CON FUEGO EN EL JARDIN DE LAS HADAS –”


  1. […] – ii – – JUGAR CON FUEGO EN EL JARDIN DE LAS HADAS – […]

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