– AMENAZAR LA SEGURIDAD DE OTRO –

diciembre 27, 2003

 

– DESDE NAMIBIA LA TIERRA DE NADIE – xvii –

 

Contradicción me llamó hace un rato. Me dijo que había leído lo que escribí esta madrugada cuando llegué y que le pareció muy fuerte eso de llamarle ‘proxeneta’… entonces le expliqué lo que quería decir y a qué me refería y  le conté como fue todo desde la tarde de ayer. Las mentiras no se sostienen, concluimos. Pero no lo estábamos interpretando igual. A veces las cosas se ven mejor desde el otro:

– Se está escondiendo. Claramente lo hace. Se ha refugiado en la mascara que viste ayer.

– ¿Quieres decir que el que me mostró el primer día existe y sobre todo el hombre que me besó con la boca llena de vino hace poco más de un mes, que la mentira es el de ahora?

– Sí. ¿Qué pasa? ¿No te habías dado cuenta de que le estás haciendo de espejo y se está enfadando tanto contigo como yo lo hice con Ismael? ¿No recuerdas cómo me puse yo con Ismael y como le ataqué? Ahora tiene que demolerte. No le queda otro remedio: le has enfrentado a su verdad y no le gusta. Se resiste a crecer.

– ¡Oh!, pues muchas gracias por hacérmelo ver porque yo estaba dispuesta a condenarle. No es que no disfrutara lo que sucedió ayer pero no es eso lo que me atrajo de él…

– Vamos a ver, ¿a ti que te conmovió?, ¿su ternura, no? Pues eso es lo que hizo: negártela.

– Sí, no hubo ni rastro de ella en toda la noche. No tuvo ni un detalle para conmigo y el único, lo tuvo para su público. Cogió mi chaqueta y me la puso sobre los hombros cuando ya nos marchábamos del bar en el que tomamos esa copa. No quiso que nos quedáramos a solas después de … Me llevó a un sitio donde le conocían y que estaba atestado de gente, e incluso me dijo: ‘No me mires así, que se da cuenta todo el mundo de cómo me miras menos yo’

– ¿Fuiste a buscarlo como revancha por lo de Guernika?

– No lo sé. A Guernika lo vi cuando iban a dar las seis. Delante de mí doblaron la curva una alumna suya con su madre. He sentido celos de esa mujer en estos meses pasados aunque nunca te lo haya reconocido. Ya sabes como soy… también ella de mí.  Y le vi a él tonteando o me pareció que tonteaba con ella. No supe diferenciar si bromeaba con la niña, que sé de sobra que se lo ha ganado por su forma de ser, o con la madre y ese contento que mostró le nacía del corazón o del sentido de depredación… No lo sé pero cuando después alzó sus ojos y se encontró por sorpresa con los míos se quedó lívido, el pobre, por lo que leyó en mi expresión sin venir a cuento: una condena. No lo entendió. No entendía aquello. Se le desencajó en un segundo la sonrisa  del rostro y pensó: ‘Ya está. Se nos ha vuelto a romper la tregua’. Y contestó a mi saludo gélido y reprobatorio, con tono de funeral y sí, yo abrí las hostilidades. Pensaba ir a verlo a las siete y decidí en aquel instante que por supuesto no iría. Iba a castigarle de la misma forma en que él me enseñó. Nuestro último encuentro (yo tan vestida, tan arreglada) y mi ausencia le darían la pista: ¿A dónde iba? ¿Con quién había quedado?

– ¿Así que si fue una venganza?.

– No, no creo. Yo pensaba acercarme a ver a Enate después de las ocho pero el encuentro con Guernika lo trastornó todo, a mí y vagué por la ciudad con la esperanza de ver a Máximo con Serengueti (Laura) pero no fue así y cuando comencé a dar vueltas innecesarias buscándolos, me frené en seco y me dije: ‘No, los otros días les viste por casualidad, porque tenía que ser’, entonces decidí ir a hacerle una visita a Enate. Casi era obligado después de lo que sucedió el martes. Se hacía necesaria una explicación por mi parte.  Fue así, como te cuento, pero en ese momento no llevaba ninguna segunda intención

– ¿Y él cómo reaccionó?

– Pues muy bien. Por la tarde estuvo estupendo. Yo sólo quería tomar algo con él y felicitarle. Era su cumpleaños y no me importó demasiado ver a su madre o la cara de disgusto que pudiera ponerme. Estuve cómoda y a las ocho cuando me iba, él me dijo como si lo sintiera: ‘¿Te vas ya?’ ‘Claro’, le contesté yo de una forma casi despótica. Tajante, al menos. y todo el camino me fui pensando que era así como tenía que ser, como él lo había querido. Supongo que seguía muy enfadada por todo.

– ¿Con él?

  

– No, no sólo con él. También con Guernika por jugar conmigo. Me parecía eso. Me parecía que ahora que había logrado que le confesase que aún le quería, se pensaba que ya era todo de fácil como antes, como cuando mi cariño por él era incondicional y eso me hacía sentir una rabia tremenda.

Así que di un rodeo y sobre las ocho y veinte pasé por delante de su casa y allí estaba con Calabacilla, que fue el que me vio y el que le avisó. Entonces pensé que estarían en la calle esperando por alguien, una vecina, o quien fuera para seguir tonteando otro poco más y ni les miré. Eso sí, me planté en la esquina del final de la avenida e hice cómo si hubiera quedado allí con alguien. No quería tomar la dirección de casa y que él se quedara tranquilo.  Y él no me quitaba ojo porque yo seré celosa, que a lo mejor no es tanto ‘celo’ como orgullo infernal  pero él, él me gana seguro.

– Pero te quedarías allí esperando ver a Máximo, ¿no?

– Sí, también. De hecho su mujer cruzó por el paso con Laura a los pocos minutos y anduvo hasta el portal. Pensé que o bien él había salido solo, o más bien que necesitaba quedarse a solas para poder acceder al contenido del disco que yo le entregué por la mañana.

– ¿Qué había exactamente en él?

  

– Todo. Todo lo que recibió Enate y mucho más. Todo lo que he escrito desde que llegué a la red. Cada una de las conversaciones virtuales que he mantenido, las que merecían la pena y las que no, hasta las nuestras. ¿Por qué te crees que me presté noche tras noche y durante tantos meses al experimento repugnante de aquel individuo?

– Ya lo sé.

– Bueno, el caso es que ese pensamiento me tranquilizó y decidí irme a casa y meterme en la cama sin cenar. Había madrugado mucho pero luego me puse el pijama, cené y … fue cuando recordé el tono con el que me despidió Enate y el recuerdo tan bonito que me dejó en mi cumpleaños y le eché mucho de menos. ¿Por qué no podíamos irnos a tomar algo si a él le apetecía y a charlar un rato como dos buenos amigos? Así que me vestí y a las once me planté frente a él de nuevo pero ya no era el mismo y yo me equivoqué estúpidamente en lo que le dije. Cuando me preguntó que por qué había regresado, le contesté que porque no me habían gustado sus regalos.. y era verdad y mentira. Lo que no me gustó fueron sus reacciones, las que él mostró ante ellos, y sobre todo que fueran regalos sin corazón.

  

Me dolió que en vez de cumplir años para estar más cerca de él, le ayudaran a cumplir años para enterrar más profundamente en su pasado al niño que fue. Me dolió ver correr el vino y  no presenciar ni una gota de ilusión por nada. Luego traté de decírselo pero no me entendió. Ya no confiaba en mí porque de alguna manera yo también le hice daño a aquel niño. Creo que por eso me dijo que para él la mayoría de las personas sólo significaban 50 céntimos. Quizás sólo quiso provocarme la misma desilusión que yo le hice sentir… La realidad es que él creyó en mí y yo le defraudé.

– Se cumple el esquema de Ismael. Tú amenazas su seguridad vital.

– Sí, su trasfondo básico, tienes razón pero yo no le mentí. No le dije que estoy enamorada de Máximo, y que por eso no soy capaz de enamorarme de él ni de nadie, con el fin de herirle… Se lo dije porque es cierto aunque no sea capaz de explicárselo. Parece que le ofende que le diga que él es ‘el amor de mi vida’. Y luego le expliqué que quiero a Guernika pero de otra manera, que le voy a querer siempre y tal vez, si seguimos así, a él… ‘ya ves -vino a decirme-, qué bien te lo montas’

No sabe lo que es querer desinteresadamente. Por eso no entiende que tú puedas estar enamorada sin esperar nada del otro…

– Tal vez no.

– Fue hasta grosero y me acusó de erigirme juez y… un montón de cosas pero luego al irnos, me dijo otra vez: ‘Cógete de mi brazo’

– ¿Ves? Eso es que te ha leído, que te lee y recordó que las mujeres le dábamos valor a eso.

– Puede ser. No te digo que no. Pero él si me pareció que estaba muy borracho.

el borracho

2 Responses to “– AMENAZAR LA SEGURIDAD DE OTRO –”

  1. srtamowgly Says:

    “Me parecía que ahora que había logrado que le confesase que aún le quería, se pensaba que ya era todo de fácil como antes, como cuando mi cariño por él era incondicional y eso me hacía sentir una rabia tremenda.”–> Es que no aprenden, ¿Eh?

    No cualquier ama desinteresadamente.

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    Guernika no aprende no
    Stanislaw es hipócrita (o sea Enate)
    Y yo una gilipollas integral. Por haberme quedado ahí tanto tiempo.
    Debería haber sido más interesada.
    Pero ya sabes… la trampa para las mujeres que aman demasiado y demasiado mal… es tremenda.

  2. srtamowgly Says:

    Ya, hay que caminar con pies de plomo.

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