– Hablando de promiscuidad –

diciembre 28, 2003

 

– DESDE NAMIBIA LA TIERRA DE NADIE – xix –

 

He estado enredando durante toda la tarde con viejas canciones por no hacer frente a mi auténtica preocupación. Esta noche fue agitada, o al menos durante la parte de los sueños que recuerdo. Preparaba unas maletas e iba en busca de un autobús que partía. Era como si fuera otro viaje que había que realizar, igual que el del mes pasado pero no había previsto nada, y todo se complicaba. Primero no tenía la ropa adecuada, luego no tenía maleta donde guardarla porque era excesiva y no sabía de qué desprenderme, después tenía que acudir a una cita con el dentista que decidía cancelar para que me diera tiempo a tomarlo y así no cumplía con lo que debía y me había comprometido, e hiciera lo que hiciera  también terminaba por perderlo porque cuando quería darme cuenta la hora había pasado.

En el otro, creo que fueron dos distintos, llegaba a mi destino aunque con percances parecidos pero las sensaciones finales vividas no me gustaban. Un poco como la otra noche. No terminé de decirlo del todo pero estuve a punto de marcharme varias veces antes de que llegara la hora de quedarnos solos y él me preguntara, de nuevo aquello, de ‘¿Qué quieres de mí?’

– Nada, no quiero nada de ti -le dije.

Cuando la última vez que me lo preguntó le dije lo contrario: ‘Todo, lo quiero todo de ti’. Y era cierto, ya no quería nada de él porque ya no quería quererle. Otra vez los mismos versos de los que no logro recordar con exactitud ni el autor, aunque sí el sentimiento:

  

‘Ya no puedes bajar a mi patio

Ya no te quiero…

Lo lamentarás cuando me veas utilizar

mi barreño como tambor,

porque yo no quiero jugar contigo

si tú no puedes ser bueno conmigo….’

Pero esa auténtica preocupación de la que hablo es  la de que no utilizamos un condón. Sólo me penetró con él la noche que le conocí y porque yo lo llevaba en la cartera. Las otras le he dejado penetrarme despreocupadamente, confiando en que como tenía una esposa que decía querer y familia, se cuidaría, muy mucho, de por qué orificios la andaba introduciendo pero esta mañana me he despertado con una sensación extraña en mi sexo, como de picor y sequedad a un tiempo, y he repasado las caras y las formas de las mujeres del local en el que estuvimos y sus expresiones para con ellas y mi tranquilidad se ha evaporado.  Es más me he arrepentido, lo que nunca hago. No me extrañaría nada haber contraído una enfermedad venérea sino algo peor…

Y hablando de promiscuidad, el otro día me ocurrió algo curioso que no registré. Eran como las tres  y media de la tarde y un individuo me llamó desde un Mercedes plateado (no suelo distinguir unos coches de otros pero ese logotipo lo conozco). Me acerqué para ver en qué podía ayudarle.

Era una calle relativamente céntrica y el extraño individuo (parecía uno de esos tipos sacados de las películas de los años setenta: pequeño y de ojos pequeños y vivarachos, de rata, con cabello rizoso castaño como de patético querubín que ha envejecido, delgado con  un bigote que formaba un bucle en los extremos y repelente todo él hasta la saciedad) me preguntó lo siguiente:

– ¿Podrías ayudarme? Ando buscando la casa de encuentros de esta calle pero no logro dar con ella. ¿Tú sabes dónde está?

Supongo que  el tipo habría visto más de cincuenta veces ‘Bell de jour’ y puede que hasta llevase toda la vida intentándolo y estuviese en su pleno derecho pero sólo su pregunta ya me pareció insultante y le contesté:

– Mira, lo mejor es que te acerques a ese Alimerka que ves (estaban descargando un camión a pocos metros de nosotros) y le preguntes a las cajeras por ella, que son las que trabajan en la calle y tal vez la conozcan. Yo por aquí sólo voy de paso

Habrase visto… y ahora que caigo, pienso que he recordado esto porque yo he soñado hoy con ese hombre. Me miraba con descaro desde sus desagradables ojillos como si pudiera comprarme, como si conseguirme sólo fuera cuestión de precio. ¡Qué asco!

belle de jour

5 Responses to “– Hablando de promiscuidad –”

  1. lasalamandra Says:

    Belle de jour es una película basada en la novela del mismo título de Joseph Kessel. Escéptico sobre las posibilidades de la novela, Luis Buñuel aceptó llevarla a la gran pantalla con la condición de que se le dejara entera libertad para realizar la adaptación. Ganó un León de Oro en el Festival de Venecia.

    Séverine (Catherine Deneuve) está casada con un médico a quien ama, pero es incapaz de mantener relaciones íntimas con él. Tiene pensamientos y fantasías eróticas, hasta que un día va a una casa de citas y comienza a trabajar allí durante las tardes. Al mismo tiempo se mantiene casta en su matrimonio.

    La primera cuestión que se debería comentar sobre esta película tiene que ver con el estilo con el que Buñuel utiliza la cámara. De la violencia y el ritmo que el cineasta aplicaba a las secuencias de películas anteriores mediante el uso del travelling y el zoom, así como de la focalización sobre objetos simbólicos, pasa a emplear en el título que nos ocupa una técnica de filmación mucho más sosegada pero que, como medida para contrarrestar tal cambio, posee en su interior una estructura dramática muy turbulenta. Ésta es provocada, como resulta una constante en sus películas, por el sentimiento de deseo subversivo que azota a su personajes.

    Además, en Belle de Jour debemos notar que más que destacar la realización llevada a cabo por el director, hay que prestar atención a su trabajo con los actores. Éstos tienen la expresividad justa, que tiende en ocasiones al hieratismo. Esta economía del gesto servirá para remarcar la importancia de la mirada, que de este modo adquiere dos significados: por un lado es una forma de vehicular o expresar el deseo interior que crece, y por el otro denota la pérdida personal a la que se enfrenta el personaje.

    Las tres constantes sobre las que se construye la trama son: · Realidad · Fantasía generada por el deseo · Recuerdo inducido por el trauma interior

    La realidad nos presenta la vida burguesa de Severine (Catherine Deneuve). Está casada con un hombre (Jean Sorel) que es el arquetipo de la consumación individual, del éxito. Y además de perfección, es también símbolo de protección. Es tan amable y bondadoso, tan perfecto, que no puede satisfacer los deseos más ocultos de su esposa. Su perfección supone un obstáculo para ella que inhibe el deseo.

    Severine goza de todos los bienes deseables: comida, hogar, ropa, viajes,… pero es precisamente esa comodidad, esa “normalidad” la que la subyuga. La rutina ha llegado a anular su ser, que desde la infancia ha sido castigado por el orden social, por la moral y por la religión. Esa opresión ha generado en ella traumas que poco a poco y mediante flash-backs iremos descubriendo a lo largo del film.

    En cuanto al deseo, éste provoca en Severine un desorden interno que choca con el orden externo preestablecido en el que vive: ahí se produce el conflicto que pone en marcha la trama argumental. [[ Belle de Jour]] es la historia de una búsqueda, de un viaje por el interior de una mujer masoquista obsesionada por sentirse poseída, deseada. Y ese deseo por ser deseada, valga la redundancia, es tan fuerte que afecta a la propia voluntad de la mujer y la conduce a ese juego, a esa doble vida. El riesgo y el peligro, tanto social como físico o moral, que supone convertirse en prostituta la excita y la saca de su monotonía vital.

    Pero es que además hay que notar que lo que ella verdaderamente anhela es sentirse poseída, dominada. Es tanta la intensidad del objetivo que ello la empuja a vencer sus miedos, su timidez y su autocensura moral y, con cierta rapidez, aprende a comportarse, hablar y moverse como una profesional.

    Llegando quizás ya a un extremo se podría decir que lo que verdaderamente quiere Severine es sentirse pública, mujer de varios, objeto de transgresión. Por ello incluso permite que la azoten.

    Prostituirse se convierte en el remedio a su “torturada infancia”. La realidad se mezcla en el film con recuerdos en lo que Severine es toqueteada por un adulto. Sin duda se trata de un trauma. También vemos como se imagina que la violan en la actualidad o que fornica bajo la mesa de un restaurante con un amigo de su esposo al que detesta porque siempre muestra especial interés por ella.

    Toda esa alternancia de secuencias, con diferentes referencias temporales, nos ayudan a construir el convulso pasado de Severine y que es causa de su pérdida interior actual.

    Sin duda podemos apreciar como Buñuel pretende recrear un sentimiento de subversión. Valoremos los siguientes binomios:

    · La “impersonalidad” de los clientes del burdel frente al arquetipo que representa el marido de Severine.

    · La prostitución como liberación a la vida burguesa de Severine.

    Sin duda contrastes que refuerzan la idea de que la prostitución de Severine y su evolución como personaje, confieren a la historia el carácter de viaje iniciático. Además, el propio espectador no será el mismo cuando termina de ver el film.

    Acompañamos a Severine en ese viaje. Primero nos introducimos en el mundo del burdel, conocemos sus normas. Al igual que el personaje tendremos ideas preconcebidas sobre este ambiente que pueden que se confirmen o se corrijan.

    De la madam “Anaís”(Geneviéve Page) recibiremos el aleccionamiento necesario. Destacar que es ella precisamente la que dice que lo que Severine necesita es “mano dura”, justo lo contrario de lo que le ofrece su marido.

    A medida que va recibiendo a clientes y adquiere experiencia gracias al sometimiento que éstos ejercen sobre ella, parece que su estado anímico evoluciona favorablemente. Su crecimiento en la fantasía le hará ser más feliz en la realidad.

    Así pues vemos como la vida real, la fantasía del prostíbulo y los recuerdos de la infancia se van articulando y haciendo que el deseo y el personaje de Severine evolucionen.

    Pero para evitar que este triángulo gire de forma indefinida, Buñuel provoca una situación en la trama que la cierra de forma paralela a su apertura: El amigo del marido (Michel Piccoli), quien de forma provocativa e intencionada le dio a Severine la dirección del prostíbulo para satisfacer la curiosidad que ella sentía tras una conversación que habían mantenido, y que por tanto podemos considerar como quien había encendido la mecha de su deseo, es quien, en una visita inesperada al burdel, se encuentra con Severine y hace que los dos mundos en los que se movía la protagonista, el real y el fantástico, y que hasta el momento habían llevado trayectorias paralelas, confluyan en tiempo y espacio.

    Realidad y fantasía personal chocan y desestabilizan al personaje. Tiene tanta necesidad de vivir esa dualidad que incluso se ofrece para que ese hombre, al que tanto desprecia, la fornique a cambio de guardar silencio. Ofrecimiento que sin duda NO debemos interpretar como un sacrificio, pues ella misma lo desea en su interior más profundo tal y como hemos podido ver en una de esas “secuencias” oníricas frecuentes en el film.

    Esta conjunción de las vidas paralelas provocará que Severine abandone el prostíbulo. Su vida real es más poderosa, pero no consigue aplacar el deseo de forma tan sencilla y prueba de esto es que uno de los elementos pertenecientes a la “fantasía” de Severine transgrede la frontera y pasa de un mundo al otro. Se trata del gángster que se había encaprichado de ella en el prostíbulo. Va a visitarla a su casa, la chantajea para que regrese a su “mundo fantástico”. En este punto asistimos a una lucha entre deseo y razón.

    El final del film acaba por confirmarnos lo irreal de su propia construcción: el gángster (Pierre Clémenti) deja a Severine y espera a que el marido de ésta vuelva. Entonces le dispara y lo hiere. Después huye y perseguido por la policía acabará muriendo.

    Podríamos interpretar que, a priori, y mediante el sacrificio que se ha pagado (el marido herido), la razón ha triunfado sobre el deseo. E incluso notar que la nueva situación, en la que Severine tiene que hacerse cargo de un marido que ya no es perfecto, supone una manifiesta mejoría en su estado anímico.

    Hasta aquí bien, pero recordemos que el director es Buñuel y en absoluto la comodidad burguesa triunfará sobre él. ¿Qué ocurre cuando súbitamente el marido se levanta a por una bebida y Severine empieza a oír los caballos y el carruaje de la primera secuencia, sí, aquella en la que imaginaba ser violada? ¿ Qué ocurre cuando ella sale al balcón y descubrimos que ya no están en la ciudad sino en una lujosa mansión campestre?

    ¿Es todo el film una fantasía imaginada por Severine o es la realidad?

    Creo que la intención de Buñuel, es demostrarnos que tras una forma de filmar que algunos tacharían de convencional, es capaz de crear una trama en la que realidad y fantasía se mezclan. Así mismo nos conduce a través del viaje de la psicología de un personaje atormentado por los traumas infantiles, por la sociedad en la que vive y azotada por un deseo irrefrenable.

    Sin duda esta película mantiene algunas de las constantes más clásicas de la obra buñuelana como son la visión subversiva de la burguesía y la religión y, lo que parece más importante: como el deseo, mediante la generación de una necesidad, se convierte en el motor que transforma al individuo y su voluntad.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Belle_de_jour

  2. lasalamandra Says:

    Joseph Kessel
    De Wikipedia, la enciclopedia libre
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    Joseph Kessel (Clara, Entre Ríos, 13 de enero de 1898 – Avernes, Val-d’Oise, 23 de julio 1979) fue un aventurero, periodista y novelista francés.

    Biografía [editar]

    Su padre era médico judeo-lituano, y debido a sus viajes Kessel nació en Argentina. Pasó sus primeros años de vida en Oremburgo, Rusia, y finalmente la familia se instaló en Niza. Estudió en esta ciudad y en París.

    Estuvo en la I Guerra Mundial como enfermero, durante los primeros meses, y en el “Journal de Débats” como periodista sobre política exterior. En 1916 Kessel decidió tomar parte en el combate, sirviendo en la artillería y en la aviación.

    Electo miembro de la Academia francesa en 1962.

    José Kessel está sepultado en el Cementerio de Montparnasse en Paris.

    Bibliografía [editar]

    * La estepa roja (1922)
    * El equipaje (1923)
    * Les captifs (1926), grand prix du roman de la Academia Francesa
    * Noches de princesa (1927)
    * Belle de jour (1928), inspiró a Luis Buñuel en su filme de 1967
    * Fortune carrée (1932)
    * La pasante del Sans-Souci (1936) – filme de Jacques Rouffio en 1982
    * La Armada de los hombres (1943), filmoe de Jean-Pierre Melville en 1969
    * La torre del malhechor]] (1950)
    * El león]] (1958)
    * El Toque Mágico (1962)
    * Los caballeros (1967)
    * Partida de un amigo (1972)
    * Los hombres (1972)
    * Los tiempos salvajes]] (1975)

    http://es.wikipedia.org/wiki/Joseph_Kessel

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