– Las esgrimadoras viudas del intelecto –

diciembre 29, 2003

– DESDE NAMIBIA LA TIERRA DE NADIE – xx –

 

Estoy de mal humor por todo. Hoy que no me interesa a mí que llueva, llueve y encima tendré que presentarme en ese maldito lugar para apuntarles yo en la carrera de San Silvestre. Todos los años ha sido en una asociación de vecinos, menos éste; éste que es el que me tiene que tocar a mí. Pero no es sólo eso. Ayer por la noche llamé a Contradicción y le conté lo que me pedía hacer el cuerpo. Ella me escuchó y luego me dijo:

– Si lo que pretendes es enfrentarle a lo que lleva dentro… vas a conseguirlo. Ahora que no sé quien se va a sorprender más si tú o él. Yo apostaría que él

  

– No lo sé. Sólo sé que quiero hacerlo. Quiero romper su tablero de juego

Al mediodía estuve en mi casa y primero lo comenté con Alma. A ella le dije que lo que más odiaba de todo, era que encima me sentía satisfecha sexualmente, que él me satisfacía por completo a ese nivel y que por eso hoy mi teléfono móvil permanecía apagado, porque no deseaba estar con Guernika ni con nadie.

– ¿Entonces por qué lo vas a hacer?

– Porque no puedo seguir así. Porque detesto su mundo y no quiero quedarme atrapada en él.

– ¿Y luego?

– No lo sé. Yo conocí un hombre maravilloso que me hizo sentir muy especial y si ya no puede ser bueno conmigo y consiente que se nos muera la belleza,  yo no quiero volver a estar con él por mucho que me guste. No hubo ni un sólo sentimiento allí y no tengo por qué plegarme a eso. Si yo no soy una excepción para él, no permitiré que él lo sea para mí.

Sin embargo a mi madre le encantó la idea.

– ¡Ah!, muy bien -dijo. Mira, que hagas eso me parece muy bien.

– ¿De verdad? -me extrañó que esta vez no me recomendase ser prudente

– Sí, sí. Seguro que no está acostumbrado a las mujeres como tú.

– ¿Cómo yo?

– Sí, tú no eres sumisa. Eres una chula. Siempre hiciste lo que quisiste

– ¡Hombre!, dicho así suena a… pero sí me gusta elegir. Aunque pienso que su mujer es como yo. Creo que ella ha tenido que luchar toda la vida contra la relación que le une a su madre.

– ¿Te volvió a mirar mal  su madre, hija?

– Bueno, después de cómo me miró la última vez ya me podía mirar como le diera la real gana. Llevo ocho años prescindiendo de hablar con mi suegra por miradas menos insultantes, como para que me importen algo las miradas de nadie.

– Pues ya te digo, a mí me parece estupendo lo que vas a hacer. ¿No se puede leer la nota?

– No, porque ya he cerrado el sobre.

Y cuando ya lo había hecho y me venía hacia casa una mujer muy mayor me dijo:

  

– Con estos vientos, niña, no te va a durar nada ese paraguas tan endeble que llevas. El mío es muy feo pero es redondo y por eso no opone resistencia al viento,  es aerodinámico. Es fuerte como los árboles

paraguas

  

Así que comenzamos a hablar de libros. Ella estaba leyendo una biografía de Churchill, y me explicaba que el autor, al ser inglés, tenía una manera ecuánime de ser crítico con el personaje y que eso le agradaba de manera especial. Y que el último libro que se había comprado era uno de Miguel Ángel Asturias que le regaló a su hijo por Noche Buena. 

Me gusta aprender de los demás y la mujer tenía 77 años, como Alma pero me parecía más lucida, menos prejuiciosa, claro que sólo hasta que dijo aquello:

– ¿Escritoras? No, no. No me gustan las escritoras. No he leído a ninguna desde que lo intenté con Margaret Mitchell

Y entonces se dedicó a elaborar una crítica exhaustiva, un análisis en apariencia pormenorizado que yo no podía encajar de manera alguna en mi recuerdo.

– Pues yo me leí de un tirón ‘Lo que el viento se llevó’ y me resultó apasionante. No dormí hasta que lo acabé.

– Pero bueno, si es un palizón de libro que no hay quien se  trague. Yo tenía 16 años cuando lo intenté y nada más que lo abrí dije: ‘ Esto sólo lo pudo escribir una escritora’

– Yo tenía 14 y me fascinó… pero a esa edad es lógico. Lo difícil sería que me sucediera ahora.

– La película, la película es mucho mejor que el libro. Tú debiste leer una versión reducida. Precisamente cuando yo iba a leerlo se hizo la película y… y… y…

– Pero dónde va a parar. El libro es infinitamente mejor que la película y tenía mil páginas -dije ya aviesa y lamentando haber pensado que era una mujer con criterio propio. Estaba claro que en alguna parte había escuchado aquella disección literaria de la obra y se limitaba a repetirla como un papagayo

– No, no, no. El libro…

– A ver, una cosa. ¿Usted se ha leído el libro?

– No. Yo sólo lo empecé y me dije: ‘esto sólo lo pudo escribir una mujer y lo cerré’

– Bueno, pues como usted no se lo ha leído y yo sí, no me parece que tenga derecho alguno a hablar mal de él. Señora… -concluí para despedirme porque ya hacía algunos minutos que estábamos frente a su portal, y percibí con claridad que ella esperaba haberme desarmado con sus conocimientos, que se había convertido en una especie de esgrimadora del intelecto, igual que aquella mujer con la que compartí habitación hace por estas fechas un mes.

  

Y volví a pensar que la cultura está bien pero que puede ser tan hueca como la belleza exterior cuando no se apuntala sobre un interior , que da igual el músculo que se cultive si no se siente con el corazón.

Me iba muy molesta y me sentí tentada de volverme y gritarle: ‘¿Sabe? Es una verdadera lástima que se haya perdido usted en la vida, por ejemplo, ‘El viento del este, viento del oeste’ de  Pearl S. Buck, o el ‘Diario de una buena vecina’ de Doris Lessing, o el maravilloso ‘Color Púrpura’ de Alice Walker’. Pero me di cuenta de que en realidad lo que me hacía sentir tan enfadada, era que yo acababa de perder  posiblemente a alguien muy importante en mi vida.

5 Responses to “– Las esgrimadoras viudas del intelecto –”

  1. lasalamandra Says:

    Margaret Mitchell
    Lo que el viento se llevó (fragmento)

    ” Hubo una tierra de caballeros y campos de algodón llamada el Antiguo Sur. En este bonito mundo, el valor hizo su última reverencia. Aquí fueron vistos los últimos reyes y sus bellas damas, de amos y de esclavos. Vistos ahora sólo en libros, ya que no es más que el recuerdo de un sueño, una civilización que el viento se llevó.
    (…)
    Scarlett O’Hara no era bella, pero poco lo notaban los hombres cuando eran atrapados por sus encantos como los gemelos Tarleton lo fueron. En su rostro se mezclaban bruscamente los delicados rasgos de su madre, una aristócrata costera de ascendencia francesa, y los pesados rasgos de su pintoresco padre irlandés. Pero era una cara que atrapaba, de barbilla puntiaguda, y mandibula cuadrada. Sus ojos eran de un verde pálido sin un toque de almendra, estrellados con erizadas pestañas negras y ligeramente inclinadas al final. Sobre ellas sus gruesas cejas oscuras inclinadas hacia arriba, producían una asustadiza línea oblicua en su piel blanca de magnolia, esa piel tan apreciada por las mujeres del sur y tan cuidadosamente guardada con sombreros, velos y guantes del caliente sol de Georgia. “

  2. lasalamandra Says:

    Descubrí hace poco que Hasta que no pierdes tu reputación no te das cuenta de lo pesada que era ni de lo que es realmente la libertad. (Margaret Mitchell)

    http://lafierademininya.blogspot.com/

  3. lasalamandra Says:

    Margaret Mitchell. Biografia, libros, citas y guia de cine

    MARGARET MITCHELL (1900-1949)

    Margaret Mitchell, llamada Peggy entre sus más allegados, nació en la ciudad de Atlanta, Georgia (Estados Unidos), el 8 de noviembre del año 1900, hija de Mary Isabelle “Maybelle” Stephens y del abogado Eugene Muse Mitchell, ambos con ascendencia irlandesa.

    Desde comienzos de los años 20, y tras graduarse en el Smith College de Northampton, en Massachusetts, Margaret trabajó como redactora en una publicación de su localidad natal, “Atlanta Journal”. En 1922 contrajo matrimonio con Red Berrien Upshaw, un ex jugador de fútbol americano y contrabandista con quien estaría hasta 1924. Un año después se casa con John R. Marsh, el editor del “Atlanta Journal”.

    En 1926, época en la cual deja su labor como periodista, da inicio a la escritura de su única novela cuando se está recuperando de un accidente, “Lo que el viento se llevó” (1936), libro ambientado en la guerra civil estadounidense con trazas románticas que alcanzó un importante renombre internacional y que propulsó la realización de un mítico título cinematográfico, producido por David O. Selznick, dirigido por, entre otros, Victor Fleming, y protagonizado por Clark Gable, Vivien Leigh, Olivia de Havilland y Leslie Howard.
    Por este título literario Margaret obtendría el premio Pulitzer en 1937.
    En los años 90 la famosa novela de la escritora de Atlanta conocería una secuela, “Scarlett” (1991), escrita por Alexandra Ripley.

    http://www.alohacriticon.com/viajeliterario/article1210.html

  4. lasalamandra Says:

    FENÓMENO EDITORIAL

    La novela “Lo que el viento se llevó”, único libro de Margaret Mitchell, fue un fenómeno editorial. Margaret tenía apenas 26 años cuando, sufriendo de una fractura en el tobillo, se vio obligada a guardar reposo y fue entonces que decidió iniciar una narrativa que se convirtió en una novela de proporciones épicas de más de mil páginas. Margaret Mitchell había escrito “Lo que el viento se llevó”. Tardó diez largos años escribiendo sobre cómo la Guerra Civil había afectado duramente al Sur. Muchos historiadores consideran que “Lo que el viento se llevó” glorifica a los Estados Confederados de América y a la causa sureña muy especialmente porque Mitchell era originaria de Atlanta, Georgia, en el Sur, sin embargo, aunque leemos sobre los estragos que cometieron los ejércitos del Norte perjudicando para siempre al Sur y aunque leemos de la marcha brutal del general Sherman a su paso por Georgia y de cómo fue arrasando todo lo que encontraba, incluso a la ciudad de Atlanta, el libro de Margaret Mitchell no es un libro de guerra sino de supervivencia. Los personajes principales son cuatro: Scarlett O’Hara, Rhett Butler, Ashley Wilkes y Melanie Hamilton. Todos ellos aristócratas sureños aunque Rhett Butler había sido desconocido por su familia debido a varios escándalos y a un modo de vida un tanto disoluto. La monumental novela nos presenta a varios esclavos negros aunque el esclavismo no es un tema abordado por la autora. Se menciona a Abraham Lincoln solamente una vez en el primer capítulo, de manera que la novela no trata de política pero sí describe vívidamente la desolación imperante en el Sur al derrumbarse la Confederación. Las mansiones destruidas, un elegante, despreocupado y culto estilo de vida hecho pedazos…un mundo dado vuelta. Los ricos de pronto se vieron sumidos en la más desgarradora pobreza pues el dinero Confederado no valía nada, los algodonales fueron quemados por los ejércitos Federales. El Sur estaba de rodillas. Scarlett O’Hara, niña mimada y consentida, hija de un rico algodonero, de pronto tiene que enfrentarse a una vida difícil pero no se da por vencida. Decide no ver hacia atrás, decide no recordar los años despreocupados, felices y abundantes que vivió antes de la guerra, sin embargo, Ashley Wilkes, idealista, culto y soñador, se queda viviendo en el pasado, en el único mundo que había conocido…en ese mundo que el viento se llevó.

    El libro de Margaret Mitchell apareció en 1936 y a los pocos meses se habían vendido un millón trescientos ochenta y tres mil ejemplares a tres dólares cada ejemplar. Se tradujo a más de treinta idiomas y se vendió en igual número de países. Antes de estallar la Segunda Guerra Mundial en 1939 “Lo que el viento se llevó” había sido publicado en 24 países y David O. Selznick rodaba la película con Vivien Leigh en el papel de Scarlett, Clark Gable protagonizando a Rhett Butler, Leslie Howard a Ashley Wilkes y Olivia de Havilland a Melanie Hamilton. De pronto Margaret Mitchell, la tímida autora del libro, se había convertido en una celebridad mundial. Recibía cientos de cartas de admiradores en su casa de Atlanta y se comparó su libro monumental a “Guerra y Paz” de León Tolstoi, que trata de la invasión a Rusia por Napoleón. Margaret Mitchell nunca había leído “Guerra y Paz”. Otros compararon el libro de la escritora sureña a la Odisea, debido a sus características épicas y a su sencillez artística. Margaret, abrumada por la fama y la fanfarria, únicamente dijo que ella había contado un cuento, la triste realidad del Sur al ser vencido por los ejércitos Federales y de cómo algunos sureños aceptaron con resignación la nueva y dura realidad mientras otros nunca pudieron olvidar el pasado…el único Sur que habían conocido y amado. El libro de Margaret Mitchell se vendió en la India, en Egipto, en el Líbano, Irán y Etiopía. Julie Salamon en su relato sobre el Holocausto dice que su madre leyó “Lo que el viento se llevó” antes de ser enviada a Auschwitz y que ciertos pasajes del libro la ayudaron a soportar los horrores que tuvo que soportar en ese campo de concentración.

    El libro de Mitchell fue prohibido por los nazis, sin embargo, se leía en países bajo ocupación alemana como Bélgica, Holanda, Francia y Noruega. Los lectores ponían en peligro su vida pues si se los encontraba con el libro corrían el riesgo de ser ejecutados. La publicación de “Lo que el viento se llevó” fue prohibida en la Unión Soviética y no fue hasta en el año 2001 que salió a luz la traducción a cargo de Tatiana Kudriatseva. En Vietnam también estuvo prohibido pero por fin se levantó la veda en 1951.

    La película de David O. Selznick resultó en éxito espectacular y durante el resto de su vida Vivien Leigh no pudo dejar de ser Scarlett O’Hara. La película despertó más el interés del público por leer el libro. La premiere tuvo lugar en Atlanta, con la presencia de las estrellas y de Margaret Mitchell. La diminuta escritora no volvió a escribir más ya que en “Lo que el viento se llevó” lo había dicho todo. Desafortunadamente, Margaret Mitchell murió trágicamente a los 49 años en 1949 cuando se dirigía a pie de su casa al cine en Atlanta y fue atropellada por el conductor de un taxi que conducía en estado de ebriedad.

    ABRIL 21, 2007

    http://www.tiempo.hn/mostrar_noticia.php?id=26133&seccion=38

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