– Sus facciones eran duras y muy masculinas –

enero 6, 2004

 

– DESDE NAMIBIA LA TIERRA DE NADIE – xxvi –

 

Llegué a las dos de la mañana y venía de charlar un rato con mi abuela y de darle su regalo de cumpleaños. Son 77  ya y esta noche hemos tenido nuestras diferencias para no variar. ¿El tema? Lo de siempre, yo y los hombres.

– Antes no eras así. No me digas que sí, que no lo eras.

– Bueno pero ahora lo soy y me gusta

– ¿Pero no me digas que te hubieras ido también con él de hoy?

– Pues sí. Sin problemas. ¿Yo a quién tengo que rendirle cuentas? Nadie me ha pedido que me comprometa con él… Sí él llega a acercárseme y yo veo que no le huele el aliento y que no es un gilipollas y esas cosas….  y se mantiene la misma atracción que surgió cuando estaba en la ventana…, pues sí. ¿A ver si te piensas que es tan fácil que te guste alguien así, de esa manera…

– Bueno, eres terrible. ¿Y tú amiga qué dice? ¿No te dice que no hay que ser así?

– No, no me dice eso -le contesto sonriendo- pero me dijo lo mismo que tú, que soy terrible.

– Pero, ¿ves? ¿A que ella no lo hace?

– No porque ella es todo lo contrario. Yo miro y digo me gusta ese… y no me preocupa si le voy a gustar o no… Me gusta a mí y es suficiente y oye si no le gusto, mala suerte.

  

Ella empieza a pensar en las opciones que tiene y se descarta así misma; por eso siempre elige entre los que ya la han elegido… Se permite o intenta que le gusten… porque ella les gusta… Claro, que yo le digo que así no es. ¿Pero me dejas que te cuente como fue?

– Sí anda, cuéntamelo porque tú si no…

– Pues primero vimos a Laura con su abuela Pura, su prima y su tío y la cosa me dejó mal cuerpo; aunque yo le di dos besos a Pura para felicitarla por su pasado cumpleaños, eso que conste. Contradicción dijo que la vio muy seria. ¿Pero bueno, cómo querrá que esté? Es que no hay que olvidarse de que yo soy quien soy y se supone que les quiero ”levantar” a . Y luego Máximo pues como ya no importaba demasiado nada, subimos hasta el final de la calle principal, dónde terminaría el recorrido de la cabalgata y como eran las seis y diez y todavía no había ni comenzado, encontramos un buen sitio, así que nos quedamos allí. Donde Recio, ¿sabes?

– Si. ¿Pero cómo fue? ¿Lo conocías de antes?

– Ah, no. Darían como las siete menos cuarto y fui a levantar los ojos hacia un balcón  que había como a tres o cuatro metros del suelo y a mis espaldas, porque me llamó la atención una niña pequeñita que habían sentado allí en un taburete y él estaba justo detrás de ella, en el interior de la casa. Coincidimos la mirada fijamente y fue así. Pero no te imaginas lo más gracioso.

– ¿Hay algo gracioso?

– Bueno, sí. Resulta que yo estuve en ese lugar con ‘la poeta’. Es una agencia de viajes que hay en una de las casas antiguas de la calle y fue su madre o su suegra la que nos atendió (pero lo del parentesco es un suponer). Yo me moría de vergüenza…

– ¿Vergüenza? ¿Por qué?

Ya te conté como era ‘la poeta’. Nada más que la vieron entrar por la puerta no les quedó más que presinarse. Es allí donde ella organiza sus viajes y les tiene mareadísimos. Las tres empleadas cruzaban risitas y miradas entre ellas de resignación como diciendo: ‘otra vez aquí esta  loca insoportable’ y yo no podía menos que comprenderlas.

– ¿Y él, trabajará allí?

– No lo sé. Podría ser el dueño de la agencia. Por un momento bajó abajo y salió a la puerta. Ahí  fue cuando nos miramos desde la misma altura intensamente.

– ¿Bajó abajo?

– Claro. Yo sé cuando perturbo a un hombre

– ¿O sea, qué percibiste con claridad que se le revolvía algo por dentro?

– Más que algo… pienso que todo. Lo malo fue que hasta su mujer se dio cuenta.

– ¿Estaba allí?

– Sí, sentada con la niña y él era incapaz de estarse quieto. Me buscaba desde todas las ventanas y yo le encontraba pero no te creas que era un descarado. Ya sabes que eso no me gusta. Tenía sus reparos, su contención, su relativa inseguridad… Los hombres, la mayoría, son como Contradicción, valoran las opciones que tienen y entonces… deciden dejarse querer. Yo soy un depredador Alma.

– No digas eso. No te llames así. ¿No ves que pensar demasiado no es bueno? No te ha sentado bien tratar con esos hombres tan cerebrales por Internet.

– No Alma, pensar demasiado no es bueno pero ya no tiene remedio.

– Pero dime, ¿cómo era?

– Pues era como Guernika pero algo más joven y con más pelo y moreno. De corte atlético y  mediría un metro ochenta y cinco o tal vez algo más y sus  facciones eran duras, muy masculinas.

– Menos mal que será difícil que le vuelvas a ver.

– ¿Tú crees?

– ¿Piensas hacer algo?, porque yo te temo.

– No. No lo he pensado. Viví una historia hoy y la exprimí cuanto puede y el tiempo pasó volando. Todo el mundo se quejaba de frío y de cansancio menos yo y la cabalgata fue fantástica. ¿Sabes cuál es el último recuerdo de un día como el de hoy que guardo?

– No.

– Pues fue aquel en que me crucé con  Máximo. ¿Hace cuantos años de aquello? ¿Seis? Fíjate… seis años he tardado en encontrar un recuerdo nuevo que destierre aquella sensación.

reyes

Entrada Nº 26

2 Responses to “– Sus facciones eran duras y muy masculinas –”


  1. […] – ii – – Sus facciones eran duras y muy masculinas – […]

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