– Bajar la guardia y los que no quieren Negar –

enero 13, 2004

 

 – DESDE NAMIBIA LA TIERRA DE NADIE – xxxiii –

 

Ya no tanto porque han pasado horas y ya me he desahogado con mi madre, con Contradicción y con Alma pero ayer por la tarde me llevé un buen disgusto. Resulta que Gonzalo me acompañó al parque de la que él se iba caminando hacia casa y me gustó porque significa que todo está tranquilo entre nosotros y aunque tonteamos eso no supone ningún conflicto para él. Y al llegar allí me detuve en un banco a hablar con una mujer, lo que dio tiempo suficiente a que Laura y Máximo apareciesen.

Él optó por un banco oblicuo  frente a nosotras y no por la terraza del bar. Eso me agradó y Serengueti y yo nos dispusimos a contarnos lo que nos habían puesto los reyes. Casi meto la pata porque lo que menos pensaba yo después de haberme contestado en Navidades aquello de que Papa Noel estaba muerto, era que ella aún no había descubierto quién eran los reyes. Pues enumeramos y yo le enseñé mi móvil nuevo. Algo tenía que declarar, ¿no?

Hace un tiempo me había pedido el número  para llamarme a escondidas desde el baño (eso me dijo que hacía en su casa) pero cómo yo no tenía muy claro que desde ese número no hubiera hecho alguna llamada en el pasado a su casa pues… sólo le dije que no me importaba en absoluto dárselo, a condición de que obtuviera el permiso de sus padres. Lo mismo que hoy, cuando se quejó de que ya no me veía como antes. Yo sólo le dije: ‘No coincidimos pero yo vendría cuando tú quisieras’. Era sólo una manera de asegurarle lo importante que ella es para mí, una prioridad.

– Pero no tengo tu número.

– Ya sabes que si tus padres te dejan tenerlo a mí no me importa dártelo.

– Pues dámelo que ya se lo pregunto

– Es que yo prefiero que lo hables con tu madre.

– Pero ella ahora está trabajando. Tú dámelo y se lo pregunto a mi padre que está ahí sentado.

Quizás no debería pero le hice caso y se lo escribí en la pequeña libreta de hojas de colores que le había regalado previos instantes antes, y además le di una de las pegatinas en donde lo escribí para dárselo a las madres de los chicos. Luego ella se fue a hablar con su padre y él, según ella, le dijo que podía tenerlo pero sólo para utilizar en caso de emergencia y la libreta se la dejó a él. Yo no le di importancia aunque minutos después le vi tomarla y a continuación utilizar su teléfono como para registrar allí el número. Y no le di importancia porque él hace años que tiene mi otro número y jamás lo utilizó.

  

Simplemente he dejado de esperar por llamadas que lo más probable es que nunca se realicen.

Bien, nosotras seguimos a lo nuestro, hablando, riendo y acabamos jugando y corriendo por delante de él. No pensaba que ella era tan rápida. Y Máximo no parecía enfadado ni mucho menos. Hasta que llegó la hora de irse y se acercó y entonces Laura dijo que se iba a despedir de no sé quien y nos dejó solos y él me preguntó con un tono bajísimo y una media sonrisa contenida:

– ¿Por qué le diste el número de teléfono a Laura?

Me dejó helada. Yo lo había olvidado ya y había bajado la guardia… la carrera, la risa…

– Porque me lo ha pedido varias veces y lo que le dije es que debía pedirle antes permiso a su madre y a su padre…

Él hizo un gesto de negación con la cabeza tan contenido como el de la media sonrisa anterior que yo no acabé de entender y Serengueti se presentó en escena antes de que pudiera decirle que mi función en la vida no era la de educar a su hija o negarle algo que no tengo por qué negar, que eso es parte del papel paterno y que si no quería que ella tuviera mi teléfono era él quien debía haberle dicho que ‘NO’. Pero claro… a él no le gustaba negarle nada.

Daba igual,  nuestra reciente concordia se había resquebrajado como  un jarrón de porcelana roto que a la mínima opresión entre las manos amenaza con hacerse añicos, porque yo lo que me sentí fue amonestada, o peor… ¿qué quería decir?, ¿qué se lo había dado a ella para que ella se lo facilitase a él?¡Vamos hombre!. ¿O sí? (pensé conociéndome). Daba igual, me había hecho daño el reproche y yo no era como ellos, silencios y mentiras.

– Laura no puedes tener mi teléfono.

Curiosamente ella sabía, a pesar de no habernos escuchado, que esa no era una decisión mía y protestó:

– Pero papá, si dijiste que podía tenerlo para una emergencia

– Sí, para una emergencia -repitió él como aceptando.

– No venga, no puedes tenerlo. Vamos dámelo. – dije insistiendo dura yo

– Pero papá si no voy a llamarla todos los días. Te lo prometo. Sólo en caso de emergencia y mira, ni eso… yo lo tengo en casa, no pienso en él y a lo mejor hasta se me olvida…

– Venga Laura dámelo -repetí yo en un tono inexorable supongo que por la quemazón interior. Me dolía el orgullo y tenía ganas de llorar. Había recibido una reprimenda suya como si fuera una niña. Me lo tomé así.

– No lo tiene ella, lo tengo yo. -dijo él, ya como un caído, tendiéndome manso  la libreta donde yo lo había anotado

– Si lo tiene ella

Mi mano seguí extendida y Laura sacó entonces su pegatina del bolso y resignada me la puso en las manos. A continuación tomé la libreta que él me tendía y arranqué la hoja con crueldad evidente y se la entregué a él de nuevo, diciéndole a la pequeña:

– No te preocupes, ya te traeré otra pegatina donde no figure el número.

Supongo que él no se esperaba esa reacción por mi parte aunque ya debería conocerme y saber que yo no pertenezco al mundo de ‘ciencia ficción’ en el que ellos viven porque no es la primera vez que ocurre algo así. No lo sé. Fui incapaz de tener otra.

Contradicción opina que no debí de romper la hoja delante de Serengueti porque ella podría pensar que tenía la culpa de algo pero…  vamos a ver, si tengo que empezar a fingir sobre mis sentimientos entonces ¿qué podría ofrecerle yo a esa niña?

  

Serengueti sencillamente conoció la tarde de ayer una parte mía que puede que le guste o puede que no. Pero eso debe decidirlo ella porque yo tampoco tengo porqué ocultársela.

esgrima

2 Responses to “– Bajar la guardia y los que no quieren Negar –”


  1. […] – ix — Bajar la guardia y los que no quieren Negar – […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s