– El silencio es un arma que se transmite –

enero 16, 2004

 

– DESDE NAMIBIA LA TIERRA DE NADIE – xxxviii –

 

Contradicción y yo estábamos en el vestuario cuando le dije:

– Digo que no me importa pero hay algún momento en que el sexo toma las riendas y necesito tener un orgasmo como sea, ¿a ti no te sucede?

– No. No tengo ganas de nada.

– Pero se trata de ti… de aliviar la presión.

– Ya no me apetece ni eso.

Recuerdo cuando a los 20 años le expuse mis serias dudas de que el orgasmo femenino existiera y no fuese un mito inventado por los hombres. Las dos quedamos en esforzarnos más en buscarlo nosotras mismas y menos en intentar que fuesen ellos (nuestros novios con los que luego cometimos el error de casarnos porque si la falta de deseo no era una advertencia…) quienes se comportaran de la manera en que creíamos se debía comportar un hombre sexualmente atraído por una mujer…  y yo, tras no muchos días de transgresores experimentos le comuniqué con entusiasmo que lo había logrado, que era cuestión de no abandonar y de lo contrario ‘abandonarse’ y perseverar…

Ella, años más tarde, me confesó que también lo había conseguido pero que no le parecía que el orgasmo fuese para tanto… Yo recuerdo que pensé para mí que aquello era algo así como un anatema. ¿Para tanto? ¿Cómo puede decir eso? Si yo no tuviera regularmente mis orgasmos me volvería loca, y además está el sueño. El orgasmo termina por ocurrir durante el sueño y te libera de la tensión (hasta Alma lo dice). De todas formas con Contradicción no es fácil hablar de ese asunto porque es una persona muy pudorosa y le incomodan estos temas y yo la respeto.

Mientras me secaba el pelo le propuse que nos fuéramos a tomar un café.

– Si, vale. No me apetece ir a casa. Él va a estar allí.

– ¿Y por qué no vamos hasta ‘El Niza’?

– No has renunciado aún, ¿eh?

– No -dije sonriendo. Soy incapaz.

El Niza es una cafetería que frecuentaba un hombre que conocí. Fue el hombre que despertó en mí el instinto de depredación y nunca llegué a estar con él. Era veterinario y de aquella tenía 36 años, yo 26… Sé que a Contradicción no le hace demasiada gracia aquel lugar y que hubiera preferido que nos fuésemos a la cafetería del parque, donde probablemente estaría Máximo pero yo quería evitarlo. A ver… no fue por celos. Es porque me da miedo que entre los dos le vayamos a hacer daño. Yo si siento que ellos se gustan, pienso que soy lo bastante deportiva como para apartarme y dejarles a solas  pero por otro lado, intuyéndole a él y pensando que lo mío con Guernika le tiene algo fastidiado… me temo que podría intentar utilizar a mi amiga en su favor para tratar de herirme. Son historias harto antiguas y que ya  han cogido sus vicios…

– Esta  bien -aceptó ella.

Y fuimos en su coche. El Niza se encuentra en el extrarradio. Cuando llegamos, tras la barra, estaba la mujer del dueño.

– ¡Hola! -saludé yo.

– ¿Qué os pongo? -dijo ella mientras continuaba-. Desde luego por ti no pasa el tiempo. Estás ‘tan mona’ como siempre (ella es un poco cursi, como yo). Cuanto hacía que no venías por aquí…

– ¡Ah! Muchísimas gracias. Pues sí, años… ¿Y cómo estáis vosotros?

– Pues bien. No tan bien como tú pero bien.

Lo que tiene sufrido esta mujer por mi culpa cuando empecé a ir por aquel lugar a diario, con mis disfraces y trajecitos de serie norteamericana de televisión tipo ‘Melrose Place’. Creía que yo perseguía  a su marido pero no…

Entonces entraron tres tipos y cuando fui al baño no pudieron dejar de notar mi presencia como en los viejos tiempos (allí eso me resultaba fundamental para darme valor y ánimos. La mía era una ‘misión’)  y cuando nos fuimos, yo me despedí de la dueña y salí primero a la calle por delante de Contradicción

– No sé cómo lo haces pero cuando tú pasas logras que se haga un silencio -me dijo con admiración-. No dijeron nada pero los tres se quedaron mirando para ti y se callaron.

Le dije:

– Me gusta eso que acabas de decir. Tengo que escribirlo. Ha sido bonito.

Pero lo que no le dije es que pienso que el silencio es un eco. Ellos callan porque yo transmito un silencio… o tal vez que en ese espacio soy como un jaguar en la jungla, o así me siento. No me encuentro allí por casualidad, no es un deambular sin sentido. Existe una caza y un objetivo y diez años aún no son suficientes para que yo vuelva con la frente marchita…

En la jungla cuando los pájaros y los monos advierten un peligro  también callan. El silencio puede ser una señal de aviso.

En mi pasado habitan hombres que esperan que yo me encuentre a su altura. Quizás  eso último que he dicho sea un absurdo, puede, pero…

rousseau

‘La encantadora de serpientes’, ROUSSEAU

3 Responses to “– El silencio es un arma que se transmite –”

  1. lasalamandra Says:

    La encantadora de serpientes ( 1907, en París, Musée d’ Orsay), de Henri Rousseau, “el aduanero”. La mujer de honda negrura mira al espectador con unos misteriosos y penetrantes ojos sibilinos. Una serpiente se descuelga desde su cuello; otras, surgen del suelo y la selva. Y la mujer enigmática toca la flauta. Encanta. Induce una mirada de la extrañeza de la vida natural. El artista así restituye nuestra atención hacia las cosas en estado primario o salvaje.

    http://www.temakel.com/gaapoeserpientes.htm


  2. […] – xiv – – El silencio es un arma que se transmite – […]

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