– Asestar un golpe antes de recibir un golpe. Esa es la mejor ofensa –

enero 17, 2004

 

– DESDE NAMIBIA LA TIERRA DE NADIE – xxxix – 

 

Soñé otra vez con Máximo y el sueño volvió a tener tintes de pesadilla. No por parte suya, él seguía queriendo estar conmigo. Insistía en que comiera… quizás fuese que recordé, inconscientemente durante el sueño, su manera de ofrecerme patatas fritas el jueves tarde en el parque.

  

Se supone que los sueños, muchos de ellos, son una manera de reorganizar nuestros recuerdos.

La atmósfera era oscura y la sensación opresiva. Y después de todo no tan distinta de lo vivido: el parque estaba oscuro y Máximo me inquieta. No me comunica ninguna sensación de paz.

  

El daño causado en mi interior tuvo que ser muy grande para que yo sienta hacia él una desconfianza de esta magnitud. Ni siquiera he querido averiguar hasta que punto me traicionó pero me temo que no me detendré hasta que escuche de sus labios la verdad. Creo que lo necesito. Necesito comprender que sucedió.

Y por la mañana me acerqué a la tienda de informática a quejarme otra vez de la reparación. No habían solventado el problema y lo que no podía, aunque era lo único que me apetecía hacer, era eludir esa visita. Estaba el dueño. Yo creo que ese jovencito no me ha perdonado que primero me comportase como una ‘vulgar loba’ con él, el año pasado, y luego mi total desinterés de este verano (aunque se lo merecía)… Fue amable pero se protegía con una media barrera el cuerpo. Creo que le intranquilizo, que le hago sentir que pisa sobre arenas movedizas. Bien, mucho mejor así.

Aunque claro, no me extraña su actitud si se dio un paseo por mi intimidad. ¿Acaso pensaba que iba a avergonzarme yo? No, que se avergüence él que es quien la ha invadido. Es más, ahora entiendo esa media barrera y su postura.

Cuando vi venir a Máximo frente mí con las bolsas de la compra crucé por el medio de la calle para evitarle. Asestar un golpe antes de recibir un golpe. Esa es la mejor ofensa (¿o era en defensa propia?). Luego fui a mirarme un rato con Guernika que dijo:

– Mañana lloverá, verás… siempre que yo organizo algo llueve

Por la tarde  tenía previsto irme a leer ‘La escala de los mapas’ al parque (aquí en casa soy incapaz de ponerme) pero se desató  un temporal intempestivo y terminé por conocer a una anciana en apuros que me contó su historia.

anciana

4 Responses to “– Asestar un golpe antes de recibir un golpe. Esa es la mejor ofensa –”


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