– De lo que ocurre cuando no te masturban en privado –

enero 18, 2004

– DESDE NAMIBIA LA TIERRA DE NADIE – xxxx –

 

Puse el despertador a las ocho para que me diera tiempo a ponerme en funcionamiento (yo necesito horas para prepararme por las mañanas porque tengo la tensión bajísima, lo cual me hace ser muy lenta…) e ir andando hasta el lugar donde Guernika había organizado el encuentro… pero como a las nueve comenzó a granizar y decidí regresar a la cama con la almohada eléctrica. Me había acostado con una contractura en la espalda que al despertar sólo había hecho empeorar. Supuse que por mucho que el tiempo mejorara, la pista no estaría en condiciones para la hora prevista y aunque no me dormí me ensoñé recordando lo que había sucedido la noche del viernes entre nosotros.

Había acabado la clase y estábamos hablando en el muro de cuanto nos deseábamos.

  

La hora anterior nos la habíamos pasado devorándonos cómplicemente entre los otros y en silencio, con la mirada.

Yo llevaba un escote que dejaba entrever las copas negras del sujetador por las que se escapaba el nacimiento de los senos, como en esos vestidos de corte imperio que tan en boga estuvieron durante la época napoleónica y comenzó a llover con un estrépito tal, que la clase se suspendió y todo el mundo salió corriendo a atecharse bajo  el cubierto de la puerta de acceso a  las instalaciones pero Guernika se quedó a medio camino, en el lugar oscuro dónde hay una escalera de emergencia.

– ¿Quieres que te tape con el paraguas, profesor? -le pregunté  a voces siguiendo la inspiración y deteniéndome.

‘A’, el más veterano de todos, al menos se había dado cuenta porque caminaba a mi lado.

– Sí -dijo

Y yo fui regresando despacito y sonriendo hasta él y cuando llegué  sólo escuché:

– Ponte detrás de mí.

Guernika tiene un cuerpo grande, de hombre bien formado y aunque yo no soy una mujer pequeña y mi constitución también es atlética, quedé oculta por completo detrás de él que comenzó a masturbarme con su mano derecha.

Aparentemente sólo se le veía a él mirando hacia la calle pero mis compañeros continuaban atechados a unos metros y sabían que yo estaba con él. ‘A’ no podía haber resistido la tentación de comentarlo porque ‘A’ es así…

Tuve la sensación de que nos habíamos quedado atrapados y eso inundó mi torrente sanguíneo de adrenalina (o noradrelanina, no sé que constituye la diferencia) y excitación. Me diluía entre sus dedos y gemía a sus espaldas rozándole con mis pechos y pidiéndole que no se detuviese porque estaba a punto de alcanzar el orgasmo pero los demás no se movían y Guernika dijo:

– Estos están ahí controlándonos y no se van. ¿Quieres que salga yo primero?

– Sí, sí, sí, sí -contesté estremecida y alarmada porque de pronto me importaba que aquella gente se diera cuenta de mi debilidad por él. No era vergüenza. Era que ya no podría sentirme inexpugnable frente a ellos y cuando las cosas fuesen otra vez mal entre nosotros, ¿qué me quedaría?

– Sí, sí, sí, sí -repitió él como si mi tono le causase gracia y lanzándome un beso por los aires.

Y yo lo único que sé es que no cambiaría esos minutos de emoción, locura y peligro con él por horas de cama con el mejor de los amantes. ¡Dios mío! ¿Quién soy?

amantes

3 Responses to “– De lo que ocurre cuando no te masturban en privado –”


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