– DESDE NAMIBIA LA TIERRA DE NADIE – final –

febrero 21, 2004

(21/ Febrero…) 

Y en retrospectiva…

La tarde del viernes 7 de febrero regresé con Contradicción a la playa. Me planté a esperarla en la esquina del Quetzal, un bar justo a medio camino entre la casa de Guernika y la de Primo. No llovía, era improbable que lo hiciera pero yo llevaba paraguas… Quería tomar unas fotos. Y me sentía bonita y deseable

Cuando pasamos por delante del club de ‘N’, nos saludamos. Lo que fuera ya se había producido. Nuestros paseos de la semana habían logrado inquietarle. Yo puedo leer en los cuerpos a distancia, puedo leer más en el silencio que en lo que se desea transmitir de viva voz. El cuerpo callado puede ser una declaración abierta de intenciones.

Cuando llegué al parque Primo paseaba por él esperando a Serengueti que patinaba. Yo me quedé en una esquina con el abuelo de Zoe. El tipo malencarado ocupaba con obstinación mi banco. Fue Primo quien alentó a Serengueti a que se acercara a mí a saludarme. Ella no quería. Y cuando vino la recibí con cariño. Tenía que borrar la impresión que le había provocado el día anterior. El abuelo de Zoe y yo comentábamos lo de ese individuo y yo le expliqué a Serengueti (Laura) que si me encontraba extraña el motivo era ese. Había un hombre en el parque que no me dejaba en paz y yo ni me sentía cómoda ni podía relajarme.

Como es lógico ella quiso saber todos los detalles.

– Pero a lo mejor quiere ser tu amigo -me decía.

– Pero yo no quiero que lo sea. No quiero nada de él.

– ¿Por qué?

– Mira no es que le tenga miedo, pero no me gusta. Me produce algo mucho peor que el miedo.

– ¿Peor que el miedo? ¿Qué puede ser peor que el miedo?.

– ¿No te lo imaginas?

– No. Dímelo tú…

– El asco.

– ¿El asco es peor que el miedo?.

– Sí. El miedo no es malo ni bueno de por si. Es una emoción  viva pero el asco sólo es desagradable.

Y continuamos hablando, ella quería que le explicara más cosas, hasta que llegó mi hora y entonces las dos nos acercamos a Primo, que estaba sentado en un banco. Nosotros nos habíamos mirado cuando yo llegué. Luego ella había ido a pedirle permiso para patinar juntas y él dijo que sí, con la condición de poder estar presente. Acordamos ir a la pista de patinaje de la M… Me extrañó que se lo permitiera  

– ¿Pero qué haces papá? ¿Por qué estás cortando la funda del móvil con las tijeras?

– ¡Anda! -dije yo. Pero sí es verdad.

– Porque está rota y me aburría -contestó él

– Bueno, cada cual -continué yo-. ¿Pero quieres explicarle a tu hija que aquel pavo no es sano?

– ¿Pavo? ¿Pavo de Navidad? -y me guiñó el ojo-. ¿Tú sabes lo que es un pavo? -le preguntó a Serengueti

– Sí, un tío -respondió ella.

– ¿Y qué ocurre con el ‘pavo’?

– Pues que desde hace días me acosa y ella piensa que debo permitirle que sea mi amigo, como dejé que ella lo fuera. Yo trato de explicarle que eso es imposible, y que no es porque me de miedo sino porque me produce asco.

– Tu amiga tiene razón Serengueti. Es un hombre repelente. ¿Pero y tú porqué tienes esas conversaciones con la niña?

– Porque lo estaba hablando con el abuelo de Zoe cuando llegó ella y tenía que explicarle lo que me ocurría

– Pues si te pregunta dile que no te encuentras bien por lo que sea pero no le cuentes esas cosas. Dile que te hable del cole, de sus amigos, de …

– ¿Quieres que le mienta? (en el tono se percibía que no pensaba hacerlo)

– No, no se trata de eso. Se trata de que es una niña y esas conversaciones no son para ella.

– Bueno, eso es sencillo de arreglar, que no me hable y ya está…

– ¡Hombre! Eso tampoco.

Habíamos llegado al mismo punto al que llegamos hace unos años cuando él me decía que la gente era muy mala y que hablaba… Yo le contesté: ‘Pues no me hables tú y ya está…’

– Vamos a dejarlo -dijo Serengueti-. Vale ya. No discutir.

– No, no vale Serengueti. Las cosas hay que aclararlas -dije. Tú tranquila que sólo estamos dialogándolo.

Primo y yo nos mirábamos directamente a los ojos.

– ¡Mira! Está nevando -dijo entonces ella

Y nosotros no le hicimos caso. Seguimos mirándonos porque era imposible.
Hacía calor como en junio y había comenzado a soplar un viento fuerte.
¡Qué extraño se hacía en un atardecer de invierno!
Cuando me alejé de ellos me di cuenta de que atravesaba una lluvia de flores.
No era nieve. Los ciruelos habían florecido a finales de enero.

Al día siguiente, el sábado, regresé. Serengueti estaba con su prima y su abuela y luego llegó él. Fue cuando me dijo que confiaba en mi criterio y que conmigo sabía que las dejaba en buenas manos

himba

Fin de la bitácora ‘Desde Namibia, ‘la tierra de nadie, en el idioma nama.

One Response to “– DESDE NAMIBIA LA TIERRA DE NADIE – final –”

  1. lasalamandra Says:

    Este sería el post número 60 de esa bitácora.

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