EL DESAPEGO

febrero 21, 2004

sábado, 21 de febrero del 2004

Estuve en el parque. Antes de presentarme ante Alma pasé por allí. No era el mismo parque en el que leo, en el que me encuentro con Serengueti, en el que descubro a ese Primo roído por la carcoma del inexorable paso del tiempo. No era el mismo parque  pero me di cuenta que estuve en un parque tan honesto como ése, tan irreprochable. Parques de familia, parques de paseo de perro, de jubilados caminantes… parques sin huecos para asilar a amantes furtivos devorados por el fuego febril de la noche o de sus cuerpos. Quería tomar una foto a la luz del día de la posición que habíamos ocupado Guernika y yo trece horas antes… quería eso y estudiar el parque en busca de su zona en penumbra, la que yo recordaba haber visto entre unos árboles pero que resultó no existir.

Era aún temprano. Las diez y media de la mañana y había comenzado a llover pero no pude retratar el trozo de muro. Un escalofrío.  Era un señal. Había un hombre allí  esperándome con una botella envuelta en una bolsa de papel de la que bebía. Detuve mis pasos. Daba una o dos vueltas en el sentido de las agujas del reloj, me observaba con  recelo o intención y se echaba un trago al gaznate. Le reconocí, sí, ¿pero de qué? Era la primera vez que  le veía o tal vez no había reparado en él antes… uno suele ver sólo lo que quiere mientras se lo permite su percepción selectiva… ¿Quizás me recordaba una escena de película americana? No suelo sentarme en butacas de patio y tampoco veo mucho la televisión por eso de lo poco que veo, por porcentajes, es más posible que no conozca a los transeúntes sin techo del cine europeo. Pero resulta que el alcoholismo y la mala suerte  son universales porque luego en el centro de la ciudad veo otro hombre, en otro parque intachable, bajo la misma lluvia, que da las mismas vueltas en el sentido del reloj antes de echarse un trago  igual que los otros en el gaznate; aunque esta vez la botella esté envuelta en una bolsa de plástico. ¿Pero dónde estaba el Sena? ‘Clochard’, esa era la palabra. Eran clochards y les reconocía por haber leído un libro, ‘La leyenda del Santo bebedor’ de Joseph Roth. Y pensé en Lemprier. Allí estaba otra vez la ‘Casualidad’ apuntando con su dedo a la ‘No casualidad’ de la noche anterior. Acusándola.

 Fue Lemprier  quien me recomendó el libro de Roth y quien dijo: <<Un día habrá alguien al que eches de tu lado y seguirá ahí aunque le des la espalda pero no seré yo. Alguien al que no podrás apartar de ti aunque quieras>>. Y algo parecido me había repetido Guernika el viernes  de la semana pasada: <<Te has librado de todo el mundo… menos de mí >>.

‘La leyenda del Santo Bebedor’ fue el libro que le presté a Enate junto con la seda de A. Baricco y que no me retornó. ‘Seda’ fue un regalo pero Roth no.  Me fui de su vida antes de que pudiera regresármelo, dándolo por perdido… Y es triste, quizás lo es, pero ese era su valor y así es mi desapego.

CLOCHARD

2 Responses to “EL DESAPEGO”

  1. lasalamandra Says:

    No he encontrado una definición de clochard, ni siquiera en los diccionarios de francés que tengo. La internet informa en cambio que en la Sorbona alguien se ocupo de establecer la filosofía de los clochard. Muy típico de las universidades y sus académicos. No importa sin embargo que los diccionarios no se hayan ocupado de definirlos. Existen, se hacen notar y le dan color y gracia a las calles. A Libélula se acerca desde hace muchos años uno que regala o cambia flores. Flores que le obsequian en las floristerías, y que han desechado porque tienen algún defecto. Lee todo lo que se le atraviese, puede ser que ingiera alguna sustancia espirituosa y pocas veces se baña. El viernes pasado regreso, después de varios días de ausencia. Llegó con sus flores, le obsequió una a mi hija y otra a su amiguita, y ante mi pregunta por su ausencia solo me dijo: “es que el restaurante donde como queda a unos pasos del hotel donde duermo, y he preferido en los últimos días guardar reposo. Solo salgo a comer y regreso a descansar”. Pidió algo para leer, sonrió como lo hace siempre: cubriéndose las caries y la falta de algunos dientes, y se fue arrastrando los zapatos que le quedan un poco grandes. (pfa)

    Publicado por Libélula libros at 17:52

    http://libelulalibros.blogspot.com/2006/11/un-clochard.html

  2. lasalamandra Says:

    Clocharista: del francés clochard. Propio de vagabundos, mendigos, sin techo y bohemios.

    http://www.astrud.com/marginales/?pag=clochard&id=clocharismo

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