DISCREPANCIAS FAMILIARES

febrero 22, 2004

Cuarta anotación del domingo 22 de febrero…

Seis y media de la tarde. Serengueti y su prima Maria disfrazadas de fantasía jugaban a la puerta de la cafetería del parque. Con ellas también estaban las gemelas vestidas con su habitual abrigo morado de capucha y otra niña que llevaba puesto un traje de caballito con cabeza incluida. Tardaron unos minutos en verme pero Serengueti fue la primera que me descubrió y echó a correr hacia mí presa de una gran excitación.

– Tengo que contarte un secreto -me dijo para a continuación pedirle a las otras y a gritos que se fueran (excepto a Maria)

Pero no le dio tiempo siquiera a comenzar porque su padre, su madre, Nuria, y su abuela paterna, Pura, atravesaban las puertas de la cafetería dirigiéndose hacia nosotras.

Nuria antes de saludarme dijo:

– Venga niñas… levantaros que nos vamos a la plaza del ayuntamiento.

Luego me miró y añadió un ‘hola’ bastante severo al que yo correspondí del mejor talante. La ausencia de reacción emocional alguna por mi parte lo facilitó

– ¡NO QUIERO IRME DEL PARQUE! Marcharos vosotros que yo me quedo aquí. -le replicó una Laura tajante a su madre

– Yo tampoco quiero irme -canturreo enfurruñada María. Quiero quedarme con …

Se refería a mí.

– No, no, – exclamé yo previendo la tormenta que se avecinaba-, tenéis que iros a la plaza que yo vengo de allí y hay mucho ambiente. Ya veréis como os lo pasáis muy bien.

– ¡NO PIENSO IRME DE AQUÍ! – repitió una Serengueti sentada a mi lado en postura de brazos cruzados.

Primo que había prestado atención a mi comentario me hizo una pregunta apoyando más bien el sentido de mi afirmación.

– ¿Así que está bien lo de la plaza, eh? ¿Hay un desfile, no?

– No pero hay un escenario y música. No sé muy bien de qué pero la plaza está llena de gente. El desfile será el martes

– ¡Serengueti! Haz el favor de levantarte inmediatamente. -repitió su madre

– NO, NO, y NO -pronunció su hija con obstinación

Primo buscó la receptividad de mis ojos y yo le miré. Era como si quisiera decirme: ‘¿Ves? No te mentí. Ahí tienes de lo que te hablaba: la prueba de lo poco razonable que ella es con nosotros’

Pero yo eso ya lo imaginaba así que no me sorprendía y decidí seguir colaborando con ellos para lograr que Serengueti admitiese irse por las buenas en un intento de evitar que se montase en el parque una escena familiar y terminaran por cargarme a mí con el muerto.

– Uno. Dos. -comenzó a contar Nuria apretando los puños-. Treeees. – y los dientes-. Mira Serengueti que no quiero llegar a cuatro.

Ni me lo pensé me levanté del banco como un resorte y tiré de ella de la mano logrando que se levantase conmigo. Estaba poniendo a su madre contra las cuerdas y provocando de esa manera un enfrentamiento entre ella y yo. O al menos, así lo tradujo Contradicción cuando se lo conté.

Primo volvió a mirarme a los ojos con profundidad intentando leer en ellos mi estado interno pero yo continuaba tranquila y sin alterarme. Es más, esta situación  que en las etapas predecentes de mi vida me hubiera resultado, sin duda alguna, insostenible, en aquel instante diría  yo que hasta me causaba cierta gracia. Era su problema, el de ellos, no el mío…

Tomé a Maria, que seguía insistiendo en que quería que todos se quedaran porque ella nunca podía verme, por la carita y le di un beso cariñoso en la mejilla prometiéndole que el lunes sin falta, por la mañana, me pasaría por el parque a verlas a las dos.

– No, no, que no vendrás. Ya verás como no.

– ¡María! Si yo te prometo que mañana por la mañana vendré… puedes jurar que será así. ¿Verdad Laura?. Dile a María que yo no falto a mi palabra.

Primo no había intervenido. Se limitó a quedarse  quieto tras su mujer y  a callar. En eso Serengueti le llevaba ventaja. Ella, a pesar de ser una niña, aún podía permitirse el innegable lujo de negociar su libertad. Así que el domingo por la tarde, por fin, tuve el placer entrecomillas de comprobar por mi misma como de insoportable es su levedad…

La última imagen  que conservo de ese día es una de Nuria tomando acogedora por los hombros a María en un intento de mostrarse cálida con ella pero no sé por qué entonces lo que logró fue transmitirme la sensación de que eso era más porque lo presenciara yo que porque esa fuera su costumbre

NIÑA

MARÍA FABRE

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s