LA PRECOCIDAD

febrero 27, 2004

 
Viernes, 27 de febrero del 2004

Acabo de recordar que cuando era pequeña, unos nueve años ( y más o menos hasta los 14 o 15) contaba con un recurso infalible para solventar el tema de los ‘pretendientes fastidiosos’.

Le vendía el interfecto a cualquier amiga, le hablaba maravillas de su persona con tal de deshacerme de él. Entonces ella me preguntaba:
– ¿Y si es tan bueno por qué no lo quieres para ti?
– Porque yo no soy lo bastante buena para él, o yo no me lo merezco, o…. y además tú ya sabes que me gusta otro … ( Luisito, el hermano mayor de mi vecina y ”mejor amiga”, de quien me enamoré con tan sólo ocho años) -afirmaba.

Entonces esperaba a que ella le concediese una mínima oportunidad. Que si iba a ser… iba a ser pronto porque no sé porqué motivo el ardid perdía su eficacia con el tiempo; como mucho todo sucedía en un par de días. Y ‘ellos’ siempre solían mostrarse interesados por el súbito interés que se había despertado en la amiga en cuestión (y si no, ya me encargaba yo de ello). ¡Ay la curiosidad! Así que cuando cometían el mínimo desliz de prestarle atención a la otra, yo ya tenía la excusa perfecta para pasaportarlos sin piedad. Y eso hice con unos cuántos.  Entre ellos Jesús (el amigo huérfano de Luisito, Juanjo, Artacho, Ramon Luis, Jorge, Tino, etc…)

Y cuando eso dejó de funcionar porque, claro, las personas cuando prestamos atención acabamos conociendo y aprendiendo los métodos de los demás por muy sofisticados que estos sean….  fue cuando comencé a solicitar la colaboración del elenco femenino de la trama.  ¡Bah, mujeres!, que dirían los hombres

Ahora bien, pregunto: ¿el mío era un comportamiento insólitamente inteligente o ese es el comportamiento estandar en la generalidad de las mujeres desde que nacen?

 No, de verdad que no lo sé, porque yo con quien suelo hablar de estas cosas es con Contradicción y ella pone cara de escandalo cuando le menciono extrañada aquello de que si es cierto que ella no mantuvo relaciones sexuales desde los ocho años… porque yo creía  que Todos (osea T-O-D-O-S) las  habíamos mantenido, y esa era una etapa más, una normal, dentro del desarrollo. Pero desde que me trato con Serengueti nadie imagina lo contenta que me siento porque eso no sea así.

No recuerdo quien decía que ni todas las realidades son buenas de vivir, ni todas las verdades buenas de decir. ¿No es cierto?

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