NADERIAS

febrero 27, 2004

viernes, 27 de febrero del 2004(2h07’)

Es de madrugada. Hoy se me hace definitivamente tarde pero quería antes de irme a dormir unas horas, dejar escritos unos apuntes de la jornada de ayer.  

Poca cosa. Por ejemplo que no vino Alberto y yo respiré. Ayer no tenía yo el ánimo para asedios. Contradicción me llamó a las tres para decirme que por la mañana había leído lo de mi enfado y que le daba la sensación de que en mí había una confusión de sentimientos. Me sorprendió escucharle eso porque yo no lo experimento así. ¿De verdad doy esa impresión? Yo aproveché y le comenté lo del libro que estoy leyendo. Me parece acertadísimo que el Maestro de Paulo le recuerde aquello de que SIEMPRE DESTRUIMOS LO QUE MÁS AMAMOS…

A la actividad llegué con unos diez minutos de adelanto. Me causó gracia la expresión de algunas personas que escuchaban nuestra animada conversación, la mía con los chavales. Para ellos (esas personas) sólo lo que yo decía era  inteligible. Ahora eso me resulta divertido porque  ya no suelo tener ningún problema para entenderles, pero al principio… ¡Dios mío!, al principio era terrible. Hasta vergüenza me daba mi incapacidad.

La hora estuvo muy bien. Fue divertido y sin tanta carrera como suele ser habitual. A la salida no miré ni por un segundo hacia recepción; ni siquiera por el espejo y además si Guernika me vio, que es lo más posible, pudo observar cómo coqueteaba con Gonzalo. No era así pero yo quería que lo pareciera. Le esperé y me fui caminando con él. Craso error porque me doy cuenta de que él y yo no tenemos nada que hablar y forcé un diálogo un tanto absurdo. En realidad no entiendo cómo se puede ser creyente y practicante y no haber pensado nunca como son el cielo y el infierno y cómo son las tinieblas…

Cuando llegamos al parque y nos separamos volví a respirar aliviada. Me senté en el banco y abrí inmediatamente el libro.  No miré como Gonzalo me miraba pero creo que me miraba… Y agradecí la lluvia que comenzó a caer a las seis y media.  Ayer tampoco me apetecía ver a Laura y tener que prestarle atención. Me sentía ensimismada y quería sentirme así. Como mucho, el único esfuerzo que estaba dispuesta a hacer… era el de la lectura.

Pero la lluvia forzó un paseo que disfruté. Hubiera sido eso o  tener que regresar a casa. Así que decidí llegar por lo menos hasta la plaza del ayuntamiento y  luego… Yo creo que nunca he mirado tantos escaparates. Menos mal que no llevaba dinero porque creo que hubiera sentido una necesidad compulsiva de comprarme alguna cosa estúpida e innecesaria.

A las siete y media crucé la puerta de las instalaciones y me resguardé en el interior del edificio. Me senté en las escaleras, saqué, de nuevo, el libro y me puse a leer. Estaba concentrada porque no vi a Guernika hasta que se encontraba muy cerca, en el camino. Pero en el mismo instante en que le vi… torcí la cara. Fue un impulso no premeditado. Aún me sentía dolida por su actitud de ayer y ¿no fue él quién me había tratado como  a una sumisa a la que se le ordena retirarse? Pues bien, la sumisa le había hecho caso y no pensaba molestarle.

Él traspasó las puertas también sin mirarme. Supongo que el verme leyendo le había tranquilizado bastante (saber lo que hacía).  Tomó la dirección de la conserjería y se estuvo allí dentro, creo, un buen rato. Casi diez minutos. Luego salió otra vez sin mirar y se fue hacia la pista. Es orgulloso. La madre de Alba no apareció y no sé bien por qué… ¿Por qué no coincidió que viniese a buscarla?, ¿o tal vez, por qué  antes de ayer , cuando yo me fui, Guernika  no se puso precisamente de buen humor?

No lo escribí aquí, porque  se me hacía muy tarde y me sentía cansada pero ayer al mediodía también le conté a Contradicción,  como al cruzar la carretera e internarme en el parque (en el mismo que estuvimos juntos el otro día) sentí su voz grave, la de Guernika, con nitidez: <<¿pero dónde vas? – me gritó-. No te marches así>>. Imaginaciones tuyas, me dije. Es imposible que le hayas escuchado. ¿Pero cómo de imposible? ¿Había sucedido realmente o no? Lo que Contradicción me recordó fue que ya otras veces he tenido percepciones extrañas (incluso telepáticas), y que le da la sensación, por el carácter de mis sueños y mis experiencias, de que ando, de nuevo, inmersa en universos sutiles y mundos invisibles. De hecho le huelo a él por todas partes, como antes… incluso en las esquinas de la calle por dónde ha pasado hace minutos; en las galerías y los pasillos, incluso en el aire, en los pliegues de mi piel… en mi ropa, en mis manos pero no sé porqué razón no soy capaz de olerle aún en mi pelo

Cuando dio la hora me acerqué a la pista.

– ¿Vamos a tener clase? -le pregunté como a alguien con el que no se tiene demasiada confianza,  como una mera cursillista.

– Juan llamó hace un rato y le dije que iba haberla. -me contestó procurando sujetar las riendas de su enfado

– Bien… -y me di la vuelta en el muro dispuesta a esperar

Pero al minuto comenzó a llover y él regresó

–  Está lloviendo, ¿no? -me dijo

– Eso parece -le contesté yo.

Y cuando entró a la pista a recoger sus cosas, yo volví a irme sin mirar hacia atrás porque no quise verme convertida en estatua de sal.

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