LOS APUROS

febrero 29, 2004

Segunda anotación del domingo 29 de febrero

Esta semana llevo un retraso grande de acontecimientos descritos. Es más, yo diría que  eso me sucede desde el día del ”torneo”. ¿Por qué no me habré detenido aún sobre aquel día?

Da igual. Allí puedo regresar cuando quiera porque aquel fue el día en que lo mas íntimo y querido que yo había deseado durante todos estos años prometía materializarse. Y cuando digo años hay que remontarse a la época de mi adolescencia.

El lunes cuando me encontraba con Gonzalo desarrollando la actividad se presentó Guernika. También había deseado eso. Me hizo una seña y me levanté. Estábamos haciendo unos ejercicios en el suelo.

Cuando llegué hasta él me preguntó la hora a la que terminábamos. A las seis, le contesté yo.

– Bien, pues te espero a las seis y cuarto con la puerta abierta…

Se trataba de regresar allí dentro, al interior del vestuario. Y esa era otra de las cosas que me ha había jurado no volver hacer: traspasar ese límite y esas puertas

Pero Guernika se había ido y yo, sin saber bien  si quería volver a pasar por aquello, había aceptado. Cuando regresé al suelo Gonzalo no me preguntó nada pero me hizo notar que me había confundido un par de veces durante el ejercicio. Seguro que si hubiera sido otro miembro de las instalaciones me habría  comentado  algo abiertamente… pero de Guernika si no lo sabe,  sospecha… además a mí después  que se fue  se me nubló el semblante. Me sumí en una penumbra opaca y aunque era consciente de ello, poco o nada podía hacer por evitarlo.

Cuando finalizamos la sesión subimos juntos a guardar las cosas pero entonces volví a ver a Guernika mirando hacia nosotros desde el exterior, al  lugar en el que nos encontrábamos y ya fui incapaz de articular ni media palabra:

– Venga cuéntame eso que quiero saber de qué se ríe el ser humano – Gonzalo me pedía que le explicara  bien  lo de la comida del domingo. Era consciente de mi apuro, y me  alentaba a hablar;  precisamente porque se daba cuenta de mi intenso estado de turbación. ¿Y yo? Yo estuve a punto de decirle: <<¿No lo comprendes?, dentro de unos minutos me reuniré con él y haremos el amor. No puedo pensar más que en eso. No puedo pensar>>. Pero sólo le dije: – El próximo día te lo cuento.

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