LO ROJO Y LO PALIDO

marzo 2, 2004

Segunda anotación del martes 02 de marzo (09h38’)

Como tenía que ir a pedir las llaves suponía que le vería pronto. Así fue. Se hallaba en una silla, tras el funcionario de turno. Hubo un intento de sonreírnos tímidamente o alegrarnos (yo iba predispuesta a ello) pero él lo estropeó pronto, cuando dirigió su atención momentánea hacia lo que había a mi lado; dos mujeres hablando y una miraba hacia él. No logré no sentirme, justo, como si hubiera llegado, de una manera inoportuna, a interrumpir lo que pudiera estar desarrollándose entre ellos y, en cambio, me sentí estúpida hasta la médula y para mi bochorno percibí con horror como un rubor incandescente me trepaba por el cuello hasta teñirme la cara y el nacimiento del cabello de un llamativo púrpura delator. Guernika tenía que estar notándomelo porque era indisimulable. Mi reacción, en un esfuerzo vano, fue la de intentar ocultarlo; por eso agaché la cabeza y me parapeté tras el folio blanco que anunciaba los horarios de ‘noséquecondenadactividadelclubdetiro’.

No recordaba ya cuándo fue la última vez que me sucedió eso, pero tuvo que ser hace muchos, muchos años. Encima tuve que estarme allí esperando, a que la jovencita que me precedía terminase su consulta, durante un par de minutos y a mí me daba la sensación de que a cada segundo el color de la prueba de mi vergüenza se hacía más patente. Fuego, eso era lo que sentía, debilidad en las piernas y en el estómago y arder la cara. Maldije interiormente mi puñetera y nauseabunda debilidad (porque encima no estaba ni indignada) y me cagué (con perdón, pero lo que cuenta para mí es la exactitud descriptiva del diálogo interior) en todos mis muertos y hasta en mi patética sombra. <<Es que enamorarte de un indeseable no se te puede ocurrir más que a ti, ¡Idiota!, que eso es lo que eres, idiota, y absurda…>>. Y no sé porqué recordé los versos de Tirso:

¿Cómo Amor te llaman ciego si te engendras de mirar?

¿Por que tiemblas al hablar si te dan nombre de Fuego?

Nunca había entendido a qué se refería esa segunda interrogación hasta ese momento. ¿Y cómo continuaba?. Ah!, sí…

¿Por qué quitas el sosiego si el mundo paz te ha llamado?

Pero cuándo me miré al espejo del cuarto, a los pocos minutos, me sorprendió verme tan pálida. Yo seguía sintiendo las mejillas y la frente incendiadas. ¡Qué extrañas pueden llegar a ser nuestras percepciones subjetivas y qué diferentes de la realidad!.

De lo que no me cabe la menor duda es que después del incidente, él se derrumbó conmigo. Y no entro ahora en explicar los detalles del por qué… Pensándolo bien, alguien debería castigarle a escribir mil y un veces en el encerado algo como esto:

‘Si sigues así, gilipollas, terminarás estropeándolo todo aunque ella haga milagros’

A ver si con esas, caía en la cuenta de que cobarde se escribe con ‘b’ de baldío y no con ‘v’ de valiente, victoria, o vencidos.

Aunque pensándolo mejor , y en cuanto a él, de qué me ha servido a mí escribir todo lo que llevo escrito….

No hay colegio, ni escuela, ni internado, ni universidad que te enseñe a sortear ‘lo inevitable’.

RUBOR

3 Responses to “LO ROJO Y LO PALIDO”

  1. lasalamandra Says:

    RUBOR & VERGÜENZA

    Qué es el rubor?

    El enrojecimiento o rubor en la cara es resultado de la vasocompresión (encogimiento) de los capilares (pequeñas arterias) sanguíneos que irrigan las zonas de la cara, especialmente de las mejillas y las orejas.

    Por qué se produce el rubor?

    La vasocompresión de las arterias cumple distintas funciones.

    Al disminuir el caudal de los conductos por donde circula la sangre se consigue con ello el aumento de la presión sanguínea. Con ello la sangre circula a mayor velocidad.

    Los líquidos, a diferencia de los cuerpos sólidos, retienen mejor el calor (de ahí que en zonas costeras haya siempre mejor temperatura que en regiones del interior). El sistema de refrigeración de una nevera puede servirnos de ejemplo para explicar la doble función que la sangre, como cuerpo líquido, ejerce como uno de los sistemas reguladores de la temperatura que tiene nuestro organismo para mantenerse a una temperatura constante (36′ 5 C).

    A diario exponemos nuestro cuerpo en pocos segundos a cambios de temperatura que oscilan distintos grados, como ocurre al pasar de un lugar soleado a una sombra, del exterior de la calle al interior de una vivienda, etc. Este desfase de temperaturas tiene que ser rápidamente corregido por el organismo sino quiere alterar el mecanismo de sus funciones vitales.

    Así, cuando nuestro cuerpo esta con la estufa encendida, o sea, produciendo calor para contrarrestar el frío de 3 grados que hace en la calle, al entrar en una vivienda, con una temperatura de 21 grados, tiene rápidamente que disminuir su sistema y deshacerse de parte de la temperatura sobrante que estaba produciendo y que ahora ya no es necesaria.

    El acaloramiento, sofoco y enrojecimiento que entonces experimentamos en la cara, especialmente mejillas y orejas, (mayor cuanto mayor es la diferencia de temperaturas) es el calor sobrante que tiene que disiparse a través del intercambio entre dos cuerpos (aire de la habitación y cuerpo ).

    Por qué me ruborizo cuando estoy nervioso?

    La vasocompresión consigue que la sangre circule a mayor velocidad permitiendo una mayor frecuencia en el trasvase de nutrientes y oxígeno a las células del cuerpo. De este modo el cuerpo, más alimentado y oxigenado, puede iniciar con todas las garantías una acción de emergencia.

    Las acciones de emergencia son aquellas reacciones que tenemos ante situaciones extremas de peligro.

    De forma natural el hombre ante la detección de un peligro enciende motores para una posible acción de urgencia. Es entonces cuando notamos que se acelera nuestro corazón y aumenta nuestra frecuencia respiratoria. A la vez, y sin que lo advirtamos, se activan otros procesos en el interior de nuestro organismo como es la liberación de adrenalina por la cápsulas suprarrenales, la secreción de jugos (ph+) en el estómago y la constricción de los vasos sanguíneos para proveer a nuestros músculos de una ración extra de nutrientes y oxígeno, por si acaso … y provocando, como efecto colateral, la aparición del rubor.

    Por qué me acaloro y me ruborizo?

    El miedo es la reacción que experimentamos ante la detección de un peligro inmediato (un perro amenazador, un delincuente, una falsa maniobra)

    El hombre mejor que ninguno de los seres vivos del planeta es capaz de adelantarse a la aparición del peligro y poder de este modo, prepararse y actuar antes de que este aparezca realmente (las huellas de un lobo, el olor a gas, la puerta de la entrada abierta, los malas resultados económicos de la empresa, la tensión social de mi país, …)

    Las preocupaciones que tenemos diariamente son los temores o ansiedades ante los peligros potenciales que acechan con llegar a cumplirse (terminaré bien el trabajo? estará mi jefe contento conmigo? Podré llegar a fin de mes? …)

    Estas preocupaciones o ansiedades son las responsables de la activación de mi organismo ante la señal de alarma que provocan, generando fenómenos colaterales variados como los efectos de calentamiento que pueden convertirse en rubor.

    Por qué a veces me ruborizo mucho?

    Como con el resto de las emociones (tristeza, alegría, etc.) estaré más o menos ansioso o nervioso según lo peligroso y lo próximo que esté lo que temo por llegar. Así ante un compromiso importante estaré más nervioso (lo recordaré más veces) días antes que las semanas antes, estaré más nervioso unas horas antes que unos días antes, … Cuanto más nervioso esté mayor será la reacción de alerta de mi organismo y más intenso será mi rubor.

    Por qué otros nunca se ruborizan?

    Si bien es cierto que hay personas más propensas a ruborizarse que otras, puesto que hay personas más ansiosas que otras, no es cierto que existan personas que NUNCA se ruboricen. La sensación de acaloramiento que todos sufrimos especialmente al experimentar vergüenza no siempre se traduce en un enrojecimiento de la piel puesto que factores como el color o la finura de la piel determinan en gran medida el ser fenómenos mejor o apenas observados.

    Por qué me ruborizo si antes no me pasaba?

    La respuesta es porqué he aprendido a ruborizarme cuando me pongo nervioso.

    El aprendizaje de cualquier habilidad es un proceso lento que se adquiere con la repetición (andar, escribir, leer, conducir, etc.) Para ello simplemente basta practicar un suficiente número de veces.

    El rubor es en sí una respuesta natural de nuestro cuerpo al experimentar tensión, como puede ser la sudoración de las manos o las ganas de orinar.

    Antes o después todos hemos reaccionado sonrojándonos en alguna ocasión.

    Si yo no le doy mayor importancia, incluso si ni siquiera me fijo en ello, es probable que pase tiempo antes de que vuelva a ruborizarme otra vez. Pero si un día sonrojado me siento especialmente incómodo es probable que para la próxima vez que me sienta ansioso recuerde y repita el rubor de la vez anterior. No siempre que me ponga tenso voy a sonrojarme, pero sí cada vez que lo haga voy a ir tendiendo (aprendiendo, habituándome, acostumbrándome) a reaccionar de este modo.

    Los que se sonrojan son tímidos?

    La persona tímida siente ansiedad (vergüenza) cuando se ve o se sabe observado. Su preocupación es cómo me verán los demás? temiendo siempre no conseguir la aprobación de los otros.

    Sonrojarse representa para la persona tímida una manera de delatarse o de llamar la atención. Algo que en ningún caso desea. Así fácilmente la persona tímida está más atenta a la aparición del rubor que otra persona y de este modo, sin desearlo, aprende con mayor facilidad a reaccionar de este modo. Por eso las personas tímidas tienden a ruborizarse con más frecuencia.

    Cuándo el rubor es un problema?

    Cuando el rubor deja de ser una reacción normal a una tensión y se convierte en la fuente de la tensión misma.

    Normal: Tensión — Rubor

    Problema: Rubor — Tensión — Rubor

    Hablamos entonces de problema cuando pasa a ser una preocupación, un temor más (en este caso miedo a que aparezca) y que provoca que este temor al rubor genere su aparición.

    Por qué me siento tan mal cuando me sonrojo?

    Porque pienso que cuando me ruborizo estoy llamando la atención de la gente.

    Y porque descubro que no sé controlar la aparición del rubor.

    Por qué a veces dura mucho rato?

    Por que el acaloramiento que sentimos en la cara es ya motivo suficiente para estar tensos y provocar más acaloramiento. Se genera el fenómeno del pez que se muerde la cola, pues la mera aparición del rubor provoca la tensión que alimenta el rubor. El fenómeno se mantiene tanto rato como prestemos atención al acaloramiento y se interrumpirá cuando nuestra atención se dirija durante un tiempo mínimo hacia otros asuntos.

    Por qué en los mismos lugares y situaciones?

    Por que donde tengo más miedo de ruborizarme es en esos lugares y situaciones. Precisamente ahí donde pienso que sería el peor lugar o la peor situación en la que pudiera aparecer mi rubor es donde ese miedo es el que provoca lo que más temo, sonrojarme. El hecho de estar nerviosos por si nos ruborizamos al entrar en esos sitios es la tensión que dispara como una espoleta obligando al cuerpo a reaccionar ruborizándose.

    Cómo puedo evitar tener miedo?

    El miedo tiene la tendencia a magnificarse cuando no está presente lo temido. El refrán No es tan fiero el león como lo pintan da una idea de lo que ocurre con las cosas que nos asustan o nos desagradan. El jefe es menos ogro cuando lo conocemos que el primer día que lo vemos, el examen de conducir es menos difícil cuando lo hemos hecho que antes de hacerlo, etc.

    La expresión Más vale malo conocido que bueno por conocer da idea que tememos siempre más aquello que desconocemos que lo que conocemos. En la medida que conocemos lo que tememos conseguimos perderle el respeto y el miedo.

    Sólo enfrentándome puedo vencer el miedo?

    Sí, el único modo que tiene una persona para vencer sus temores es enfrentándose a ellos.

    Imaginemos a una persona que nadando en la playa traga un poco de agua y se asusta pensando podía haberse ahogado. Después de este episodio entenderemos fácilmente sus resistencias a meterse de nuevo en el agua; ha cogido miedo de ahogarse.Lo peor que puede hacer esta persona es decidir dejarse vencer por sus temores no lanzándose al agua y dejarlo para una mejor ocasión. Cuando vuelva y quiera enfrentarse de nuevo a su miedo recordará lo mal que lo pasó la ocasión pasada y con toda probabilidad pensará que lo más prudente será dejarlo para cuando se le pase el miedo. No sabe que siempre que vuelva decidido a echarse al agua recordará el episodio que originó su temor. Pero no sólo eso, sino que además concebirá inadvertidamente, que si ha sido vencido tantas veces por el miedo es porque ese miedo es mayor de lo que suponía en un principio. Y efectivamente lo es, puesto que va sumándose y aumentando a medida que es vencido por su temor.

    Qué ocurre si evito enfrentarme a lo que temo?

    Como decíamos muchas personas, antes que enfrentarse a lo que temen, prefieren evitarlo. Con ello consiguen no sólo no acallar su miedo sino agrandarlo. Pero no sólo eso, sino que evitándolo alteran la marcha normal de las cosas. Por evitarme un mal trago AHORA pago las consecuencias DESPUÉS. Las personas que se ruborizan tienden a evitar las situaciones de contacto personal que provocan que se sonrojen y sin advertirlo van tendiendo al aislamiento.

    Cuánto puedo tardar en recuperar el control?

    Cuando se habla de aprendizaje nunca se puede hablar con precisión de tiempo. Recuperar el control emocional del miedo es una tarea que requiere el curso de unos meses hasta medio año. Existen progresos que van haciéndose más patentes conforme pasa el tiempo. Siendo en un principio más lentos y agilizándose posteriormente para ralentizarse finalmente. Las progresiones con frecuencia se acompañan de recaídas pasajeras pero importantes por ser puntos difíciles de traspasar sin alguna imperfección.

  2. lasalamandra Says:

    El candor lo asociamos a un a persona bien predispuesta, sin cálculos, que no capta las dobles intenciones, que le cuesta entender que existela mentira, el disimulo, la manipulación y el abuso. Está en un limbo, en estado de tierno brote al que aún no se exige nada y del que se acepta con complacencia su naturaleza dormida.

    Ese estado de bondad inocente no es contemplado ni es fruto de un defecto, mas al contrario, es alabado como corrección, puntual cumplimento de las normas y deseos de los demás.

    Su asombro frente al mal le dificulta reaccionar, le impide descreer por lo que ven sus ojos, confiando que debe haber más allá, en el fondo, algo aceptable y sensato que explique el malentendido y que los malos en realidad son buenos disimulados.

    Las voces potentes y asertivas le conmueven como un mandato al que se ha de someter por su propio reflejo de no provocar conflictos, de ser persona buena, santa y complaciente. En cambio, irritar y contradecir es algo para ella impensable, tormenta que todo lo desquiciaría.

    Ha de ser constante merecedora de elogio: “¡qué buenaes!”, ” ¡qué maravilla!”… y podríamos añadir nosotros, ¡cuanto les cuesta a los demás decirlo y corresponder!.

    Mientras la persona candorosa vive envuelta con el manto protector del circulo familiar, su generosidad, adaptabilidad y sensibilidad amorosa es fuente de gratificaciones y aunque se pueda abusar de ella no es mal vista por ser como es. Pero en cuando sus vínculos con el exterior se multiplican se trasforma en ‘cándida’, es burlada, maltratada y provoca la maldad morbosa de los sádicos (Los personajes ‘víctimas’ en las narraciones de Sade como Justine o Juliette provocan las peores torturas en la medida que poseen más candor de lo habitual, incluso lo conservan incólume tras sus repetitivas desgracias). La víctima que elige el sádico con predilección es aquella que intuye que sufre más por el mal, que le resulta inconcebible, que se pasma, paraliza y en su angustiosa incredulidad no se defiende.

    El pudor es como un candor corporal, y la desnudez, los apetitos sexuales, y la mayoría de los goces que tienen un componente gustativo, oloroso o entrañan una función fisiológica son vistos como algo íntimo que no debe existir para nadie más, como si los demás no esperasen que tuviéramos cuerpo.

    Es tanto el enfasis que se puede poner en la educacion de los modales que como resultado del éxito formador creamos una persona excesivamente temerosa de unas voces internas -una conciencia hipercrítica- similares a las que en su día afeaban sus conductas (…no seas guarro, eso que haces es asqueroso, atufas a queso de cabrales, pareces un pordiosero, no seas grosero, malcriado ni parezcas un obseso sexual…). La posibilidadde que alguién pudiera juzgarnos en falta nos avergüenza como si estuvieramos siendo pillados en una mentira o llevásemos una mancha ostentosa.

    El pudor nos conduce a resultar excesivamente comedidos, distantes, respetuosos y dificulta el contacto físico y emocional con las demás personas, con las cuales nos tendríamos que apretar la mano, abrazar, rozar, acariciar y mirarnos descaradamente para realmente compenetrarnos como humanos que somos (y no arcángeles o extraterrestres).

    Además, los otros intuyen nuestra seriedad, antipatía o deseo de aislamiento, con lo cual no se animan a acercarse de una forma que supla nuestras carencias, espantados por la pasividad y el recelo que mostramos. Más que no vernos nos malinterpretan para la misma falta de señales que por cautela dejamos de producir. Nuestro comportamientono resulta coherente con nuestro deseo.

    Debemos a pesar de todo exponernos, intentar acercarnos a las situaciones sociales y amorosas porque la fuerza de nuestro instinto nos dice que hemosde ir hacia los demás para satisfacer nuestras necesidades más importantes, pero este acercamiento es furtivo, temeroso, no sabemos siestaremos a la altura de las circunstancias. Y es precisamente en ese instante en el que vemos que nos encuentran y nos miran, que experimentamos la vergüenza de aspirar a su beneplácito sin sentirnos aptos para ello. El rubores una señal clamorosa que delata nuestra vergüenza, y que nos hace imposible disimular y pasar desapercibidos: creemos que el engaño está a la vista como una desagradable mentira que humilla nuestras pretensiones de normalidad.

    El mismo hecho de estar avergonzados nos avergüenza como algo que no debería ser y que nos descalifica como personas débiles e inmaduras. En cambio, si no apareciera ese calor en la cara que nos enciende el farolillo rojo de ¡aviso!, no llamaríamos la atención y podríamos estar tranquilos como un ladrón que roba sabiendo que las cámaras de seguridad están apagadas. Estamos tan preocupados por eso que se escapa en nuestro rostro que el espanto de vernos perdidos desarrolla en nosotros la anticipación de toda clase de situaciones penosas que podrían sobrevenirnos con nuestra debilidad.

    Estas escenas en las que enrojecemos imaginariamente nos debilitan aúnmás si cabe, acentuando la susceptibilidad al acercarnos a una situación real, teniendo miedo de que lo temido se realice. Contra más miedo tenemos más vergüenza podemos aportar por el hecho de sentirmiedo. De hecho el rubor patológico consiste en el arte de avergonzarse de tener inseguridad y vergüenza, y este arte consiste en aumentar, exacerbar el temor a base de evitar las situaciones, beber alcohol para tener valor, estar pendientes de nuestra cara, entrar en pánico al detectar la primara señal de acaloramiento, no mirar de frente, acortar las frases, no comprometerse con nada, vernos perdidos, sumergirnos en una pesadilla interior.

    Es la conducta ineficaz, son las reacciones emocionales disparatadas las que vuelven el rubor algo aparentemente incontrolable, pero sin embargo producido por nuestra propia falta de puntería.

    En cuanto suprimimos toda anticipación, optando por pasar elmal trago exclusivamente cuando toca, y dedicando el resto del tiempo allevar a cabo actividades agradables, esta forma indirecta de animanos nos hace disminuir el problema. Si ademas tenemos un buen enfoque en el momento real, respirando hondo, relajándonos, y sobre todo hablando como si no suciedera nada, intentando poner la atención fuera, enlo que se dice, en lo que se ve y oye, sólo entonces, dejando detener pose de víctima sorprendida en falta, actuando a pesar de todo, condiderando más importante el hacer que concentrarse en loque se siente. sólo entonces el rubor comienza a disminuir al verque ya no nos avergonzamos de él.

    El rubor es el lado fisiológico de la vergüenza, y lo que los humanos podemos controlar no es precisamente la reacción física sino lo que causa el temor. Es la autoobservación espantada, es sobreestimar lo que nos afea el sentimiento antes los juicios de los demás, es la autoexigencia poco benevolente con las debilidades, y es la cobardíade no exponerse en lo que consiste esa causa de nuestros males. En contrastecon ello, el expresarnos tolerando la vergüenza como asunto decorativo menor, hablando con mas ampulosidad, extensión y voluntad de implicación, preocupandonos más por el mundo que por la apariencia de nuestracara, y decidiendonos de una vez por todas a ser nosotros mismos tal como somos, es entonces cuando nos curamos de lo que nos debilita: el ser aguados, desleidos, sombras formales, temerosos del resultado de aparecer siendo imperfectos y únicos.

    No ser compententes, guapos, simpáticos contadores de chistes, habiles relaciones públicas y eficaces cumplidores, perfectos seductores y teniendo aplastante seguridad en nosotros mismos no es un delito imperdonable: más bien los demás, en vez de sentir religiosa admiración y de distanciarse como frente a santones a los que se reverencia, se sentiran cómodos y nos aceptarán más como amigos que como guias espirituales.

    Las personas que no se vinculan con el exclusivo afán de medrar, presumir y obtener alguna clase de beneficio egocéntrico, lo que realmente prefieren para la amistad es la sencillez, y estan predispuestos a aceptarnos en nuestra peculiaridad sin excesivas exigencias, bastando para ello la simple voluntad de participar, el aportar nuestra vida al vínculo.

    Si en vez de afanarnos para resultar competentes y sin mácula nos precuparamos de disfrutar descaradamente tampoco entonces nos preocuparía la cara que ponemos, que sería como un vidrio trasparante a cuyo través miramos el mundo externo al que apuntamos.

    http://www.psicologia-online.com/colaboradores/jc/rubor.htm

  3. lasalamandra Says:

    RENÉ DESCARTES

    Tratado de LAS PASIONES DEL ALMA (1649)

    SEGUNDA PARTE

    DEL NÚMERO Y DEL ORDEN DE LAS PASIONES Y EXPLICACIÓN DE LAS SEIS PRIMARIAS

    ORDEN Y ENUMERACIÓN DE LAS PASIONES

    Art. 116. Cómo hace palidecer la tristeza.

    La tristeza, en cambio, contrayendo los orificios del corazón, hace que la sangre vaya más lentamente a las venas y que, tornándose más fina y más espesa, ocupe menos sitio; de suerte que, retirándose a las más anchas, que son las más próximas al corazón, abandona las más lejanas, las más visibles de las cuales son las del rostro, y esto le muestra más pálido y descarnado, principalmente cuando la tristeza es grande o sobreviene súbitamente, como se ve en el susto, cuya sorpresa aumenta el movimiento que encoge el corazón.

    http://www.temas-estudio.com/Art_116_Como_hace_palidecer_la_tristeza.asp

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