LAS COREOGRAFIAS DE LA INFANCIA

marzo 3, 2004

miércoles, 03 de marzo del 2004(8h10’)

He estado leyendo el comienzo de ‘El café de los filósofos muertos’ y el tema me ha apasionado. Hace años que quería comprar ‘El mundo de Sofía’ y he pensado que ya sé lo que me gustaría: regalarle ambos a Laura (además de adquirir otro par idéntico para mí, claro) pero lo que ahora quisiera sería poder leerlos con ella, para ella,  con calma, aprender con ella, de ella. Pienso que el Conocimiento (el ejercicio del pensamiento sensible), que no los conocimientos (esos son otra cosa) pueden ayudarnos a no sufrir tanto. Y cuando me hace esas preguntas sobre ‘S’ (el tema que más parece preocuparle ahora) y yo no tengo respuestas balsámicas que darle… lo que quisiera sería poder hacerle una transfusión de ”sabiduría”, lo mismo que se hacen transfusiones de sangre: <<Mira niña, recibe esto con todo mi cariño; me ha costado muchas lágrimas, golpes y dolor… comprenderlo>>. Ayer de nuevo estuve con ella pero no nos quedamos en el parque. Su padre nos dio permiso y nos fuimos a dar un paseo. ¡Qué cosa, ¿verdad?! Ayer Primo, no era el docor Olivares. Era sólo el padre de Laura. Si no establezco un contacto visual y directo con él; olvido momentáneamente quién  fue ese hombre para mí y lo qué me condujo a este punto. Ayer no me saludó y se fue directamente al bar. Imagino que ya habría tenido bastante para un mes, por lo menos, con lo de la tarde anterior.

A Laura le apasiona el baile. Se inventa coreografías que ensaya hasta en los recreos. <<Todos me miran y se quedan quietos cuando bailo>>.  Lo imaginaba pero hubiera querido presenciarlo; verla esa misma mañana añadiendo los nuevos pasos inventados y poniéndolos a prueba ante el asombro de sus compañeros . Hubiera deseado verla a ella analizando desde su movimiento central y especular cada expresión de los admirados rostros infantiles que observaba y  hubiera querido, sobre todo, cotejar su idea, con los sentimientos y emociones que yo iría sumándole a sus caras. ¿Despertaría mayor  grado de envidias e incomprensiones, o  de deseo y fascinación?Luego se empeñó en yo lo bailara con ella; en enseñarme el primer paso y  traté de hacerlo lo mejor que pude pero… Laura calcula que al ritmo que nos vemos voy a tardar más o menos un mes en  memorizarlo íntegro y  lograr sincronizar mis pasos con los suyos. Aunque lo de ayer, para lo que me sirvió principalmente, fue para recordar con nitidez las horas que yo le dediqué a eso mismo cuando tenía su edad y hasta muchos años más tarde. Me encerraba en el salón de mi casa con la música a todo volumen  y durante horas  bailaba y bailaba ”poseída”  por una  pasión frenética… Escucho y me recuerdo, y sonrío, ¡qué gracia!  ‘Eees teAmooor, noooo setoca, noinsistasporrrr queyo te-ne-ga-reeeé mi-bocaa, oh, esteAmoramoryanosetoca, nonononoporqueahora siiiiiii medejas, me volvereaaa sentir denuevoenaaamorada, oh, es-te Amor-amor ya  no-setoca’. Era un tema de la mejicana Yuri.

Mis abuelos eran mi publico. Luego, cuando yo creía que lo ensayado me salía a la perfección, lo reproducía ante sus ojos entusiasmados. Nunca me hicieron de menos y siempre tenían ese momento necesario  para dedicármelo a mí. Sin duda a ellos les debo que pueda haber rescatado mi autoestima del pozo oscuro en dónde me la arrojó la Vida por ser tan confiada.

También recordé, gracias a ayer, cuando mi vecina Montse y yo bajábamos al portal y ensayábamos juntas y se nos unía Azu que era tres o cuatro años más pequeña y actuábamos para los chicos del portal, su hermano Luisito ( Mi Amor, -me río-, o sea que ya debía de ponerle yo mucha ‘historia’ a la cosa) y los vecinos que iban llegándose por allí de camino a sus casas o hacia la calle: <<¡Qué bien lo hacéis, qué bien lo hacéis!>>. Nos decían.

 Ha sido bonito detenerse unos minutos esta mañana a rescatar aquellas músicas queridas y olvidadas y perdidas desde hace tantísimo tiempo por los recovecos de la memoria. Éramos felices entonces, muy felices y me alegra sentir que no todo era triste y doloroso, o dramático y caótico. Y sobre todo me alegra porque digo: ‘éramos’  y no hablo sólo de mí, porque resulta que eso demuestra que yo en la infancia no era demasiado egoísta y no me sentía demasiado sola. Esta claro, que si no me hubieran enseñado el Amor, éste no sería tan importante para mí y quizás yo también, como otros, habría perdido mi fe.

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