… a las personas no se las golpea. No debe golpeárselas, ni tampoco son juguetes

marzo 15, 2004

Hasta Guernika comienza a llamar a Diva… diva. Se le escapó el nombre el otro día en el trayecto del coche. Yo no dije nada pero eso es que me lee y le ha parecido que el apodo con que la he vestido se le pega al cuerpo como si fuera una segunda piel. Él me dice: <<No tiene ninguna ética… Llega tarde y se va antes de que la clase termine sin ayudar a los demás a recoger…>>. ¿Y qué tendrá eso que ver con la ética? <<Si llega tarde es por llamar la atención y si se va antes es porque no lo soporta…>>, le digo yo. <<Pues mira si no puede con ello que no venga…>>.  Claro, pero eso lo dice ahora… y después de haber vivido una tarde maravillosa conmigo. Ha sido su cumpleaños y acabamos de hacer el ‘Amor’. Me ha dicho que me quiere, que me quiere mucho pero que no piensa decírmelo porque no quiero creerlo. Pero yo  le creí porque de veras necesitaba creerlo…

Contradicción me comentó que estos carnavales  había visto a Diva con unas amigas y que ella iba muy cabizbaja, cómo si estuviera deprimida. Y yo, el último día que la vi, tengo que darle la razón. No llegó muy segura pero con los minutos se fue nublando más y más hasta convertirse en una tarde de apesadumbrada y molesta lluvia fina. Es para todo como en la pista. Ha aprendido a pasar pelotas, a liftarlas mucho y a aguantar medianamente atrás mientras reza porque el burro toque la flauta o el otro se arriesgue en exceso y ocurra el fallo… pero yo procuro no ser del todo como en la pista. Ya sé que la Vida no funciona así: a las personas no se las golpea. No debe golpeárselas, ni tampoco son juguetes. Algunas cosas nos duelen a todos. Y no hay líneas visibles que delimiten el fallo. He terminado por comprenderlo… Nada de correr riesgos innecesarios con ella, no tengo por qué y además aunque fuera igual… a mí nunca me ha ganado… yo no tengo problemas con sus pelotas altas; puedo levantarlas más alto y más fuerte, y además siempre puedo provocarles un efecto cortado y tardío entonces… su comportamiento se vuelve imprevisible. Sólo yo sé cuánta tensión he cargado sobre la muñeca a la hora de imprimir en la bola el golpe. Pero es curioso, el otro día la voz que corría entre algunos de ellos era una protesta por su nivel. ¡Que se vaya con Calabacilla!, decía Antonio que es una rata inmunda y un sublevado de mierda. Bien por mí, por mi corporativismo al menos, que le echó una mirada despreciativa a ese individuo nefando poniéndose de parte del débil, aunque ese ‘débil’ fuera Diva y yo misma hubiera deseado mil veces perderla de vista. Pero no así.

– Mira, no quiero hablar de mujeres contigo.

(continuamos nuestra conversación….)

De mujeres igual que de hombres -me contesta Guernika.

– No. Se acabó eso. Ya se acabó. No tengo nada que decirte. Quiero que seas libre y hagas lo que quieras… No tengo porqué convertirme en tu perro guardián. Yo ya me ocuparé de ‘ellas’ a mí manera y haré lo que haga falta hacer para tranquilizarme.

Estoy pensando en la madre del niño, ¿de Jesús se llama? La he visto dos días seguidos por la mañana. Las dos íbamos arregladas, no como por la tarde y ella, en comparación, me pareció más insignificante. No la miré. Por supuesto que no. Sigo siendo orgullosa para algunas cosas. Eso no cambia. Y ella también lo es  pero fue un poco más evidente que yo. Quizás parezca más interesante de lo que es pero… no se sintió bien con lo que vio. Claro, es que yo cambio como de la noche al día en determinadas circunstancias porque soy camaleónica y ¿ella…? ¡Vaya! Si ella tiene un marido que seguro que desea conservar… Lo recordé de pronto. ¡Qué sencillo! Todos somos débiles en algún lugar…

Eso es lo que trato de decírle a Guernika, que si alguna de ellas osa hacerme daño  sirviéndose de mis sentimientos para ello o por ”culpa” suya, ya me encargaré yo de cobrármelo exactamente con la misma moneda. El sufrimiento emocional es más justo cuándo a todos nos duele.

Y además  me sentó fatal cuando hace un par de semanas ella se presentó con aquella amiga suya y las dos me miraron, hicieron un comentario entre ellas, y se rieron abiertamente de mí. Querían que lo notara. Fue ese día cuando personalmente se la juré. Cuando descubrí que era ‘como todas’. ¿Es despreciativo? Sí, y realista, hay tipos de persona, de mujeres y de hombres. ¿O acaso miento? Pienso que la tenía mejor conceptuada de lo que debía y después de eso… le perdí un poco ‘el respeto’.

– ¿Y cómo va lo de ‘N’?. -me pregunta él.

Y mi seguridad en la  respuesta no le deja tranquilo pero eso es ya otra historia  y merece unos renglones aparte…

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