La locura es esa frontera terrible a la que nunca me había enfrentado fuera de mí…

marzo 15, 2004

Es curioso, estos días las casualidades se encadenan como si fueran una cesto tejido de macramé… Hace unas mañanas no recuerdo con exactitud buscando el qué… di con una frase que me llamó la atención y como precisamente acaba de escribir algo sobre el juego (los juegos o ‘ciertos juegos’), la recogí:

KEN KESSEY. “ALGUIEN VOLO SOBRE EL NIDO DEL CUCO”

-El secreto de un buen jugador es saber descubrir que espera el otro, y saber hacer creer que va a obtenerlo.

Minutos más tarde sentí la misma necesidad de hacerlo con otras palabras. Éstas pertenecían a una canción de Pedro Guerra, ‘Golosinas’

Elena pinto la lluvia lloviendo lenta sobre el papel
Y vio cuanto quiso y luego pintó mas lluvias en la pared.

Elena pinto la lluvia con cuatro rayas color de flan
Y luego pinto tambores con rayas y mucho más
Y vio una muchacha bailando en el mar

Los ojos bañados de profundidad
Y vio una sonrisa de musgo y color
Y un liquen que nace de su corazón
Cuando quieras ver verás todo lo que imaginaste
Cuando quieras ver verás todo aquello que soñaste.

Las cosas que hemos vivido ya nunca fueron mas lo que son
Las cosas son como rayas y cada uno vio lo que pintó.

Y pude evitar que todo me recordara a Teresa, ‘la poeta’… Seguía lamentando no haber sido capaz de hacer nada por ella pero la locura es esa frontera terrible a la que nunca me había enfrentado fuera de mí. Hay que tratar íntimamente con un loco real para entender qué es lo que trato de explicar. Y sin embargo Serengueti lo sabe sin que haga falta que atraviese por esa experiencia. Dice que ‘los locos le dan miedo’ y antes de ayer mismo me pregunta por Teresa. Ella estaba presente cuando la conocí, cuando me abordó por primera vez en el parque.


Y yo le cuento cuando fue la última vez que la vi y lo que me sucedió con ella. Se lo escenifico, porque Serengueti te ‘Exige’ (sin sutilezas) que se lo escenifiques Todo. No quiere sólo las palabras, ni los hechos; quiere poder visionar en su mente la historia al completo. Y yo la ayudo. Me levanto. Me sitúo a la misma distancia del suceso. Le muestro a qué metros la vi venir; con qué ojos, que luego con frialdad estudiada aparté; cómo de adusto era mi gesto advirtiéndole que no deseaba que se me aproximase; la palma abierta de mi mano frenándola: <<No quiero historias. No quiero historias>>; con la misma inexorabilidad que los famosos dicen a los reporteros gráficos: <<No quiero fotografías >>, cuando ya han firmado un contrato millonario con una revista de gran tirada, por la exclusiva.

– ¿Y ella?, entonces qué hizo:

– Pues se puso a gritarme: <<Tía eres una mierda. Eres una mierda… >>.

– ¿Anda sí? ¿Y tú qué hiciste?

– Pues nada. ¿Qué iba hacer? Ignorarla y seguir caminando, a lo mío… Ella está loca Serengueti. No tiene ningún sentido.

– ¿Y no te importó que te insultara?…

– No, Serengueti. Sólo estaba desahogando la frustración que sentía y además con los locos como ella no se puede hacer nada porque ellos no saben que lo están…

Y pienso que su preocupación, en la que se sumía su carita, radicaba en el hecho de que yo me había comportado de la misma manera con las dos. Sí, el otro día, después de que ocurriera el accidente y me alejé de ella sin mirar atrás, y haciendo caso omiso de su despedida y puede que hasta ella se estuviera preguntando por cómo de ‘normal’ había sido su injustificable reacción, o cómo de injusta había sido yo con otra persona pero aún no tengo respuestas que darle y menos tranquilidad; sobre todo porque eso aún no lo he hablado con su padre y me siento perdida. Hasta hace unos días hubiera jurado que Serengueti era la ‘persona’ honesta que ella aseguraba ser pero ahora… Ahora vuelvo a partir de la base de una desconocida. Y le escucho a él decirme: <<Ya te dije que tú todavía no la conocías>>. Estamos juntos en el banco y ella no para de bailar, de tirársenos encima, de decir absurdos de forma continua para (me da la sensación) sacarle un poco de quicio… Y entonces ella dice: <<Cuéntame otra vez como fue lo de Teresa, ‘la poeta’>>. Y yo le digo a él: <<Es que esa mujer está muy loca pero me da mucha pena>>.

– Ya lo sé. No hacen más que pasearla de una consulta a otra del ala de psiquiatría…

Lo sabía. Él lo sabía. La conocía desde que empezó a verla a finales de agosto por el parque conmigo y por eso mostraba aquella preocupación que yo era capaz de leer en él cada vez que ella aparecía… Claro, era por eso y no por que la relacionase con lo que sucedía en mis noches… Así que eso demuestra que puedo interpretar correctamente su estado de ánimo, incluso en la distancia pero no sus motivos.

Y lo que ya me parece más que curioso es lo de la fotografía…

5 Responses to “La locura es esa frontera terrible a la que nunca me había enfrentado fuera de mí…”

  1. candelaarias Says:

    ¿Alguien voló sobre el nido del cuco?

    (Ultima Hora, FDS, 13 de diciembre de 2002)

    Ya sabe usted que muchas veces las “adaptaciones” al cine guardan poca semejanza con las obras literarias de las que proceden. En algunos casos, el guión las sigue con gran exactitud. En otros, la coincidencia se limita al título. En “Alguien voló sobre el nido del cuco” (One Flew Over the Cuckoo’s Nest), la divergencia entre la novela y la película alcanza niveles propios de un manicomio. Muy oportunamente, porque la acción se produce en una de tales instituciones.

    El presente texto presupone que ha visto usted la película de Milos Forman y recuerda las líneas generales del argumento. El protagonista es Jack Nicholson. Se pasa dos horas haciendo de Jack Nicholson.

    Llega al manicomio y se encuentra con un indio que no habla, interpretado por Will Sampson. Pone en jaque al aparato de poder y hace su santa voluntad, mientras el público, usted y yo le reímos las gracias.

    El libro de Ken Kesey es, bueno, es otra cosa. De entrada, está contado desde el punto de vista… del indio. Que, efectivamente, no habla. Le llaman Chief Bromden. El Jack Nicholson del libro se llama McMurphy y se hace cargo de él. El nudo de la historia es la curación del indio.

    McMurphy se enfrenta con el aparato de poder. Cualquier parecido con lo que ocurre en la película es pura coincidencia. El resultado del combate entre el individuo y la institución está decidido de antemano. McMurphy ha estado antes en diversos centros penitenciarios. La gran diferencia entre una prisión y un manicomio es que se entra en la cárcel hasta una fecha fija: las condenas se cumplen en un plazo determinado. En cambio, los locos siguen encerrados hasta que los custodios de la institución decidan que están cuerdos… cosa que puede no ocurrir nunca.

    McMurphy lo sabe perfectamente. A pesar de ello, decide luchar. El personaje del libro es unas doscientas o trescientas veces más heroico que Jack Nicholson. Porque no se enfrenta con una actriz, sino con un grupo compacto de enemigos armados con drogas, electroshocks y, como último y definitivo recurso, la lobotomía…
    Juan M. Grijalvo

    http://www.grijalvo.com/articulos/jl_kesey_alquien_volo_sobre_el_nido_del_cuco.htm

  2. candelaarias Says:

    Randle P McMurphy un espíritu libre con rayos en sus venas y nitroglicerina en su lengua, finge locura y se une a los que el llama “chiflados”. Pronto, su contagiosa tendencia se eleva contra la pétrea rutina: Nadie debería estar tomando batidos de sedantes en bata cuando está en marcha la liga de béisbol. ¡Esto es la guerra!. En un bando esta McMurphy y en el otro la melosa enfermera Ratcher, en realidad uno de los monstruos más fríos de la historia de los villanos del cine. En juego está el destino de cada paciente de la sala.

    http://usuarios.lycos.es/sally16/drama3.htm

  3. candelaarias Says:

    Ken Kesey
    Tenía 66 años. Autor de la novela Alguien voló sobre el nido de cuco que sirvió de base a la celebre película del mismo título que Milos Forman rodó en 1974 y que ganó 5 Oscars. Titulado en periodismo, se dedicó a la literatura. Durante sus estudios de literatura en Stanford en 1962 se ofreció como voluntario para experimentar con LSD. De esa experiencia surgió Alguien voló sobre el nido de cuco, una novela de gran éxito. El dinero que ganó con esa novela le permitió financiar en 1964 un viaje en un viejo autobús escolar conducido por Neal Cassady, el protagonista de la emblemática novela En el camino de Kerouac.

  4. candelaarias Says:

    ¡Qué curioso, esa novela ‘El camino’ de Kerouac fue el libro que Lemprier le recomendó a otra Elena que traté… una por completo distinta a la anterior, ¿pero tanto?. Las dos eran verdaderamente insufribles con el correo y el teléfono…

  5. candelaarias Says:

    Para volverse loco…
    Escrita por Ken Kesey mientras participaba en un programa de experimentación con alucinógenos, Alguien voló sobre el nido del cuco pasó de novela de culto a película oscarizada…
    Artaud decía que “los locos son, por excelencia, víctimas de la dictadura social”. Casi 25 años después de su muerte, e inspirado por los efectos de pastillas alucinógenas y las imágenes vistas en el psiquiátrico en el que trabajaba, Ken Kesey escribió Alguien voló sobre el nido del cuco. Fue su primera novela y también la de mayor éxito. Pero el que fuera representante de la contracultura de los años 70 debe mucho de su éxito al actor Kirk Douglas, que se fijó en la novela nada más publicarse en el año 1962.

    Esquizofrenia literaria
    Inmediatamente le encargó su versión teatral al guionista de Los vikingos, Dale Wasserman, quien perfiló una adaptación en la que también participó el propio Kesey. Douglas llevó a escena la obra con escaso éxito, pero eso no impidió que su hijo Michael Douglas comprara los derechos para el cine y le encargara su dirección a Milos Forman en 1975. El resto ya pertenece a la historia del cine. Convertido en un best-seller tras el éxito de la película….

    Alguien voló sobre el nido del cuco es un estremecedor alegado sobre “la libertad y el abuso de poder ejercido sobre aquellos que son diferentes”. La pieza teatral, al igual que la novela, transcurre en un psiquiátrico, donde es destinado uno de sus protagonistas, que se hace pasar por loco para evitar los trabajos forzosos de la cárcel.

    A su llegada se encontrará con un ambiente de represión y miedo, instaurado por la despiadada enfermera Ratched, al que se oponen la solidaridad y fraternidad que humaniza las relaciones entre los enfermos. Sin embargo, existen algunas diferencias entre la versión cinematográfica y la obra de teatro. La más importante afecta a la voz narrativa, ya que en la versión cinematográfica el protagonista es el del personaje que interpreta Jack Nicholson, mientras que en la novela y en la obra teatral la historia transcurre bajo la mirada silenciosa de uno de los enfermos internados, un jefe indio mudo, figura que Kesey veía constantemente a consecuencia de los alucinógenos. La versión teatral elude ciertas referencias a la situación social de los años 70 vivida en Estados Unidos, al igual que algunas escenas de terapias que no aparecen en escena.

    Pensamiento cautivo
    Bielski ha trabajado con psiquiatras y psicólogos antes de abordar una obra que se adentra en los complejos procesos de la neurosis y en el oscuro mundo de las instituciones psiquiátricas. “Ésta no es una historia de locos sino del poder que ejercen ciertas instituciones sobre aquellos que son distintos y que están indefensos. También es la historia de alguien que se rebela contra la norma y al que le tildan, por ello, de loco. Es una parábola sobre el pensamiento cautivo”, dice el director….

    El norteamericano Ken Kesey (1946-2001) se ganó en vida el apodo de “profeta psicodélico”, ya que las drogas determinaron su vida y su obra. A finales de los 50 se sometió a un experimento con alucinógenos en el mismo centro psiquiátrico donde trabajaba, lo que influyó en Alguien voló sobre el nido del cuco. En los 60 recorrió EE.UU. en un autobús cargado de drogas alucinógenas junto a unos amigos, por lo que fueron conocidos como los “Alegres bromistas”. Su segunda novela lleva por título A veces, una gran ocurrencia.

    http://www.elcultural.es/Historico_articulo.asp?c=8972

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