SI MI MADRE NO INTIMIDA A NADIE

mayo 5, 2004

Tercera anotación del miércoles día cinco de mayo

Debía de tener cara de tonta cuando mi madre y mi abuela asomaron por el vestíbulo del centro de salud. Yo sabía que ambas tenían ese día hora para las diez de la mañana, así que me habrían servido de coartada si hubiera necesitado alguna, pero así, lo que me facilitaban era el poder quedarme un buen rato a observar ‘el después de…’ inmediatamente posterior…

Las dos levantaron la cabeza y se alegraron de verme y luego cuando salieron del ascensor nos sentamos las tres en compañía de aquella mujer en el mismo fragmento de pasillo en el que yo había coincidido con el doctor Olivares minutos antes.

‘Venga, venga que suba ya’ -pensaba para mí. Pero él tardaba… ‘¿No se lo ocurriría deshacerse de lo que yo le entregué sin echarle al menos un vistazo?’ ¡Qué estúpidos son a veces los pensamientos del ser humano!… y C., la ATS llamó a mi abuela al interior de la consulta. ¡Porca miseria!. En eso mi madre me avisó: ‘Ahí sube’. Pero cuando yo me asomé por la puerta que daba a las escaleras lo único que vi fue a él,  que se había dado media vuelta, echando a correr escaleras abajo. ¿Pero y ahora qué hacía? Si primero parecía que subía cantando. ¿Dónde se ha metido? – me preguntó mi madre de lo más extrañada. Yo que sé. Se largó otra vez. Entonces al cabo de uno o dos minutos sentimos conversación y eran él y P. (la amable enfermera de pediatría) que subían juntos. Me extrañó que cuando me crucé con él  su mirada no me enfocase; iba con los ojos prendidos como a un horizonte perdido. ¿Y eso? No me lo podía creer. Resulta que mi madre le intimidaba. ¡Ay Dios!, ¿cómo era posible tal cosa? Pero sí, me temo que era posible. ¿No actúo yo de la misma forma con él y con el los suyos?; sobre todo cuando están reunidos en clan. De verdad que no me lo podía creer: mi madre le intimidaba. Pero si mi madre no intimida a nadie, hombre. Y eso es una buena señal, ¿no?. Cuando no nos importa alguien menos nos importan los suyos. Aunque no se me ocurre que se pensará él que puede decirle mi madre…

Entonces llamé a la puerta de C. y pasé al interior de la consulta dónde ella ya le estaba midiendo el nivel de azúcar en sangre a mi abuela. Llegué a tiempo de ver como el 109 aparecía marcado en el aparato y de enterarme de los nuevos protocolos. Dentro de un par de meses tenía que recordar preguntarle si a mi abuela, como diabética de ingesta diaria de media pastilla, le correspondía o no uno de esos artilugios electrónicos para el control casero de la glucosa en sangre. La tensión estable pero la alta seguía peligrosamente alta. Y yo le estuve comentando lo de mi ‘síndrome de hiperlaxitud’. C. me dijo que nunca había conocido a nadie que lo pacediese pero que por lo que yo le mostraba si que había indicios y me recomendó un médico del centro de salud de …, un tal A….; pero a éste se lo mencionó más bien R, la enfermera de Olivares.

http://www.fuenterrebollo.com/recuerdos/calendario.html

 

Cuarta anotación del miércoles día cinco de mayo

Luego, cuando salimos, mi madre me comentó que él estaba dentro de la consulta de su amigo el ATS (el que aquel día me había visto en urgencias) y yo caí en la cuenta de que quizás son más amigos de lo que pensaba y es con él con quien comparte todas sus confidencias. Y si fuera así mi instinto me dice que Primo habría elegido bien porque es un tipo que no tiene pinta alguna de ser un envidioso ni nada de eso; al contrario, me da la sensación de que es un cachondo mental y de que se lo pasa como los indios con los líos y los asuntos de faldas del otro.

Yo cuando lo miro, si me lo miro, me lo miro medio mal pero no porque él no me guste como persona sino porque no sé hasta que punto debo diferenciarlo del ambiente reducido que se respira allí.

Y otra cosa curiosa, resulta que es también amigo íntimo de uno de mis tíos, de un hermano de mi madre. Eso no me gusta, dice ella. Pero a mí por ser… más bien me es indiferente. Bueno estará mi tío para hablar o pensar mal de nadie si le enteran de ‘mis andanzas’, ¿o no se fugó él hace años de su propio matrimonio?

Mi madre estrena médico allí. Ha elegido al doctor B. Y yo termino por sentarme delante de la consulta del padre de Laura con la madre de Angelita, una antigua amiga de la adolescencia. La mujer está con su otra hija, una chica con retraso: Lucía. Yo la aliento a que se unan a nuestro club deportivo pero ella me cuenta algo que entiendo y es que ellos ya son muy mayores para comprometerse en llevarla todavía a más sitios.  ¿Y el futuro?. Pues claro que les preocupa el futuro. Ángeles se ha establecido hace tres años en Gi. y ha montado una peluquería. No tiene novio ni se ha casado. Y la buena señora me dice que echa de menos mis gafitas redondas: ‘Estabas tan guapa con ellas. Te hacían aquella carita tan dulce’. Ya -le digo yo- pero los años pasan y las facciones van cambiando¿Y siento nervios? Ninguno todavía. Él sale y me mira pero como siempre; pienso que no ha podido darle tiempo aún a leer nada comprometido.

A las cinco y cinco suena el teléfono móvil antiguo y contesto sin mirar porque espero por dos llamadas: la de la imprenta y la de la óptica pero luego me doy cuenta de que ha sido una llamada desconocida: ¿Sí? ¿Sí? Y ya han colgado. ¿Quién sería?. ¿Tal vez Lemprier (Agustín)? ¿Quizás Primo que ha dado con la parte en que menciono ese número de teléfono?. Trabajo en la piscina pero no le doy pie a Gonzalo a nada. Es más me separo de él y me quedo sentada. El cerebro ha comenzado a trabajar. Hasta ese instante no he pensado con otra cosa que no fuera el corazón. También eludí a Guernika. Cuando iba hacia la piscina vi su coche aparcado esperando por mi paso como otras veces y varié mi rumbo para evitarlo. A la vuelta tampoco me detengo y me voy directa a casa. Siento que de nuevo algo importante se ha roto aunque ya no confío en que sea de forma definitiva y una vez más volvamos a parchearlo los dos y tiremos para adelante. Diluvia.

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