EL SEMAFHORO

mayo 7, 2004

7/05/04

LA EXHUBERANCIA DE LA HACHE

… aunque bien podríamos decirnos, sin embargo, que la cuestión formal no es otra sino la hache de la exuberancia; y, no obstante, son ambos dos conceptos beligerantes por igual, activos, vanguardistas y, sobre todo iconoclastas; tan iconoclastas como lo es la tardía supresión de la elle como letra en favor de la definición, tan ajena al histórico y tradicional román paladino, de la doble ele … Pero, ¿Quién soy yo para tan afanosas críticas si tales movimientos convulsos vienen avalados por la bendición, reciente y democrática, eso sí, de la egregia Real Academia Española de la Lengua?

Mas, volviéndome a la cuestión central en torno de la que articulo mis preocupaciones lingüísticas, me pregunto a qué fines puede obedecer la conservación , como hecho ya anquilosado, de una hache muda al comienzo de muchas palabras o intercalada, aunque también muda, en muchas otras.

Pues bien, tan profunda meditación próxima al trance místico, como el de Sta. Teresa pero sin onanismo de por medio, la única explicación plausible pasa por argumentos estrictamente sexuales, o lo que viene a ser lo mismo, por dejar abierta la espita por la que fluye el humano animalismo; y es que como en la publicidad de colonias, más publicitaria cuanto más baratas, el recurso a la libidinosa concepción del Mundo es también aplicable a la ortografía e, incluso, a la semiótica. Como conclusión, pues, debemos mostrarnos enérgicamente a favor de la hache erótica, sinuosa, sensual que, con la explosividad de un cohete, forma en cohortes ahogando cualquier ahusamiento de la cuestión a criterios pueriles que no nos son ya coetáneos; y es que la hache es, por definición, símbolo de exuberancia, y ésta, la exhuberancia, se emparenta con las perversiones y la libido más arborescente que podamos inventar. Consiguientemente, si es cohete con hache absurda, bien puedo yo escribir exhuberancia con hache exuberante.

(Para alguien)

Agus.

y alguien era yo, así que en minutos ….

… otro recuerdo de mi infancia que viene al caso…

Mi amiga y vecina de calle, Irene y yo, íbamos las dos de la mano de mi abuelo cuando llegamos a aquel semáforo. No sé cuantos años tendría esta que escribe… ¿dos? ¿tres?, no más de cuatro pero ella siempre por delante uno o dos más que yo… Pues bien, mi abuelo ya trataba de enseñarme cómo andar por la Vida y primero le preguntó a Irene: A ver, ¿tú cuándo dirías que tenemos que cruzar? Yo cuando el muñequito se ponga en verde que me lo ha dicho mi papá

– ¿Y tú Carmina? – me preguntó entonces a mí que ya por entonces debía odiar las repeticiones y la falta de originalidad.

– Yo cuando cruce IrHene

Texto del día viernes 7 de mayo para la página DE love en lycos

 

SEMAFORO

¿Y por qué sé que ese alguien era yo?. Por un correo que le escribí el sábado pasado… no hacía referencia la palabra ‘exuberancia’ pero… era la única falta de ortografía que como tal había cometido, aunque yo me di cuenta sólo al ir a pasarla al documento ‘Word’ en el que lo estaba archivando todo… ¿Y por qué le escribo algo así? Bueno, primero para recordarle que él tampoco es perfecto (Agustín suele meterse con las faltas ortográficas de todo el mundo) y segundo, por consideración, para tratar de comunicarle que sigo sin perderme palabra de lo que escribe como por ejemplo algo que tal vez mostraré luego…

  Mensajes a lemprierFecha: 01/05/04 19:30

Carta de amor:

¡Vaya, qué casualidad!. Resulta que tú y yo compartimos una falta de ortografía… aunque sólo en tu caso será sólo un error a posta para ver si los aquí los poco conspicuos y herméticos lo detectábamos, ¿a qué sí?.

Un saludo de sábado tardío estimado hombre :-)

 

Fecha: 01/05/04 19:55

Carta de amor:

Releído el texto de mi mensaje anterior diría que me sienta fatal lo de la espontaneidad pero … ya es tarde para enmendarlo.

 Aunque hice una pequeña trampa porque en realidad ese no era un recuerdo mío sino un recuerdo que mi abuela me habrá contado un montón de veces durante mi infancia y mi juventud… Eras muy piquiñina… y llevábate tu güelo de la manu; me parez que ibais ver el circo… Ese y algún otro que ella debía creer que en posesión de un infante o casi sólo un bebé resultaban un claro indicio de genialidad. De rapacina eras muy lista. Fíjate bien, eras lista como el hambre… ¿y cuándo hiciste aquello de las galletas? Bueno esu… en comparación contigo el neñu de Marujina parecía medio bobo. ¿Y qué era eso? Nada, a penas nada… Resulta que Ricardo y yo que nos llevamos pocos meses coincidimos en casa de Marina. ¿Qué tendríamos algo más del año?. No sé, pero primero Marina, la prima de mi abuelo (¡Qué cosa!, aún me parece estar viéndola y escuchándola en la memoria con aquel tono de voz tan suyo y tan vocinglero), la Marina desgarbada y cariñosa conmigo hasta la saciedad dijo: A ver, Ricardín toma una galletina. Y Ricardín cogió aquella galleta, que me supongo de las marías de toda la vida, con una de sus manos, y luego la otra que seguro ella con todavía ninguna mala intención le tendió, y el pobre niño la agarró con la que aún tenía libre pero ante la tercera galleta se tuvo que quedar impotente con las dos primeras galletas asidas una en cada mano.

Y ahora tú demonio, dijo Marina de forma tierna. Y tú que era la más pequeña cogió la primera y mirando a Ricardito aceptó la segunda y ante la tercera como opción o reacción, volvió a mirar a Ricardito, y luego a la galleta y comenzó así la construcción de un pequeño montoncito de dulces sobre su ‘siniestra’ mano. Olga, Olga. Si vieras lo que hizo hoy la tu nieta…, llegó él exclamando como loco al encuentro de mi abuela. ¿Genialidad?, no en absoluto… mera capacidad de aprendizaje

Y sigo prefiriendo pecar por exceso con h o sin h.  

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