EL 40 DE MAYO

mayo 20, 2004

jueves 20 de mayo del 2004 al mediodía

y antes de ir a darme ese paseo para el que he quedado con Nora. Lo que más me encandiló de la vivienda dónde vivía ‘la encuadernadora’ fue su biblioteca. Magnífica, un mueble adosado a una de las esquinas del gran salón rectangular pero insuficiente para contener todo el caudal de libros de la casa. Tomé uno y le pregunté por él tal vez pensando en que la mujer que me recibió me lo ofrecería pero era un préstamo que le había hecho una sobrina suya, aunque ella ya lo había leído y guardaba el ejemplar propio en una de las habitaciones de arriba. No recuerdo el extraño título que me llamó la atención ni el nombre de ¿su autora? pero sí lo que escuché sobre él: Es la historia de una mujer que ha vivido y ha sufrido.

Cuando Carmen apareció se disculpó conmigo por la corta espera a la que me había sometido. Había cierto anacronismo en ella que quizás aumentase o no terminara de borrarse con la pinza que sujetaba la parte superior de su cabello peinado a medias… ¿Pasamos al taller? -me sugirió disculpándose por su aspecto. Y me hizo descender por unas escaleras hasta el bajo que compartían ordenadores, estanterías, mesa de trabajo, telas y skays y un futbolín de niño entre otros juguetes, además del coche.

Y lo de los papeles fue una suerte de gracia… a cada cual que me enseñaba más lindo y colorido. Me costaba decidirme por ninguno de los de motivos azules que salían a relucir para la bitácora de ‘la época de azhulturquesa’; aunque al final fue uno y también dejé seleccionados dos para el material de los dos ”libros” que resultó del tiempo que pasé en ‘Oaxaka’ y uno en tonos malvas para lo escrito durante mi corta estancia en ‘Areté’ y este primer período en ‘El jardín de Lais’.

El teléfono personal de Carmela es el 964723752 y yo a ella le dejé el mío antiguo y cuando me preguntó por los motivos por los que estando tan contenta con el trabajo que me habían hecho en mi ciudad recurría a ella le hablé con sinceridad: Esos folios representan un diario personal… hay muchas intimidades e imágenes reales… y por algunos cambios que observé en el individuo que me hacía el trabajo… sospeché que estaban siendo leídos. ¡Ah!, pues puedes estar segura que yo no lo haré. Nunca en toda mi vida he leído nada. Pero yo me limité a asegurarle que eso no me importaba tanto como que él no los leyera porque primero era un hombre… y luego vivíamos en la misma ciudad. Además ella parecía honesta, y me avanzó que no se pondría en contacto conmigo antes del 15 de junio, o sea que más o menos no volveré a verla hasta el 40 de mayo

Nos despedimos y me acompañó a la puerta por la que justo en ese instante se presentaba creo que su marido (me recordó a Arturo el médico de urgencias del centro de salud del Q, aunque en una versión más juvenil), un psicólogo especializado en el mundo infantil. Lo sé porque figuraba escrito sobre una de las dos placas que custodiaban solemnes y sobre la verja los laterales de la entrada del chalet.

Es curioso pero Carmen me preguntó cómo era que había dado con ella y yo le expliqué que de forma sencilla, dejándome atraer por su nombre igual que el mío en las páginas amarillas de la guía de teléfonos. Pero tendrá que ser un listín atrasado porque yo hace tiempo que no me anuncio. Sí, quizá le comenté yo y luego ella añadió que, a ella en particular, la idea de hacerlo nunca le había convencido pero que su marido había insistido en ello y por eso apareció aquel año. Y ahora yo acabo de consultarlo y la mía es una edición antigua, del año 2000/01. Así son las casualidades…

JBLANCO Y NEGRO

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