CORTES DE PELO

mayo 21, 2004

Viernes 21 de mayo … pasadas las doce de la medianoche

Creo que hice bien al decirle lo que pensaba a Nora. Creo que eso fue mejor que escribirlo aquí y ponerla verde a sus espaldas y luego por delante seguír asintiendo y reírme con esa risa tan falsa que me salía cada vez que hablábamos por teléfono. Y además no es asunto mío la encerrona que le ha preparado a su hermana con relación a los de su casa. ¡Menuda sorpresa que va a llevarse la mujer! Había que destaparlo, había que destaparlo -repetía Nora-. Había que hacerlo por el bien de Pablo. ¿Pero y Dora? ¿Cuándo le consultó Nora a Dora si quería que se supieran los trapos sucios de lo que ella y de momento sólo ella considera una vida de engaños e infelicidad?; ¿Cuándo le consultó a su hermana mayor si quería que le reventara la vida? Y lo que me hace daño es tener que derrumbar una y otra vez sus fantasías de poder y no saber siquiera si yo debería inmiscuirme o callar. Pero pienso que es cierto que mi amiga estaba derivando… Le dije: Mira Nora, parece que lo único que haces es correr las cortinas cuando algo no te gusta… yo lo veo así, ocultas las cosas tras unas cortinas correderas o un biombo y encima te dedicas a querer cambiarle la vida a los demás cuando lo que estás evitando es hacerlo con la tuya que es la que se cae a pedazos… o sea que miras en otra dirección, en cualquier dirección con tal de no ver… Luego ella lloró bajo las gafas de sol pero es que no estuvo ni medio bien lo que le hizo a su hermana, argumente como lo argumente… ni hubiera estado bien tampoco que ella insistiera en seguir mintiéndose y yo lo consintiera sin intentar que por lo menos lo mirase desde el punto de vista objetivo en que lo contemplamos los ajenos… Aunque esta vez no olvidé hablarle de todo lo contrario (hay que tener en cuenta los opuestos): ¿Y si estos días de apego con tu familia natal debieran haber sido tu curso natural?, ¿el que parece que desde siempre se te negó? Pero ella ya había abierto los ojos…

Y casi llegábamos al garaje cuando una voz me desnudó a mí en el secreto de lo que yo más deseaba

Amiga
Como darle las gracias
Después de tanto tiempo tú sigues aquí
Me curas con palabras
Regalas tu sonrisa
Tu has creido en mi
No sé que puedo darte
Ya ves que nada tengo
Solo mi amistad
Y unos ojos marchitos de tanto sufrimiento
Y de tanto llorar
Y si mañana muero
Me marcharé tranquila al saber que tú
Proteges mi tesoro ,
La calmas en sus lloros
Que tú eres su luz

Amiga si hay dos vidas,
La mía es para ti
Ya sabes que te quiero
Gracias por venir

Y qué ridícula soy porque me emocioné y mis propias lágrimas terminaron por aparecer… aparcábamos y ese era el nuevo trabajo de Miguel Bosé y yo allí sintiendo que esas palabras de gratitud y amor habían sido escritas para mí. Lo que es querer oír lo que uno necesita oír contra viento y marea ¿no? Así que Olga me dijo: Ven, sube que te hago una copia, pero cuando volví a escuchar la canción en su casa… la magia se había roto. Era la letra de una mujer encarcelada

monet

segunda anotación del viernes 21 de mayo pero esta ya a las ocho de la mañana

Titulé a esa imagen ‘pasado el puente que me gusta’ pero no me refería al primero que puede verse ahí (aunque con mucha imprecisión) sino al que aparece nublado detrás de él; un puente de arcadas romanas y recubierto por las hiedras o plantas similares y trepadoras… una de mis atesoradas imágenes de la belleza. Donde se presiente la belleza se forma un nudo en el estómago, ¿no os sucede? La belleza es conmovedoraY aquí quería aprovechar para narrar dos hechos. El primero correspondiente a la tarde del miércoles. Como estuve comiendo en G. y luego fui de compras se me hizo tarde para ir a la piscina, aunque de todas formas no tenía previsto ir. Así que llegué al parque tal vez un poco antes de las siete y me senté cerca del camino y la carretera (tengo que tomar fotografías de todos esos estratégicos sitios de los que os hablo); por detrás de Pura, la abuela de Lura y no mucho antes de que ellos aparecieran.

Máximo pasó de largo, otra vez ocupado en su teléfono móvil pero no se sentó en la terraza. Vino a hablar con su madre y ya le noté cambiado porque se detuvo a mirarme varias veces desde su posición (más alta que la mía) aunque yo no le correspondí. ¡Vaya! -pensé. Tampoco será de ésta de la que deje de jugar con mi corazón. Laura había dejado la cazadora a mi lado pero inmediatamente se había ido a saludar a los bebés o a los perros del parque; no sé bien a quién o a qué porque desde donde yo me encontraba lo único que la veía hacer era agacharse. Pero lo que sí observé fue como su padre la llamó, se inclinó para hablar con ella y luego como ella corría hacia mí: Dice mi padre que de parte de él te pregunte como crees tú que me quedará el pelo corto. Y traté de imaginármela pero no antes de indagar un poco en su sorprendente decisión: ¿A quién fue que viste con él que ahora quieres cortártelo? Hasta hace un par de días, que yo sepa, lo único que le preocupaba era saber si la había crecido lo suficiente. Estaba dejándose melena… Pero me dijo que a nadie, sólo que le molestaba. Entonces le pedí que me señalara por dónde se lo dejaría y cerré los ojos: Te va a quedar estupendo. Y ella volvió a lanzarse en una carrera loca a la voz de: Vale, voy a decírselo. Eran las siete y diez pasadas y yo me sentía un tanto descolocada. Se me había olvidado llevarme el libro y decidí irme antes de tentar a la suerte y permitirle a él darle tiempo a que terminase interrogándome personalmente por lo que fuera; así que cogí la cazadora de Laura y me acerqué al banco de Pura para despedirme mientras estaba entretenida hablando con aquella mujer. Pura se mostró agradable al verme y me dijo que lo que había estado leyendo (los escasos papeles que le bajé de grupo venus) habían dado por completo en el clavo. Y yo lo que veía era como Primo arrancaba a andar en nuestra dirección. ¿Mi ”castigo” por ser una ”niña” mala se había terminado? ¿Te vas? -me preguntó Laura. Sí, le contesté yo a ella evitando mirarle a él que ya había llegado hasta nuestra altura. ¿Y a dónde? Pues al poli, dije yo sonriendo y como diciendo a la vez ¿Dónde si no? ¡Ah vale! y me dio un beso de despedida. Luego puede que me arrepintiera de haberme ido pero ya era tarde. Me había ido en busca de ”mi refugio”. Eso era lo único que había hecho… Luego Guernika también se fue aunque con un tipo trajeado que vino a verlo con un maletín y me llamó por la espalda: ¿Carmen? Luis mi compañero, dijo: Te llama Pablo Carmen. Claro y así no había manera de seguir ignorándole. ¿Carmen?: voy a tardar unos veinte minutos… jugáis vosotros unos partidos mientras tanto, ¿vale?. Bueno y a mí que tenía que explicarme. ¿No podía decirle lo mismo a Luis? Pero no, es que el tío iba a fumarse toda la hora. Pues vale, mejor, porque yo ayer ya llegué revirada y me limité a cerrarme en banda y pensaba… si hoy te salvas, y mañana aunque llueva no te llama y la semana que viene no llueve ni un solo día y luego te vas a Galicia… ganas tiempo y le das tiempo al Amor para que te encuentre si es cierto que te anda buscando… Aunque, ¿quién se supone que es el Amor? ¿ Primo? Alma piensa que jamás estaré con él, que lo único con lo que él se conforma y lo que él quiere es seguir jugando… Lo que le gusta… como hasta ahora, igual que hasta ahora… Y ayer no les vi, ni a ellos ni a Pura. ¿Por causa del anunciado corte de pelo? Da igual. Tampoco me apetecía especialmente someterme a presión, y en eso es en lo que se han convertido mis tardes y nuestros encuentros desde que tomé la decisión de entregarle a él el seguro que inesperado contenido de este ”jardín”. ¿Fueron flores? Pero como también falté de nuevo a la actividad con los chavales, sin avisar (a propósito)… tuve que esperar (en una especie de acecho) el paso de Rita y Carmen con Julio y Francisco por el parque para evitarlas. No me apetecía, eso sí que en absoluto, darles pie a que me preguntaran por nada porque la postura que he acabado tomando tampoco es todavía directamente con ellas (pero ellas son un efecto colateral), sino con Gonzalo…¡Aha! Lo que ya no contaba yo era que a las siete y veinte asomase él por allí, el mismísimo Gonzalo. Le vi venir de frente y parecía bastante enfadado pero aunque yo sostuve la vista levantada del libro mientras transcurría no me dio cara… pues no me inmuté. Y recordé aquel día que lo saludé por el Messenger y se me desconectó para luego volver a conectarse y permanecer media hora o más mudo y sin retornarme el saludo siquiera y sentí que me había quedado fría (no aquel día, aquel día me enfadó, ayer). No había tenido ni una simple reacción emocional. Gonzalo ya era un muerto en mi corazón. ¿Otro muerto más? ”Bonito” cementerio me estoy construyendo… aunque da igual porque yo sé que seguiré arrancando las malas hierbas incansablemente mientras viva y por eso las lápidas permanecerán blancas y marmóreas aunque un día nadie se recuerde de llevarles flores. Un día hasta mi abuela, que era el colmo de la fidelidad para con las tumbas y los muertos, tuvo que renunciar a su costumbre de visitar el nicho de mi abuelo (y el de sus padres) para mantenérselo decente. La salud, ¡qué se le va hacer! Se envejece y se enferma y sobre todo luego se envejece más de prisa y yo tengo bastante con cuidarme de mis muertos en vida y sin tierra, los que se me van muriendo en el interior y empiezan a ser numerosos, devastadores… Y a ella ya le dije que no quería obligaciones, sus obligaciones… pero sé que si le sobrevivo será a la única (probablemente) que no le falten flores porque se merece que no la dejen caer en el olvido que bastante se ha caído la pobre mujer en vida por culpa de su deplorable sentido del equilibrio

… y no nos dejes caer en la tentación… más líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

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