… Y DE LAS TORRES DE MARFIL

mayo 24, 2004

 lunes 24 de mayo al mediodía

Tanto el sábado como el domingo durante la tarde fui un rato al parque pero además de que hacía mucho frío y eso fue lo único malo, ellos no aparecieron aunque a mí no me importó porque así pude avanzar en la lectura de ‘Los Mares del Miedo’ de Gómez Rufo. Un momento, por favor, que voy a por un recorte antiguo que se encuentra en la bitácora de mi amiga Nora (‘en las nubes’)

14/10/2003 4:48  Expuesto por Oaxakka

Hoy me vine caminando con ‘Los Mares del Miedo’ bajo el brazo. Itza (Nora) insistió en que debería de leerlo porque dice que es un libro que le ha regresado la esperanza; pero es que yo no la he perdido en ningún momento, le digo… aunque quizás hoy noté en ella un dejé de recriminación o de desaprobación que hacía tiempo que no percibía. Al parecer le resulta incoherente que si quiero al padre de Laura como declaro quererlo pueda siquiera sentir algo por ese otro hombre del que dice que cuando lo menciono me pongo toda tonta. No sé, me pareció un golpe bajo pero no creo que tampoco pretendiera eso. Sólo es que creo que ella prefiere seguir soñando a vivir.
Mientras tomábamos unas cervezas continuó hablándome del libro. Al parecer la fórmula magistral para encontrar el ‘Amor’ es no buscarlo, es ser hallado por él y abrirse a él sin reparos. ¡Qué ironía! Lo más difícil. Pero mientras habla ha conseguido que yo me sienta culpable… No cree que quiero a  Primo lo suficiente sólo porque estoy Viva. 

‘Los mares del Miedo’ es la historia de un hombre que se ve poseído por el ansia de aprender. Clara y él, Don Fernando, crecieron juntos pero sólo ella era una amante desde muy niña y Fernando, aunque la quería de esa manera fríamente sentimental en la que pueden quererte algunos hombres, es desde el comienzo de la historia un ser sediento de saber, y el libro nada menos que comienza con estas sugerentes palabras: Te parecerá increíble –me dijo– pero al fin he descubierto que la muerte no existe. Puedo probrarlo. Sígueme. Y la sinopsis de la obra dice así:

Con estas inquietantes palabras comienza la historia de un médico  que, ocultándose al terror impuesto por la inquisición, encuentra la explicación al destino último de todos nosotros. ‘Los mares del miedo es la búsqueda de la Inmortalidad para saldar una deuda de amor; la gran victoria de la sabiduría sobre la muerte. Una apasionante novela que se revela como una de las más sorprendentes de los últimos tiempos. Una anhelado viaje a la serenidad

Y esta fue mi elección cuando el viernes por la mañana me presenté en el Centro de Salud a leer mis buenas páginas; había llegado a ese punto en que necesitaba  como fuera escucharle; el jueves tarde tampoco les había visto y el miércoles me había ido justo en el instante en que me había dado cuenta de que él ya había cambiado de actitud con respecto a mí: ¿qué sería de todo lo que le entregué lo bastante tranquilizador para paliar su miedo?Y yo que sé el tiempo que me estaría allí de pie en la balaustrada, ¿unos cuarenta y cinco minutos? Es un sitio cómodo porque apoyas el libro y te limitas a relajarte y a ir pasando página, o ese fue el efecto que surtió en mí su voz… No le miré ni una sola vez, me concentré obstinada en la lectura ininterrumpida del libro y luego cuando quedó libre la silla que había detrás de mí y que quedaba justo en la esquina que hay entre los dos pasillos me senté allí pero fue entonces cuando su enfermera comenzó el trasiego de ‘si me voy a ir y luego pues mira no’; porque no hacía más que marcharse cerrando la puerta y volver para abrirla, entrar dentro y de nuevo marcharse taconeando… confieso que Rocío logró ponerme de los nervios y entre unas cosas y otras perdí la concentración y fue así como me di cuenta de que Natalia, la médico de ‘Alma’ (mi abuela) no estaba…

De la tarde del lunes 24 de mayo

Los problemas con Gonzalo quedaron solventados… Le expliqué que aquel domingo le envié dos mensajes para que no me esperase (por culpa del desconocimiento del móvil) y también  que no entendía el por qué no los había recibido y tras unos minutos de tensión él regresó a la normalidad y yo también; así que es probable que nuestras diferencias se hayan acabado aquí. Lo que no pienso hacer si sigo trabajando con él es comportarme como una arpía porque tampoco hay necesidad. Si no estoy cómoda me voy y punto pero nada de volverme a estas alturas una bruja porque pienso que sería un severo retroceso. ¿Por qué estoy luchando?, ¿por sanearme? Pues la ley del talión no es el mejor antiséptico, y además ya está… si quería demostrarle que a todos nos gusta que nos presten atención y sean considerados con nosotros

Nota: La mujer del amigo de Alfredo ‘el poeta’ es tonta perdida y por eso sé que me dará problemas

Pura, la abuela de Laura se encuentra sola en un banco. Me acerqué hablar con ella y me estuvo contando muchas cosas de su hermana y de  cómo fue su muerte. Hay un momento hablando de ello en que la embarga la emoción y llora y se ve como las lágrimas discurren por su cara con absoluta serenidad, como aquel día me había sucedido a mí ante su nieta… por eso ahora sé que aunque sé entiendan las lágrimas lo que no podemos comunicar cuando lloramos es el sentimiento ajeno porque la emoción es algo intransferible. Un gesto: ella se las enjuaga con el dorso de la mano pero se le olvida retirar las de la mejilla superior derecha bajo el párpado y yo siguiendo el impulso se las termino de secar con mis dedos. Fue un simple acto de receptividad humana, de empatía, de comprensión ante el dolor… ¡Puedo hacerle una pregunta? – le dije yo… porque ahora que las dos nos habíamos entreabierto… Sí, me contestó ella. – ¿Sus padres nunca se arrepintieron de haberla obligado a casarse? (dentro de la historia que me había estado contando existían muchos detalles que delataban el mal talante de su marido y la continua comparación con el idílico marido de su hermana en la que Isidro salía  bastante mal parado).

– No sé. Puede que sí pero nunca hablamos de ello. En mi casa se tenía la costumbre de no hablar de aquello que podía hacer daño…

Interesante, muy interesante… claro, el silencio, el perpetuo silencio ante la desagradable realidad, la negación constante de la apabullante y nefanda realidad. Y creo que había encontrado el eje de lo que yo andaba buscando. Pero ¿cuándo y dónde comienzan las maldiciones? Una anécdota: Pura no conserva fotos de su boda. Se las hicieron con aquel precioso vestido de bodas que ella también lució (el vestido con el que su hermana se casó) pero cuando fueron a revelarlas en el pueblo cercano las imágenes habían desaparecido… ¿No es muy curioso? Todo, todo no caminó bien desde un principio y muchísimas cosas más que recuerdo y que podría contar de esa tarde del lunes pero este resumen no es el momento. Otro día con más tiempo por delanteEntonces Primo se levantó de la mesa de la terraza y caminó hacia nosotras. Ahí viene su hijo. Mi tono tenso la puso en guardia hasta a ella porque de alguna manera su cuerpo también se reaccionó con una ligera revuelta como cuando uno cae en un estado de alerta. Era imposible que ella no hubiera visto mi cara… porque ¡ay! los ojos de él cómo me estaban mirando desde su altura… Lo saludé dudando hasta de si saludarle o no… turbada, completamente turbada y Pura tenía que estar leyendo en mi semblante una y cada una de mis reacciones en cadena. Después de ese instante puede que jamás me lo preguntase porque en su familia existía la costumbre del silencio, ya se sabe, del perpetuo silencio pero mis auténticos sentimientos ya no serían ningún secreto. Después de que él me contestase con las mismas dudas o los mismos pavores asomándose por un quicio de su corazón, yo como un resorte me levanté y tomé mis cosas y me despedí más de  ella que de él y me fui  tranquila caminando con las manos en los bolsillos del pantalón pero no sin antes darle un beso a su nieta que estaba sentada en una mesa con unos desconocidos sosteniendo a aquella pequeña  y gordezuela niña de oscuro cabello ensortijado en sus brazos. Nunca piso esa terraza pero porque él se encuentra  habitualmente en ella y siempre me ha parecido una invasión del terreno de ellos…  y al quedar a mis espaldas los setos centenarios desaparecen y la vida transcurre con normalidad. ¿Por qué digo esto? Es curioso pero es la primera vez que tengo una especie de ”visión”… Es como si él fuera la doncella encerrada en la torre del marfil y yo… yo el caballero. Hay algo mítico entre nosotros siempre lo he sabido pero ahora parece estar conjugándose en tiempo presente. Bueno, tampoco quiero profundizar más en esta idea pero no es una divagación, ni ninguna locura mía. Veréis: en nuestras cartas astrales (en la sinastria) hay varios puntos importantes de relación conjunta; uno de ellos ocurre en el signo de Acuario y Acuario es la mayoría de las veces un poco como un aislamiento en una torre de marfil… su Venus (valores y afectividad entre otras muchas cosas más) a unos cinco grados de la entrada del signo se encuentra sobre (o bajo) justamente mi Marte… y esto es lo que creo que he captado esta tarde con toda nitidez… un entramado ”histórico” (de historia) y Neptuno (el planeta que tiene que ver con el amor cortés) también anda involucrado en ello… Es algo largo y complejo de explicar pero me alegro de haber tenido esa visión porque me hace comprensibles esas  zonas en penumbra que ya desde los primeros momentos tanto me han atraído hacia él y la buena noticia es que me hablan de un cuento que ya fue escrito y en el que la bruja ha sido derrotada y por eso sé ahora que también para nosotros existe una esperanza. Sólo tengo que recordar que yo No me puedo permitir el lujo de decaer porque la decadencia sólo embellece a las ruinas y en ningún caso al espíritu humano

Segunda anotación de la tarde del lunes 24 de mayo

Puede que llegase pronto al PDVO pero no con la intención de visitar a Guernika en la pista. Ahí fue cuando ocurrió la primera ”coincidencia” en el tipo tirando a alto, tirando a rubio, tirando a guapo en el vestíbulo de las instalaciones pero cuando vi venir a mi compañero, a Javier, me encaminé a la pista de atletismo y me concentré en la lectura de ‘Los Mares del Miedo’ mientras paseaba. Leía y paseaba al mismo tiempo.

 ,,,
‘Don Fernando sonrió, para mostrar que la noticia era de su agrado y que compartía con sus amigos tanta felicidad. Pero algo se rompió en sus entrañas sin comprender con exactitud porque dolía de aquella manera. Si hubiese tenido que expresar el dolor, lo hubiera descrito como el producido por una cuerda tensada de laúd rota violentamente en lo más profundo de su vientre. Como un golpe de látigo; o una picadura de avispa; una quemazón de ácido. Acaso le había herido descubrir, de repente, algo en lo que nunca se había detenido a pensar: que Clara pertenecía a don Alfonso; o algo aún más lacerante: que ella había estado entre sus brazos, que había sido de él. Hizo lo imposible porque el dolor no deformase su cara con una mueca traicionera y rasgó el silencio impuesto por el aturdimiento y la orfandad en que lo dejaba la realidad llenando la copa de vino, levantándola y brindando por ellos y por lo que hubiese de nacer. Don Alfonso y Clara se sumaron al brindis, y bebieron hasta agotar las copas; pero mientras don Alfonso las rellenaba, Clara miró al fondo de los ojos de Don Fernando y vio con exactitud la intensidad de su dolor y el color de su pena. Y sintió el mismo dolor que él pero, al mismo tiempo, el indescriptible placer de descubrir que le amaba”’ (pág 161)

Aquel día Diva regresó y lejos de sorprenderme obvié la cara de contento y maldad de ‘Calabacilla’ (Oscar, el bufón). Disfrutaba de antemano previendo que yo ‘me caería de la higuera’ pero la alegría no les duró demasiado porque  lo que hice fue dedicarme a tontear con V., ‘el veterinario’ (y que es un auténtico reprimido) con cierto denuedo o descaro  y allí los únicos que decayeron fueron ellos. Ella se marchó antes de que terminara la hora y las alumnas particulares de Calabacilla no aparecieron y luego fue cuando a la salida el tipo bastante alto, bastante rubio y bastante guapo y yo nos miramos… aunque el hecho de que yo me sintiera esperanzada o sostenidamente feliz poco tenía que ver con él, sino con el vértigo de los ojos de Primo porque eso fue lo que vi cuando me encontré con él… el pavoroso miedo que produce el encuentro con la promesa de la eternidad

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