METER LA PATA

mayo 26, 2004

Continúo a marchas forzadas en lo de registrar con algún orden o método los acontecimientos que suceden en mi ¿escasa? vida. Hoy Primo le dijo a Laura: Carmen es una gran pantalla trás la que no hay nada. Y confieso que estuve a punto de sufrir otro de mis explosivos secuestros emocionales (a los que parece que sigo afiliada cuando se trata de él) pero me contuve para no irme y quedarme quieta en el banco al lado de ellos. Esos eran los riesgos, ¿no? La verdad puede ser dolorosa pero si es la verdad y viene de labios de quien la conoce hay que aceptarla, aunque, eso sí, yo no pensase hacerlo de boca de nadie que no fuera él. ¿O tal vez lo que dijo fue? Carmen tiene una gran pantalla detrás de la que no hay nada. Eso admitiría varias interpretaciones y no constituiría con certeza una condena o un juicio de valor pero en aquel momento he de reconocer que con controlar el dolor que me produjo el golpe, el desprecio o la burla, lo que pretendiera ser y no salir corriendo como siempre, que era lo único que me pedía el cuerpo, ya tenía bastante

Bueno, lo dejo por hoy que no quiero forzarme y que esto se convierta en algo así como una obligación y lo que me apetece más que nada es irme a la cama y descansar aunque sé que no dormiré y que le daré mil vueltas a él en el pensamiento y a nuestras pequeñas conversaciones ( que para mí he de decir que son grandes, que conste; porque aunque no las transcriba ahora las voy, con absorbente avaricia, asimilando) pero antes le dije a Alma lo que sigue:  Debe ser terrible para él haber comprendido que no tengo intención alguna de dejar de albergar intenciones… Y las dos nos reímos y luego ella me contó una anécdota de la que se recordó y que supuestamente viene al caso: Un día Lola Flores, que era una mujer muy devota, en un programa de la televisión le dijo a alguien, un personaje, ‘Tratándose de usted le perdono que no crea en Dios’. A lo cual el interfecto muy serio le contestó: ‘Y por tratarse de usted Doña Lola de España yo hasta le perdono que me perdone’. Y mi abuela encantada con la escena que parecía estarse hasta viendo  añadió: y la cara de la pobre Lola era un poema porque a las claras se traslucía no era capaz de comprender nada.

Ya… cosas de mi abuela. Buenas noches (con sonrisa incluida)

 – Y ME FUI A LA CAMA PERO A LA MAÑANA…

Nora me llamó varias veces luego desde casa. Lo sé porque sonaba el teléfono en el estudio y al minuto el móvil pero yo no hacía amago alguno de responderle. Más tarde de comentaros aquello que dejé dicho ayer se me ocurrió que las llamadas que me hizo desde el trabajo podrían haber sido efectuadas a través de la centralita del hospital y eso terminó de revolverme las tripas. De verdad que yo soy muy tranquila pero que muy tranquila cuando me siento cómoda… lo que ocurre es que cuando empiezo a retorcerme todo se me agita por dentro como si contuviera un mar furioso; es por causa de las espirales de mi cerebro aunque la culpa última o primera sé que la tengo sólo yo por optimista: nadie cambia… nadie… (insisto) se mejora o se empeora y Nora no iba  a ser una excepción. Y lo que hizo fue dejarme un mensaje en el contestador del celular que no escuché durante un par de horas.

Luego me pasé por una mercería con el fin de comprarme unas hombreras para el vestido que me quiero llevar a Galicia y cometí el desliz de entrar en conversación; en el momento en que hablas estás perdida porque te ves acorralada entre lo que declaras, lo que te preguntan, y lo especiales (o ‘anormales’) que puedan ser las condiciones en las que has establecido las bases de tu vida y… ¡Hombre! no lo lamento pero cuanto menos se comunique una con extrañas (con una mente exclusivamente tradicional) mejor que mejor y menos peligro se corre de que se le levante el viento en el campamento: mis hijos, mi marido, mi casa, las labores de mi hogar, la mascota…  ¿Y yo, que de lo único que puedo presumir es de ser el ama más querida de una magnifica gata (ya viejecita la pobre), que pinto allí sintiéndome estrepitosamente diferente (y feliz) porque no tengo nada por lo que quejarme?. Entonces cuando trataba de que aquella mujer dejase de decirme lo guapa y joven que se me veía para mi edad  y me despachase les vi pasar a ellos en dirección a la casa de la madre de él. ¡vaya!, ¿no iban a ir hasta el parque?

Pero sí, por fin, con mi compra en la mano crucé un par de calles y les vi justo como a cien metros por delante de mí. Y pude comprobar la atención con la que él rastreaba todo el parque ¿en mi busca?

Su madre (la de él) estaba en compañía de una mujer rubia a la que primero confundí con Nuria Salvatierra (la madre de Laura) y eso me refrenó a sus espaldas pero un minuto más tarde al caer en la cuenta de quien era avancé hasta mi lugar de siempre. A Pura sólo la saludé con la mano desde mi posición y a él me pareció verle sentado en  el centro de la barra (con nitidez es imposible precisarlo) aunque luego ¿cuándo se dio cuenta de que yo había llegado? se mudó de taburete hasta la rotonda desde hasta donde yo casi podía verle mirando en mi dirección. Entonces si hice por escuchar el mensaje grabado de Nora: Francisco no tenía nada ”grave” y sólo iban a hacerle un test del aliento para tratar su úlcera.

Lo dejo por el momento aquí pero no sin antes añadir un detalle para no olvidarlo: Javier, un antiguo amigo de Azucena, estaba ayer leyendo  allí un libro como yo. Trabajé para Azucena cuando tenía 20 años y desde entonces he evitado volver a tener ninguna conversación con ese hombre… Me ocurrió una anécdota un poco ridícula y… pero no apetece  ponerme a hablar de eso ahora y otra cosa: antes llamé a Carmen, la encuadernadora y dice que ya ha terminado el primero de mis libros y que le ha quedado muy bonito. Serán quince euros pero los próximos no menos de dieciocho.

Hace unos minutos Nora volvió a llamarme y le repetí a ella (sin mis consideraciones morales y sin hacer evidente cualquier tipo de sentimiento) lo que os he contado a vosotras o quizás a él…

Ella quería que nos viéramos sobre las cinco y media de la tarde ¿dónde vas a estar? -me preguntó pero yo argumenté que tenía una cita con una obra de teatro en el Palacio Valdes; es cierto, hace un par de días que me dieron la entrada pero hoy me llamó la presidenta de ‘La A.’ (la asociación con la que voy de monitora en ese viaje) para reunirse conmigo y darme instrucciones y de paso las gracias por enviarle las fotos que tomé de su hijo y repetirme la invitación; aunque como no será hasta las siete  bien podría haber visto a Nora pero no quise. ¿Dónde voy a estar? y a ella qué le importa… me siento igual que hace años cuando tenía que quitármela de encima como fuera para que no siguiera mis rastros cuando yo le rastreaba a él. ¿No pensará que voy a poner en peligro lo que tanto trabajo me está costando consolidar? Y a ver… pregunta por pregunta que aún no le he hecho pero le haré: ¿No dijiste tú que un día comeríamos en el hospital con tus médicos  y así yo podría conocerlos y saber de quién me hablabas? Pues no ha vuelto a acordarse de eso, o sea que me quiere tener alejada de su territorio y yo no le he vuelto a insistir. ¿Para qué narices querría yo conocer a sus ”médicos” si a mí no me gusta tontear con nadie que no me guste? Y además basta que ese sea ‘su Mundo’ para que sea yo misma quién se ponga todos los peros pero no le hecho pasar por el mal trago ni de recordárselo ni de hacérselo cumplir porque me he colocado de forma tácita en su lugar y lo he comprendido sin necesidad alguna de que ella me lo explicara o de enfrentarla a sus propios conflictos o contradicciones.

Pero hoy ya se acabaron los cuidados y los reparos para con ella y cuando me comentó lo que el doctor C. había dicho de Francisco: Este tío es un gilipollas. Empieza los tratamientos y no quiere hacerse las pruebas, me enfadé:

– Bueno, pues sabes lo que te digo que tú no tenías ninguna necesidad de decirle a C. quien era él ni para que lo tratase bien ni para que lo dejase de tratar. ¿O no pensaste que a Primo eso podría no gustarle? porque una cosa es que tenga un hermano drogadicto o gilipollas y otra cosa es que quiera que tú lo vayas proclamando por ahí y todos lo sepan (hasta los que no tenían porqué enterarse). Al menos yo no querría. ¿Y qué hago yo ahora Nora?

– Eso no puedes decírselo. No puedes hacerme eso.

– ¿Cómo que no puedo decírselo? Si no quieres que se lo diga eres tú quien debes de callártelo? ¡Joder no me pongas en ese compromiso!, lo lea o no lo lea yo no le estoy ocultando nada y tú no puedes pedirme eso. Es más yo prefiero no saberlo así que no me lo cuentes  pero no me digas lo que le puedo o no le puedo decir. Yo no he elegido  la mentira para relacionarme con él aunque cuando esté con él no hablemos de sentimientos… de mis sentimientos

– Así que metí la pata como siempre por hablar de más…

Y esta vez no la consolé ni la tranquilicé porque los que salen perjudicados son personas a las que quiero y sí, a Nora la pierde su lengua. Y mira yo la entiendo porque tal vez ese sea también mi mayor defecto pero por ello me he recluido aquí e intento que donde diga me tiempo a pensar si debo o no debo decirlo, al menos. Luego, claro, ya no tengo ninguna disculpa

Se me hace tarde y tengo que dejar para otro instante el relato de la tarde del lunes y el de la de ayer. En la primera hubo lágrimas pero no mías y en la segunda lluvia aunque tampoco fui yo quién se mojó.

Menos mal que el lunes no me dejé llevar por el impulso creciente de contároslo y escribí aquí una nueva tontería. ¿Y qué hubiera dicho? Os habría hablado de otro hombre más, ¿de otra pacata esperanza condenada al fracaso? Yo intento, sigo intentando fijarme en otros ejemplares masculinos como alternativa sexual  a Guernika (creo que también continuaré llamándole así a él) pero … no termino de encontrar uno y es que de ‘esa manera’ no logro sentirme atraída por nadie y el lunes sucedió lo de aquel tipo: es un individuo más bien tirando a guapo, a rubio, a alto, a delgado y le conocí hace unos cuatro o cinco años, quizás seis pero por aquel entonces él, aunque era evidente que  manifestaba cierta atracción hacia mí, se atemorizó ante la sólo posibilidad de … yo que sé, yo no pensaba en serio en tener nada con él pero trataba de utilizarle para poner celoso a Guernika como tantas otras veces… Luego pasaron los años y  seguí viéndole por allí pero muy de cuando en cuando hasta que él me asoció con el grupo de discapacitados intelectuales y fue cuando le debió cambiar el chip sobre mí en su cabeza porque sus ojos trataban de hacer impacto en los míos por medio de la sonrisa y así hasta el viernes a la salida y el viernes sólo  percibí que andaba por allí pendiente de mí y me fui sin más pero el lunes ya fue distinto. Primero  hizo por coincidirse conmigo mientras yo estaba en el vestíbulo y luego… luego cuando me iba caminando con Alfonso fue cuando nos miramos con una de esas miradas, que ahora supongo fue sólo un eco de lo que había sido aquella que habíamos cruzado Primo y yo apenas dos horas antes. Y eso es lo que sé hoy, que el influjo hipnótico de los ojos de Primo reverberaba aún en el aire o en mi pulso y fue por eso que yo quise sentir o ver reflejado dónde no había tal vez nada que sentir o ver, porque cuando hace un par de horas le vi sentado en aquel banco experimenté lo habitual, otra pacata desilusión porque a pacatas esperanzas mal podía continuarles cualquier otra cosa; y además  para asuntos relacionados con el interés (¿qué sería si no?) no me interesa (lo recalco) en lo más mínimo invertir mi tiempo y mi dedicación en nada que no resulte sencillo y natural…  oye y la cosa es que si hubiera querido coincidirse con mi mirada habría tenido que situarse a la misma altura en que lo hizo el lunes. ¿Qué pudo sentir miedo al rechazo y no quiso decantarse tanto? Vale, sí, no lo dudo pero si ahora también voy a tener que empezar a ponerme en el lugar del miedo extraño entonces no estaría lista sino que sería estúpida y lo cierto es que ya tengo de sobra con pasarme la vida invirtiendo y derrochando buena voluntad en mis causas perdidas. Ventajas del estarse enamorada de otro, supongo (aquí léase un guiño cómplice)Y una cosa más antes de que cambie el día me escribió L. O. Me manda un correo, no sé a qué fin, dónde dice:

Hola a tod@s:

 Por fin después de más de 2 meses por estas tierras he conseguido que Telefónica me de la cuenta de e-mail de alta, por lo que ya podeis olvidaros de la cuenta @telecable que ha pasado a mejor vida

Espero poder ir en breve por ahí.

Saludos de Ordi

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