NIEVES

julio 16, 2004

Hace unos minutos me ha llegado un mensaje al teléfono móvil que decía así:

’Feliz día del Carmen. Abrazo en directo para el miércoles’.

Esta mujer no tiene bitácora que recomendaros pero tiene historia… quizás un día os la cuente. Y el mensaje me ha hecho ilusión recibirlo pero lo que más, lo que promete porque sé que va en serio… A Nieves le gusta el vino de mencía y se quedó viuda en octubre del año pasado… yo la conocí en diciembre y volví a tenerla por compañera en el viaje por el Camino francés… tiene otra hija pero la última nació para llegar a los doce años de edad mental y no poder seguir creciendo… y arrastra ya la mujer un ’retraso horario’de unos 23 años… Fue ella (Nieves, no Marta) quién frente a la catedral de Santiago me recomendó ’Trece campanadas’ de Suso de Toro. Me dijo que era un libro que merecía la pena…

TRECE CAMPANDAS

3 Responses to “NIEVES”

  1. lasalamandra Says:

    Comentarios » Ir a formulario

    Autor: Marta
    Toc, toc. Se puede?
    Mire, que le traigo un ramo de flores, para Carmen. Es usted?
    Sí? Pues este ramo es para usted. Que las disfrute.

    Feliz día :)

    Fecha: 16/07/2004 11:32.

    Autor: en_penumbra
    Post scriptum emocional: Me gustan sus abrazos maternales. Me gustan los abrazos que se dan con auténtico cariño. Son curativos :)

    Fecha: 16/07/2004 11:33.

    Autor: en_penumbra
    ¡Vaya Marta!, perdona casi te piso: gracias por ese ramo

    Un beso :)

    Fecha: 16/07/2004 11:34.

    Autor: Marta
    :)))

    Fecha: 16/07/2004 11:34.

    Autor: en_penumbra
    Sí ya lo decía yo el primer día… ‘Te mueves de vértigo!.

    Ahora me tengo que ir. Más besos…

    Fecha: 16/07/2004 11:36.

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    Autor: Ana
    Felicidades, esperoq ue disfrutes de tu santo hoy y el miércoles. :)

    Fecha: 16/07/2004 17:40.

    Autor: un_mar_de_calma
    Un calido abrazo, en este día, :), por lo menos que sea para finalizarle bien.
    Un abrazo, cuidate.

    Fecha: 16/07/2004 21:29.

    Autor: en_penumbra
    ¡Hola Patri!, gracias por ese abrazo. Sé que de ti también me llega con corazón :)

    Por cierto esa foto tuya del cementerio me apasiona. Y ya te digo que le daré vueltas hasta que me encaje en alguna parte; o sea que te la voy a robar.

    Besos.

    Fecha: 17/07/2004 00:16.

    Autor: un_mar_de_calma
    :)
    Robar o tomar prestada…Como quieras.
    En sus aledaños, en estos dias que se celebra El Cristo de Comillas, estara lleno de gente “bañada” en alcohol.
    Sigo prefiriendo el lugar de noche, me atrae considerablemente; sí la noche es depejada y con luna llena me remonta en el tiempo.
    Cuidate, y un abrazo

    Fecha: 17/07/2004 15:54.

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    Autor: Brocco
    Me encanta Suso de Toro. Te recomiendo Calzados Lola y Polaroid. Un saludo!

    Fecha: 26/08/2004 17:41.

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    Autor: Luis
    Por cierto: Nieves es el nombre de mi primera novia gallega. Alguna vez nos amamos bajo las aguas…pero eso no forma parte de nuestro mundo de casualidades: en Galicia siempre se ama uno bajo las aguas ;-)

    Fecha: 20/01/2005 18:27.

  2. lasalamandra Says:

    ESE LINK DE LA BEM-ON AQUÍ:

    Título: Trece campanadas
    Autor: Suso de Toro
    Editorial: Seix Barral
    Colección: Biblioteca Breve
    Genero: Novela
    400 págs.
    PVP: 18,00 euros
    ISBN: 84-322-1139-7

    Sinopsis
    La vida de una joven escritora de guiones transcurre sin novedad hasta que se entrevista con el director de una productora para intentar venderle un proyecto cinematográfico basado en una antigua leyenda compostelana. La sombra de un mal incierto y escalofriante se cierne sobre ambos cuando el rico y exitoso productor descubre que el argumento del guión se asemeja de un modo inquietante a su propia vida. Este turbador enigma unirá a los dos personajes de un modo dramático en la resolución del misterio.

    Trece campanadas es una narración de terror y metafísica, entre la novela gótica y la de ideas; es una indagación sobre la memoria de una ciudad, Santiago, pero también sobre la borrosa frontera que delimita la realidad y la invención popular cuando el mal se vislumbra en un laberinto de espejos.

    ¿Dónde habita el mal?
    Trece campanadas – Suso de Toro

    1. CELIA

    “Ella hizo aquel pequeño trecho sintiendo también el acoso de alguna cosa que perseguía a aquel hombre al que veía unido a sus pasos, alguna cosa que también la tocaba a ella, pues sentía flotar a su alrededor una sombra ahogante e incluso le parecía atisbar un telón de sombra fugaz en algún ángulo del espeso diluvio, en la sombra de algún portal, en alguna arcada. Sentía una presencia y casi un contacto oscuro…” (1)

    Celia era una mujer descreída, pragmática y analítica. En su pensamiento, supuestamente, no tenían cabida ni los presagios, ni los conjuros ni los malos agüeros. El mal, para Celia, habitaba en lugares visibles: los empresarios que la explotaban, los hombres que la habían engañado, los sacerdotes que practicaban una moral hipócrita… No hacía falta buscar más allá, porque había suficientes injusticias visibles en la vida cotidiana.

    Pero, de pronto, algo cambió en la vida de esta mujer. Conoció a Xacobe, un hombre que tampoco creía en lo mágico, pero había sido absorbido por una fuerza incontrolable venida del más allá. Y, a partir del profundo vínculo que los dos establecieron, la vida de Celia empezó a cambiar…

    “Esta mañana, allí sentada en aquella silla de plástico naranja y tubo de metal, presenció como la leve brisa de lo extraordinario descompuso por completo el cabello delicadamente peinado de la realidad cotidiana. (…). Se iniciaba así, delante de ella, con aquella correspondencia que llegaba, con un acto nimio que se repetía a diario, una cadena de hechos que la arrastraría como la corriente de un torrente turbio” (2)

    Celia cae fascinada ante el mal. Decide internarse en senderos que nada tienen que ver con su vida anterior: abandona la sensación de control, abandona la percepción objetiva del mundo, abandona el tipo de experiencia de la que se puede hablar con todas las personas… para entrar en el infierno. ¿Por qué? ¿Qué encuentra Celia en la oscuridad?

    Quizás, Celia encuentra lo que muchas personas buscamos en los libros o en las películas de terror: nuevas sensaciones. La apertura a nuevas experiencias es una característica de personalidad que muchos disfrutamos… y padecemos. Para los que tenemos un alto grado de necesidad de sensaciones nuevas, la búsqueda de este tipo de mundos es vital. Necesitamos continuo alimento para el cerebro, algo que nos haga pensar. Y el mal llena, muchas veces, esta necesidad. Su arbitrariedad nos intriga: el mal en estado puro es difícil de explicar y eso nos desconcierta…

    Por otra parte, el lado oscuro nos fascina por su carácter de extraño. Lo distinto llama nuestra atención porque todos nuestros sentidos y nuestras capacidades mentales están preparados para activarse con la novedad. Es lo adaptativo: lo rutinario no suele ser importante y lo evolutivo es que nos fijemos, sobre todo, en aquello que es raro.

    2. MIGUEL

    A Miguel también le fascina Xacobe. Él es un perseguidor del mal, un vigilante que escudriña el mundo buscando las tinieblas. Para Miguel este hombre es un caso extraño, porque trae consigo una condena pero no parece un instrumento del maligno…

    “Lo que me dejó sorprendido mirando hacia aquella puerta blanca por la que entró, era que nada en él irradiaba perversidad, ni magnetismo ninguno, ninguna fuerza especial. Por lo menos desde la distancia desde donde yo lo vi no percibía en el nada, en aquella sala de espera no se percibía presencia fuera de lo común, fuera de lo humano” (3)

    Pero eso no va a hacer que Miguel cambie de opinión: él es un prototipo de lo que psicólogos como David Shapiro denominan “estilo de pensamiento” detective. Es una persona que considera que lo evidente siempre es mentira porque la superficie de las cosas se halla siempre lejos de la verdad. Cree que detrás de todo acto hay algo oculto, y que buceando psicológicamente se puede llegar a averiguar. Sólo confía en una cosa: en los instrumentos que nos permiten averiguar la verdad que se esconde tras las fachadas. Por eso se apoya en sus intuiciones, en sus prejuicios, en las cámaras de vigilancia del hospital:

    “Su presencia estaría grabada seguramente en las cámaras de vídeo que registran lo que ocurre en todos los corredores, pues hoy nuestra vida está siendo siempre grabada y vigilada en todas partes. ¿Captarían las cámaras aquella figura? (…) ¿Y habría alguna luz o sombra en él que no captaba el ojo humano y sí captaba la cámara? (4)

    Las personas como Miguel son expertas en analizar detalles y sacar conclusiones a partir de ellos. Están en continuo estado de hipervigilancia porque quieren controlar el mundo. Su objetivo último es evitar las sorpresas, las zonas oscuras. Llevan muy mal la incertidumbre y lo quieren saber todo. Creen que cualquier secreto o cualquier asunto que desconozcan puede acabar perjudicándoles. Miguel se siente un detective y sabe que su tarea es importante:

    “Permítanme que le haga aquí una breve loa a la investigación, pues es una actividad bien poco estimada siendo tan importante como es. Supongo que los policías y los investigadores deben de estar protegidos por el arcángel San Miguel o por San Jorge, cosa que nunca pensé antes de aquello, pues el de ellos es un trabajo de verdadero ángel de la guardia, incluso de guerrero protector” (5)

    3. EL MAL

    Celia y Miguel, por distintos motivos, acaban transformando su mundo para convertirlo en el hábitat del maligno. De repente, sus vidas se llenan de señales de las tinieblas. Es carnaval y la gente se disfraza para no ser conocida…

    “Que bien hacían nuestros obispos cuando vivía el anterior Jefe del Estado y todavía mandaban en España al prohibir el carnaval, pues no es más que retroceso humano, degradación y licencia para el desenfreno. En aquellas figuras grotescas yo veía reflejos débiles, caricaturas de esa maldad espantosa acababa de ver tan cerca de mí”. (6)

    Los coches son llevados a aparcamientos subterráneos… y Miguel tiene también una opinión sobre el tema:

    “Todos esos lugares subterráneos modernos tienen algo de bajada a los infiernos que me desagrada. Y no dudo que hay algo en ellos de infernal y maléfico, pues la propia construcción de un laberinto de túneles a salvo de la luz me parece en sí misma una perversión, un signo más de la construcción paulatina de una ciudad del mal, una nueva Sodoma y Gomorra sin alma”. (7)

    Incluso Internet, con su anonimato y su falta de referencias, puede servirle de vía de entrada a Satanás. Una compañera de chat de Xacobe nos explica el porqué…

    “Para ser sincero hay que vivir en la verdad. Tú ahora estás en el mundo virtual, en el mundo de la ficción, donde no hay aquí. Si no hay aquí, no hay sitio para la verdad, la verdad sólo es posible cuando hay un lugar y un tiempo…” (8)

    Poco a poco, el mundo de nuestros protagonistas se llena de señales. Ya no hay nada casual: todo es causal, todo es una señal.

    La psicóloga Susan Blackmore decía que las experiencias parasicológicas son consecuencias accidentales del empeño de nuestra mente por comprender el mundo. Para sobrevivir en su ambiente, el animal humano tiene que conferirle un sentido y, en su búsqueda, tiende a realizar conexiones entre fenómenos. La investigadora, partiendo de esta idea, intenta identificar el tipo de persona propensa a este pensamiento mágico. Según ella, se trata de personas poco duchas en probabilidad…

    Para demostrarlo realizó un experimento. Escogió a un grupo de voluntarios a los que dividió en dos familias: la de los “crédulos” (individuos que creen en los presagios, en los sueños proféticos, en los mensajes divinos,…) y la de los “escépticos” (personas que descreen de cualquiera de estas señales) . Después, les realizó una serie de preguntas sobre la probabilidad de que suceda una casualidad. La conclusión fue esclarecedora: los “crédulos” pensaban siempre que la probabilidad del suceso era muy baja, es decir, infravaloraron la casualidad. Los “crédulos” no se dan cuenta de lo fácil que es, a veces, que lo casual se produzca. Y por eso, según esta psicóloga, son personas más propensas a atribuir causas extrañas a fenómenos que responden a meras coincidencias estadísticas.

    Miguel y Celia se convierten en crédulos que ven anidar el mal en todos los rincones de su vida. La paranoia empieza a introducirse en sus mentes y, poco a poco, empiezan a obsesionarse: el averno está a punto de introducirse en el mundo…

    4. CELIA, MIGUEL Y EL MAL

    El primer síntoma de la obsesión es la falta de sentido del humor. Cuando uno está obsesionado, cree que lo que le preocupa es muy importante. Y le da igual que nadie más lo vea así.

    “Y digo aquí que la ironía es uno de los estigmas que delata la derrota de la Fe en un corazón, pues no cabe retroceso ni duda ni cálculo en el camino de la Fe, que es ciega y sin embargo es el camino cierto de la luz. Y repito ahora que la nuestra es una hermandad de guerreros de la Fe y debemos estar alerta y prestos al enfrentamiento con las mil caras del Mal, dado que el Demonio, más que nunca, penetró en el Reino de los Hombres y sus intenciones se propagan en todas las direcciones” (9)

    El sentido común y la psicología clínica comparten una intuición: la excesiva preocupación por un determinado tema es un mal síntoma. Algo no está marchando bien cuando una persona dedica toda su energía y tiempo a darle vueltas a un asunto. Cuando nuestro cerebro sólo sirve para pensar rumiativamente, obsesionado con asuntos a los que no encuentra solución, nuestro bienestar psicológico se viene abajo. Las investigaciones muestran que las personas obsesionadas por un determinado tema, aquellas que no son capaces de desconectar del asunto, tienen peor rendimiento en memoria, toma de decisiones y capacidad de razonamiento abstracto, entre otras facetas del pensamiento. Cuando nuestra mente está atada a un problema, funciona muchísimo peor: dejamos de ver el mundo, dejamos de escuchar a los que nos rodean y, al final, dejamos de emocionarnos por la vida porque estamos demasiado centrados en nuestro problema. El delirio, por ejemplo, puede nacer de esa preocupación excesiva. Las creencias habituales, aunque sean mantenidas con firmeza, generalmente no nos obsesionan. Más aún, cuanto más establecida está una idea, menos probabilidades hay de que esté continuamente en un primer plano de nuestra conciencia. Nuestras creencias más básicas están asimiladas hasta tal punto que difícilmente nos damos cuenta de que las tenemos. Sin embargo, aquellas personas que acaban por ser diagnosticadas como delirantes, están continuamente rumiando sobre sus delirios y consumen mucho tiempo en replanteárselos y en buscar nuevas “evidencias”. Parece que no pudieran quitárselo de la cabeza: la idea se ha convertido en el centro del mundo y todo lo demás es ruido…

    “No, no es que Dios no nos hable, es que con el ruido no podemos oirlo, o no queremos escucharlo” (10)

    Ése es el camino que escogen Miguel y Celia: el sendero del maligno que, poco a poco se va introduciendo en sus vidas a medida que sus ideas van convirtiéndose en obsesivas. Cada uno tiene sus motivos: Miguel busca un sentido para un mundo que no entiende, Celia, rescatar a su amado, Xacobe, de las garras del mal:

    “Ella rescataría a su amado de las profundidades y lo traería de vuelta. Pasó bajo la sombra amenazadora de los dos leones de piedra que guardaban aquel paseo de la Herradura, ¿para quién lo guardarían?¿Eran para protegerla a ella o para atacarla y devorarla? (…). Ella sería Orfeo y arrancaría a su amor, mordido por la serpiente mortal, de las sombras del Hades” (11)

    Nuestros protagonistas acaban entrando, como Orfeo, en las simas del infierno. Y, como Orfeo, olvidan pisar la tierra:

    “Sus pies pisaban la tierra del paseo buscando un último apoyo en la realidad, para no ser tragada por el mundo de los sueños” (12)

    El delirio, el mundo de los sueños, el Hades, engulle a todos aquellos que no consiguen salir de la obsesión. Y Celia y Miguel se nos pierden, poco a poco, sin que podamos hacer nada por ellos. Allí se adentran con mirada extática contemplando como el mal se adueña de todo mientras esperan las trece campanadas que anuncien el principio de la hora del maligno.

    Y es que ya lo dice el viejo proverbio chino: a fuerza de ir al fondo de las cosas, uno acaba quedándose allí.

    © 2004 Luis Muiño

    Notas:
    (01) Los fragmentos están traducidos por el autor de la columna a partir de la edición original de “Trece badaladas” (ediciones Xerais). La paginación corresponde también a esa edición original. Este fragmento se encuentra en la página 139.
    (02) Pág. 21 y 22.
    (03) Pág. 49
    (04) Pág. 50
    (05) Pág. 121.
    (06) Pág. 214
    (07) Pág. 101
    (08) Pág. 23
    (09) Pág. 46.
    (10) Pág. 125
    (11) Pág. 205
    (12) Pág. 205

  3. nandara Says:

    Apuntado :)

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