AVILANTEZ

julio 17, 2004

Estaba leyendo en el diario íntimo, social y politico de …

… de PAZ VEGA LOPEZ la carta que publicaba del escritor Antonio Gálvez y me enganché también a los comentarios, y así fue como me encontré con una historia que me llamó la atención aún más que esa carta.

Reproduzco el asunto a continuación:

Enviado por Dennis de Young ( analfabeto_rico@hotmail.com) 17.07.04 @ 11:50 pm

Lo que sigue pertenece a “El frío de una vida”, la última biografía de Francisco
Umbral, escrita por Anna Caballé, a quien Iván conoce -no sé hasta qué punto, con qué
profundidad; no penséis mal. Va sobre el rollo de Umbral y la poetisa Blanca Andreu
(Rimbaud en la novela), literaturizado en “La bestia rosa”. Para que veáis cómo
terminan estos “affaires”.

“Pero lo más significativo del libro es el interés desmedido que el narrador
manifiesta por su falo. Es decir, en términos comparativos, un interés mucho mayor
que el que demuestra por la joven Rimbaud, en el fondo receptora inerme -pese a las
apariencias de niña ‘progre’ y liberada con que se la describe- de su brillante
falo ‘tardobarroco’. Su falo es un prodigio de madurez y barroquismo, una obra
de arte que hubiera podido firmar Berruguete, un objeto de culto que el narrador
sueña con que alguna distinguida dama coloque en una vitrina de su salón para
admirarlo incondicionalmente, un estuche que contiene las materias más preciosas, el
oro, incienso y mirra de los antiguos Magos de Oriente. La hipérbole sólo puede
concluir con un delirante elogio del semen, de su semen, como única eucaristía
posible para la mujer que, comulgando su preciado líquido, se vivifica por dentro:

”’El semen, mi semen en la boca de Rimbaud, es como una cosecha tardía o temprana,
un trigo seminal y fluyente que desborda los labios moriscos de la niña, una riqueza
cereal, una sexualidad candeal que genitaliza el alma y su cuerpo. El semen, mi
semen, que ella recoge y apura con boca ávida, con manos puras, con lengua
eucarística, es algo sagrado”’

Ante esta borrachera autoafirmativa, poco espacio queda para la pobre Rimbaud, su
compañera de cama en el libro y depositaria de tan excelsos y sagrados fluidos. Las
autorreferencias son mucho más frecuentes e intencionales que las que puedan hacerse
a esa muchacha tópicamente descrita como ‘efeboandrógina, efeboacrática,
efeboanarco’ y a la que el narrador llama Rimbaud por su preferencia por el poeta
francés. Los rasgos elegidos para describirla no están, por supuesto, exentos de mala
intención. Se trata de una muchacha fumadora, bronquítica, sin pechos, que mea a
altas horas de la noche en el paseo de Recoletos y que dice majaderías como la que
sigue:

”’Necesito anfeta para flipar y ovoplex para menstruar”’

Como todo el mundo sabe, bajo el nombre de Rimbaud, Umbral quiso que se encubriera a
una joven poeta con la que el escritor mantuvo entre 1978 y 1980 la relación
extraconyugal más seria e importante de cuantas ha vivido. Las alusiones a la joven
son veladas pero constantes, fácilmente reconocibles para alguien que conozca el
mundillo literario (poeta, su nombre con dos aes, universitaria, procaz…) y
transparentes para quien quiera tomarse la molestia de leer sus columnas de El País
en esta época. En el periódico, el nombre de la joven poeta aparece vinculado a las
mismas marcas que pueden leerse en ‘La bestia rosa’: se alimenta de Nesquik,
vive en un Chagall, le gusta Patti Smith y la conoció en el Rastro una mañana de
domingo de 1978. Y, por supuesto, hay huellas de la influencia del escritor en el
título de un libro premiado a la joven poeta en 1980. Las referencias, de un modo u
otro, han continuado… Es difícil desprenderse de la tela de araña que el escritor
teje alrededor de la persona, hombre o mujer, que cae en las redes de su prosa
maledicente e ignífuga. No importa que algunas de ellas le hayan pedido
insistentemente que deje de citarlas (la duquesa de Alba, Carmen Díez de Rivera),
porque su escritura es una lava que se extiende sin detenerse a comprobar si quema o
no. Sin embargo, a su alrededor se dibuja un paisaje volcánico: ni una florecilla
silvestre entre tanta tierra quemada.

En 1978 Umbral tiene cuarenta y seis años. La joven poeta… veinte. La relación fue
un fogonazo que prendió rápido en el corazón de ambos. Ella abandonaría muy pronto
sus estudios de filología en la Universidad Complutense para acompañar al escritor en
sus desplazamientos fuera de Madrid. Por unas pocas noches ambos vivían la ilusión de
ser una pareja de verdad, es decir, cuya libertad no estaba coartada por
planteamientos cargados de una doble moral. Compartían cenas con amigos,
presentaciones de libros, conferencias…

Decido llamar a Rimbaud para preguntarle su opinión sobre ‘La bestia rosa’. Lo
hago el 30 de marzo de 2001, sobre la una de la tarde. Mantenemos una conversación
muy tensa, hasta el extremo de amenazarme ella con los tribunales si me atrevo a
vincularla con el escritor. Sólo por el hecho de preguntarle por él dice considerarme
‘su enemiga’, y me reprocha ‘estar en la Universidad y estudiar
pornografía’. Sin poder hablar, me cuelga el teléfono. Deduzco que su odio a
Umbral es inmenso, y la vuelvo a llamar. De nuevo me amenaza ‘con su pluma’ y
también asegura que sus abogados me sacarán un pastón y además ella me dará ‘un
par de hostias en los morros’ si me encuentra por la calle. Le digo que,
sencillamente, la he llamado porque sé que fueron amigos y, puesto que iba a
mencionarla, quería decírselo y también preguntarle su opinión sobre el escritor. (Su
opinión, desde luego, no puede estar más clara.) Algo más calmada me contesta que
‘es un hombre que parece vivo pero que no lo está’, y que su vida, contra
algunas apariencias, es anodina y mediocre. Sin dejar su voz arrogante, Rimbaud
comenta su costumbre de utilizar las relaciones sentimentales que ha mantenido para
escribir sus libros, cargados de referencias a mujeres reales. Me habla de M, que le
inspiró un libro anterior, ‘Los amores diurnos’, y con la que desde luego
pensaba ponerme en contacto. ‘A ver si tiene usted huevos para hablar con ella y
preguntarle por él’

Esta vez las dos colgamos el teléfono al mismo tiempo. Me cuesta reaccionar, porque
en unos pocos minutos el plomo de la conversación me ha hecho evidente la dificultad
del trabajo, y por primera vez dudo tanto de su utilidad que decido tomarme unas
semanas para pensar. ¿Es que tengo derecho a llamar a la mujer que inspiró ‘Los
amores diurnos’ o a cualquiera de las que han tenido una relación con Umbral,
invitándolas a revivir una experiencia que finalmente ha resultado negativa para
ellas y que prefieren olvidar? Puede suponerse la enorme decepción de Rimbaud, si es
que estuvo enamorada del escritor. Un hombre que destruye las ilusiones generadas por
un amor sincero elimina de cuajo los sueños del espíritu. Recuperarse de ese vacío es
sólo cuestión de tiempo.

(En El País encuentro una entrevista a la escritora Blanca Andreu firmada por la
periodista Rosa Mora, al hilo de la publicación de ‘El sueño oscuro’, volumen
que reúne los tres libros de poesía de Andreu:

-También fue la musa de Umbral.

-Voy a utilizar una palabra que le gustaba mucho a Juan Benet: avilantez. La musa de
Umbral es su propia avilantez, mejor dicho, su infame avilantez, y se nota. Creo que
eso está claro para cualquiera. Él se proyecta en las señoritas que ve pasar, pero no
hace más que eso, proyecciones. Es una de las personas más ególatras que he conocido
en mi vida, y más parciales. En el fondo lo que ha hecho es injuriarme.

-¿Qué escritores vivos prefiere?

-Considero escritores vivos a todos los que valga la pena leer. Me parece mucho más
vivo Shakespeare que Umbral, ya que usted lo ha citado.”

Avilantez: audacia, insolencia.

 UMBRAL

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Y lo que le hubiera dicho de haber podido hacerlo a Paz Vega :

Yo voy a ser sincera me ha capturado el que hagas pública una carta de un tipo que escribe libros e iba a decirte eso cuando me he tropezado con la historia (me imagino que a modo de profecía o advertencia de lo que te podría suceder… de mano de uno de tus amigos … no sé, porque me he saltado todos los demás post ) de Blanca Andreu y Umbral… Cuando yo tenía un poco menos de tu edad tenía una amiga que se llamaba Lucía que me contagió su pasión por Blanca Andreu… ‘Sólo la muerte, la tímida muerte, que pronuncio con tanta ligereza’. Eran poemas dedicados a la heroína, creo mundo en el que Lucía estaba completamente inmersa por lazos de parentesco; y tú, por lo que sea, me recuerdas a ella… No sé, esa garra que se percibe en ti a poco que se te visite…

Pero mi curiosidad se remonta entonces a ‘el Poema’, ”mi poema”. Después de leer esta noche sobre ella me gustaría saber en quién o en qué estaba pensando cuando escribió ‘El día tiene el don de la alta seda’

El día tiene el don de la alta seda
pétalos desandados por el pie de la noche
monedas en corolas, eso dije
pero se izó la nube de magnolia hasta llegar al núcleo ahogado,
estambre eléctrico y pistilo triturado de amor
monedas deshojadas por el terrible cheque templario
o bien las brujas vírgenes prudentes,
y la plomiza nada milenaria

El día tuvo el don de la alta seda,
amor mío, amor mío, y por eso aún escúchame,
por eso te repito el perdido poema,
amor mío, amor mío, tu voz que amé y que cruza
las pupilas moradas de los puentes.
y tu olor habitado, azul, y todo
lo que ahora abandono y abandonas
no sé con qué propósito,
ni sé de qué manera clandestina,
ahora, mientras yo rompo
la idea de tu rostro
y continúo ignorando
qué invierno,
qué arteria barroca del diciembre aquél,
qué orden despierto es el tuyo
mientras yo vivo sola, y duermo, y te detesto.

Blanca Andreu

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Por cierto, por tres veces he tenido que rehacer el sobre para el indulto de Pablo Santiago porque ya no sé cómo escribir ‘des’ que no sean de loca. Lo de mi caligrafía es imposible…

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

18/07/2004. tema: Inspiración… expiración. #

4 Responses to “AVILANTEZ”


  1. […] de Chagall en las manos. Aunque en él creí no encontrar ninguna de esas pinturas que poetizaba Blanca Andreu para aquella niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall; o sí, tal vez a ‘los amantes […]


  2. No me parece bien que Caballé hable de vidas ajenas de forma no autorizada, como hizo con Umbral, incluyéndome a mí en sus enjuagues enredadores y cabilderos. Sobre todo porque ese tipo de libros basado en la rumorología suelen estar muy alejados de la verdad.. No me parece bien que transcriba una conversación telefónica no grabada. Y de una cosa estoy segura: en mi vida he usado la expresión ” en todos los morros”. Y os diré algo más: hablé con mi abogado al respecto y me aseguró que si presentaba una demanda contra es ser la ganaría con costas con toda seguridad. Porque lo que hizo tampoco está bien ante nuestras leyes. Decidí no demandarla, porque odio los pleitos. Sin embargo, creo que todo el mundo que no ha cometido ningún crimen ni corrompido en la tierra tiene derecho al honor, a no ser calumniado, y a que se respete su vida privada,
    haya publicado libros de poesía o no.
    No me parece bien que comadreéis sobre mi vida sin conocerme de nada ni conocer los hechos. Igual a vosotros sí os parece bien por considerarme un personaje. Sin embargo, soy una persona. Como vosotros. Si hacéis un esfuerzo de imaginación y os ponéis en mi lugar, veréis como tengo razón.

    Por mi parte, estoy convencida de que todo lo que se le hace a otro, revierte sobre uno mismo, de modo que me guardo muy bien de aumentar bolas procedentes de fuentes poco claras y contribuir a molestar a quienes no me ha hecho nada malo.

    En cuanto a las chorradas de Umbral atribuidas a esa tal Rimbaud, me desentiendo por completo y me declaro libre de toda responsabilidad


  3. By the way, y sólo por poner los dos ejemplos que primero me ha venido a la mente:
    En 1978 yo estaba estudiando primero de Filología en la facultad de Murcia y vivía en la calle Puerta Nueva. No es que no conociera a Umbral, es que ni siquiera vivía en Madrid.

    Conocí a Umbral tomando café en el Hotel Eurobuilding, en una cafetería lo más alejada del rastro en distancia y concepto que pueda haber.

    Etc.


    • Perdone usted, señora Andreu, este espacio lo abandoné hace mucho tiempo y he entrado aquí, hoy, por casualidad, así que no he visto los comentarios hasta ahora… Yo, si usted lo desea… borro lo que quiera de aquí. Para mí estas cosas no tienen actualmente ningún sentido y sí, las considero viles pero yo, de ser usted, no les daría tampoco ni la más mínima importancia. Porque si la gente está ociosa… como yo entonces lo estaba… como el diablo, cuando se aburre mata moscas con el rabo y si puedo serle de alguna ayuda mi dirección es caminmariaarrobatelecable.es. Escríbame ahí porque es la única manera de que me entere, más o menos, en tiempo inmediato. Salud.

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