LAS LLUVIAS DE SANGRE

agosto 18, 2004

El tiempo y el viento…

Yo antes odiaba el viento pero antes solía odiar con facilidad. Ahora ya no, aunque tampoco me preocupa el no poder hacerlo. He olvidado el cómo. Cuando el odio empezó a dejar de ser una costumbre en mí, tenía miedo de relajarme demasiado o de no saber defenderme pero también eso dejó de preocuparme. El odio es una perdida de tiempo, y de alma. Los que odian se convierten en desalmados y además envejecen

Hoy los informativos nos amenazan con vientos de 190 kilómetros a la hora (con el anuncio de esa velocidad aquí se suelen cerrar los parques) y yo supe que tendría problemas con dos personas. No sé cómo de graves ni porqué razón. Es más creo que sin razón. Antes, cuándo odiaba, me producían mayor temor ese tipo de gentes que cualquier viento pero hoy sé que existen vientos temibles tan temibles como algunos de esos seres que parece que sólo se unen con el fin de sumar o multiplicar sus odios… Lo que ocurre es que antes yo podía ser tan temible como ellos porque mi odio me cegaba. Creo que optaré por marcar el número de la policia a la mínima de cambio que inicien un movimiento de agresión hacia mí. Son un matrimonio y no sé qué andan buscando pero sé que no hay nada más peligroso que la estulticia humana y el odio sin sentido. Cuando se lo comenté hace un par de horas a ‘en las nubes’ ella dijo: ‘¡Hombre!, como medida intimidatoria está bien’. Y yo sólo le contesté: ‘Es que la inteligencia tiene que servirnos para algo’. Ella me había llamado para contarme que su vecino, el mismo con el que tuvo la aventura, aporreó con suavidad y con los nudillos su puerta porque sabía que esta tarde se encontraba sola.

– Tú voz está distinta -observé yo. ¿Qué ha sucedido?

– Nada.

Pero dice nada porque no se atreve a confiarme nada más, porque intuye que seré muy crítica con ese tema. Al fin y al cabo tuve que ser yo la que se lo solventase…

– ¿Entonces por qué te noto entusiasmada?

– No, no, de veras. Es que he estado dándole una buena batida a la casa y el ejercicio físico me ha sentado muy bien. Si hubieras visto cómo estaba todo…, parecía una pocilga

Exagera. ‘En las nubes’ es una mujer muy limpia. La que vive así soy yo y no me importa.

– Es que por un momento pensé que … (y lo mantengo: ¡Ay su vanidad!)

– No, no. Sólo me dijo que venía a por un juego de llaves porque se le había cerrado la puerta. Se las di y le pedí que se fuera.

Y de improviso se presentan los de su casa y la conversación se interrumpe. Podíamos haber estado juntas esta tarde pero no estuvimos. Yo no quise cuando sonó el teléfono cerca de las cinco.

– ¿Tomamos un café?

– No. No quiero ver a nadie. Quiero estar sola. Estoy atravesando por un silencio. No sé si me entiendes.

– Perfectamente. Ya te comenté la semana pasada que eso era lo que me ocurría a mí. De todas formas quería explicarte lo de mi hermana. Quería hablarme de lo que yo te hablé a ti el domingo y la traté como tú me trataste a mí.

‘en las nubes’ me había dado las gracias por escucharla y por ayudarle a abrir los ojos. Pero su hermana no reaccionó igual que lo hizo ‘en las nubes’. Y tengo la sensación de que la culpa es del odio.

Mi sangre permanece fría, y el pánico escénico no es lo que se oculta tras las bambalinas. Parece que el viento se ha calmado. No lo siento rugiendo ahí fuera. Sólo el ruido de los coches que sesga la noche al transcurrir.

El domingo me decidí a reiniciar la lectura de ‘El paciente inglés’ de Michael Ondaatje. Es ya su tiempo. Las niñas revoleteaban a mi alrededor pero ‘Laura’ no estaba entre ellas así que prefería la lectura a su compañía pero las pequeñas no parecían tener la menor intención de dejarme sola y elegí un fragmento muy hermoso: ¿Queréis conocer algo sobre los vientos? ‘Sí’ contestaron todas entusiasmadas.

el paciente inglés

”’Cogió el cuaderno de notas que había sobre la mesita contigua a la cama del hombre quemado. Era el libro que éste llevaba consigo cuando salió de entre las llamas: un ejemplar de la Historia de Herodoto, en el que había pegado páginas recortadas de otros libros y había escrito sus propios comentarios, todo ello entremezclado con el texto de Herodoto.

Empezó a leer su diminuta y retorcida caligrafía.

En el suer de Marruecos hay un viento en forma de torbellino, el
aajej, contra el que los fellahin se defienden como cuchillos. Otro es el africo, que a veces ha llegado hasta la ciudad de Roma. El alm, viento otoñal, procede de Yugoslavia. El arifi, abrasa con numerosas lenguas. Ésos son vientos permanentes, que viven en el presente.

Hay otros menos constantes, que cambian de dirección, pueden derribar a un caballo y su jinete y se reorientan en el sentido contrario al de las agujas del reloj. El bist roz azota Afganistán durante ciento setenta días… y entierra aldeas enteras. Otro es el caliente y seco ghibli, procedente de Túnez, que da vueltas y más vueltas y ataca al sistema nervioso. El haboob es una repentina tormenta de polvo procedente del Sudán que se adorna con brillantes cortinas doradas de mil metros de altura y va seguida de lluvia. El harmattan sopla y después se pierde en el Atlántico. Imbat es una brisa marina del África septentrional. Algunos vientos se limitan a suspirar hacia el cielo. Hay tormentas nocturnas de polvo que llegan con el frío. El jamsin, bautizado con la palabra árabe que significa ‘cincuenta’ porque sopla durante cincuenta días, es un polvo que se levanta en Egipto de marzo a mayo: la segunda plaga de Egipto. El datoo procede de Gibraltar y va acompañado de fragancias.

Otro es el …………, viento secreto del desierto, cuyo nombre suprimió un rey después de que su hijo muriera arrastrado por él. El nafhat una ráfaga procedente de Arabia. El mezzar-ifoullousen, violento y frío, procede del sudoeste; los bereberes lo llaman ‘el que despluma las aves del corral’. El beshabar -‘viento negro’- es otro viento sombrío y seco procedente del Nordeste, del Cáucaso. El samiel -‘veneno y viento’- procede de Turquía y se aprovecha a menudo en las batallas. Tampoco hay que olvidar los otros ‘vientos envenenados’: el simoon, del Norte de África, y el solano, cuyo polvo arranca pétalos preciosos y causa vahídos.

Otros son vientos locales, vientos que pasan a ras del suelo como una inundación, descascarillan la pintura, derriban postes de teléfono y transportan piedras y cabezas de estatuas. El harmattan recorre el Sáhara con polvo rojo, polvo como fuego, como harina, que entra y se coagula en los cerrojos de los fusiles. Los marineros llamaron a ese viento el ‘mar de las tinieblas’. Brumas de arena roja procedentes del Sáhara han llegado hasta lugares tan lejanos como Cornualles y Devon y han producido lluvias de lodo tan intensas, que se han confundido con sangre. ‘En 1901 se habló de lluvias de sangre en muchos lugares de Portugal y España”’

.-.-.-.-.-.-.-. Y a estas alturas del párrafo ya prácticamente me había quedado sola: ‘¿Todo el libro es así?’ -preguntó María con una cara indescriptible y por la que lo que apetecía era comérsela. ‘Sí’ confirmé yo y se fueron ….-.-.-.-.-.-.-.-.-

”’En el aire hay siempre millones de toneladas de polvo, como también hay millones de metros cúbicos de aire en la Tierra y más seres vivos dentro del suelo (gusanos, escarabajos, criaturas subterráneas) que pastando y viviendo sobre él. Herodoto registra la muerte de diversos ejércitos envueltos en el simoon, a los que no se volvió a ver. Una nación ‘se enfureció tanto con ese perverso viento, que le declaró la guerra y avanzó en perfecto orden de batalla para resultar rápida y completamente sepultada’ .

Las tormentas de polvo revisten tres formas: el remolino, la columna y la cortina. En el primero desaparece el horizonte. En la segunda te ves rodeado de ‘dijinns danzantes’. La tercera , la cortina, ‘aparece teñida de cobre: la naturaleza parece arder’

Levantó la vista del libro y vio que el hombre, con los ojos clavados en ella, empezaba a hablar en la penumbra.

Los beduinos tenían una razón para mantenerme con vida. Yo, verdad, era útil. Cuando mi avión se estrelló en el desierto, uno de ellos supuso que yo poseía dotes particulares. Puedo reconocer una ciudad sin nombre por su croquis en un plano. Siempre he sido un pozo de conocimientos. Soy una persona que, si se queda sola en la casa de alguien , se acerca a la librería, saca un volumen y lo absorbe. Así entra la Historia en nosotros. Conocía mapas del fondo del mar, mapas que representan los puntos débiles de la corteza terrestre, mapas pintados en piel con diversas rutas de las Cruzadas.

(…)

En el desierto es fácil perder el sentido de la orientación. Cuando me precipité desde el aire en el desierto, en aquellas depresiones doradas, no cesaba de pensar: debo construir una balsa… debo construir una balsa. Y, pese a estar rodeado de arenas secas, sabía que estaba entre gente de mar”’ (Pág. 29)

El paciente inglés

 

Me encuentro cansada y tengo sueño. Buenas noches.

18/08/2004. tema: … de Amor y de Sombras…. #

One Response to “LAS LLUVIAS DE SANGRE”

  1. lasalamandra Says:

    la_rayuela:
    Vientos, vientos incendiarios…

    La facultad de odiar a nuestros enemigos nos priva de poder juzgarlos. Que decía certeramente Al Pacino en aquella película de Coppola.
    19/08/2004 19:27:43

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s