EL OLOR DE LA BELLEZA

agosto 26, 2004

Thursday, August 26, 2004

 

LUCÍA

Lucía es desgarbada y no estoy hablando de su cuerpo. Como niña es más bien tirando a feucha (y cuando me presentó a su madre comprendí la razón) aunque de proporciones armónicas y estilizadas; alta pero es difícil precisarlo cuando se la compara con las otras niñas que son dos y hasta tres o cuatro años menores. Existe entre ellas cierto abismo insalvable, esa frontera que duele y separa la ingenuidad y el candor del descreimiento, y que se percibe también en Covi, la andaluza. Al menos Lucía no les ha dado a las otras niñas una clase de sexualidad avanzada como hizo la de Dos hermanas pero sólo porque es menos inteligente. Además Lucía es mediocre, terriblemente mediocre. Ese es el aire que se respira cuando la hueles y por eso me hizo gracia antes leer el comentario de ‘Raquel’ hablando del incidente con ‘el polismandelacivitas’ y el desdén, ese desdén que sólo sienten los débiles, los mediocres y no digo que sea cierto y que una este libre de esos ‘males’ pero … ese era el desdén que empleaba Lucía al escuchar discutir a las otras sobre la existencia o no de los Reyes Magos. Entonces sentí un asco repetido, un asco como un eco lejano, repugnancia. Lucía es la única niña que huele mal, que huele a adulta cuyo sudor se corrompe. Y es bastante probable que esto sea porque la menstruación ya ande cortejándola y las hormonas se le amotinen, o tal vez porque en su casa no la obliguen a mantener la higiene adecuada. Aunque antes lo comenté con alguien por teléfono y me sugirió una tercera opción: ¿Y si fuera que su química es incompatible con la tuya?. Interesante porque por más esfuerzos que hice en su caso, Lucía me resultaba desagradable en alto grado, insoportable; como aquella vez durante el Camino que escuché en mi cabeza el rumor creciente de la alta tensión de la torre eléctrica y creí que estaba enloqueciendo o en el mejor de los casos que estaba al borde de la insolación… pero en el parque ninguna viuda caminaba a mi lado y no podía preguntarle: ‘Oye, ¿tú oyes lo que yo oigo?’ Y es que lo olfativo es tan personal que nos delata. Por ejemplo, a mí ahora me ha dado por utilizar una colonia de niña ‘my scene’, y ni siquiera imaginaba que era de niña cuando me la dieron a probar pero era justo el perfume que andaba buscando. ¿Has leído a Suskïnd? Lucía jamás despertaría el vértigo de Jean-Baptiste Grenouille porque la belleza no huele como Lucía.

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