YO ME REÍA

agosto 31, 2004

… porque él se reía. Un niño como de unos seis o siete años, desaforadamente, desacostumbradamente. Decías ’bigornia’, por ejemplo y se desternillaba de risa, o … no recuerdo ahora las que le dije, improvisé sobre la marcha, ni con la que comenzó, hasta que dije la última: ’esternocleidomastoideo’ y sí, se río, con esa risa suya que no sabías si se estaba inventando o si era el síntoma de que le estaba dando un ataque de asma, o puede que tal vez de que vivía ahí, muy cerca de la ’frontera’. Pero a los dos segundos se quedó serio y dijo: ’Eso es un hueso’ y se le quitó la risa y entonces fue cuando si me entró a mí, imparable, demoledora, tan fronteriza como había sido la suya de minutos antes. Y los otros niños que ya habían llegado y eran incapaces de comprender lo que ocurría miraban extrañados, incluso Laura y fue cuando yo dije: ’Vamos a hacer una prueba’. Y dibuje una linea y otra y luego una curva y las uní, y se lo mostré al niño y entonces le dije: ’A ver, tú qué ves ahí’. Y la respuesta no se hizo esperar, lógica aplastante: ’un sombrero’. Y dicho esto yo le repliqué: ’¡Aja, un sombrero! Eres un impostor. No te empeñes en fingir que eres un niño. Dime Laura, porque tú has leído el principito, ¿verdad?… ’Sí, sí’ -gesticuló ella moviendo las manos con su encanto. Ese libro se lo regalé yo. Primero le presté el mío y luego le compré una pequeña joya del mismo en miniatura, para que me lo regresase. También sé que lo estudiaron en el cole. ’¿Entonces qué es? -insistí. ’Una serpiente que se ha comido a un hombre’. Las caras de los demás niños, los que asistían a la escena, eran indescriptibles, menudo momento, tan ajenos a él y tan protagonistas: ’En realidad es una boa constrictor que se ha comido a un ratón’… Ya, ya sé, no fue un ratón, fue un elefante pero eso me parecía demasiado para una sóla tarde. Así que Laura continuó la frase por mí: ’Es un niño idiota y no está loco’ (entre ellos se hablan así), y no creo que Laura fuera muy desencaminada porque el niño demostró que sólo se reía de lo que ignoraba, y su propio desconocimiento era lo que le hacía tanta gracia.

REIRSE

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