– Fantasía en la Plaza de Oriente –

septiembre 27, 2004


jarrimad

W. de Kooning

Ayer un buen amigo mío reprodujo en su blog ‘Mujeres – diosas’, la primera de mis fantasías virtuales con desconocidos que se hizo realidad: Mi fantasía…

A Gloria.

No sé dónde os veréis. No sé si antes hablaréis… Pero desearía de alguna manera estar presente… Me gustaría que lo que le va a suceder contigo sea algo distinto. Ten en cuenta que es un hombre con mucha experiencia, que ha vivido muchos momentos únicos y que conoce a muchos ‘tipos de mujeres’…

Me lo imagino llegando a ti. Te besa. Hace que ladees el cuello y clava sus colmillos en ti… Tú le miras y tomas el teléfono en el que él habrá marcado mi número y me llamas… yo te contestaré y probablemente me quedaré callada. No quiero hablar con él. Pero si me gustaría escuchar su voz susurrándote a ti… su deseo… Su voz es profunda, cavernosa. Toda una voz… una voz de hombre. Sólo la escuché contestándome un segundo… Si hablamos… hablaremos tú y yo. No te preocupes, probablemente no será demasiado tiempo. A no ser que a ti excite lo que yo logre comunicarte. Te pediré que me cuentes cómo sabe, lo que te inspira, a qué huele… Recuerda que no deseo que él conozca mi voz. Sólo quiero paladearle a través de tus sentidos.

Yo estaré en la calle. Probablemente … mirando hacia mi profesor, que hoy se ha acercado a mí públicamente como no se ha atrevido a hacer nunca, a pedirme caramelos, a rozarse contra mi cuerpo… he visto fugazmente las caras de todos observándonos y rumoreando. No las he mirado. El sexo huele… Y él me conoce perfectamente. Sabe de mi deseo. Mi profesor y yo nos gustamos muchísimo. Nos convertimos en animales cuando nos miramos. Si me dejas escuchar cómo te hace el amor, si me dices lo que sientes, si te hablo… y le miro a él probablemente pueda más que todas nuestras distancias y miedos el deseo. Mi fantasía es esa… ya ves que no es nada imposible. Todo depende de su teléfono y de ti, de tu voz, de tu placer y de tu consentimiento… lo demás llega.

A Madrid49.

Sólo deseo que me llame cuando empieces a tocarla. No busco una conversación normal. Quiero que la toques, que acaricies su sexo, aún sin desvestirla. Y que mientras habla la mires a los ojos, pero a su profundidad… a lo que nadie ha visto de ella. Hazle mirar al infinito y acaricia su clítoris en ese momento. No la penetres con tus dedos, que sea un placer muy deseado, dolorosamente ansiado… quiero oírla gemir. Quiero oírte a ti obligándola a gemir, acariciándola con tu voz.

Lo que Gloria me contestó

Mi querida María (hoy, más “magica” y querida) “tu” fantasía es “fantástica” y claro que te diría que sí…….cómo no cruzar una puerta tan generosamente abierta?…..un hombre……penumbra…..pasión…..sigilo….deseo. Hoy nuestro encuentro no tendrá “habitación de hotel” pero ya te digo ahora que SI.

(*P.S: Es que a mí Gloria siempre me ha llamado María… aunque Madrid49 me llame de otra manera)

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Plaza de Oriente

La narración de Madrid49

Cita en la Plaza de Oriente,
31 Mayo 2002, 19:30

He sido usado, abusado, desechado…

He llegado, como previsto, un cuarto de hora antes de la cita. Me ha extrañado el que me invadiera un nerviosismo, una tensión que no recordaba desde la adolescencia. Eran demasiadas interrogantes. ¿Cómo será? ¿Hablará en serio? ¿Se completarán las fantasías? ¿Le gustaré? ¿Me inventará una excusa para decirme que no educadamente? ¿Pensará que la corbata es una horterada? ¿Me despreciará como yo desprecio a los ejecutivos pitopausicos? La inseguridad se apoderaba de mí como si una púber insegura se tratara…

Pero ella llegó. Desnuda en un traje negro. Un traje que se ceñía a su cuerpo y ponía el acento en unas caderas que se movían con el nervio felino de una bailarina. Brazos al aire, escote coqueto dejando ver el borde de una lencería de puntillas negras. Pelo largo, suelto, rizado, con mechas de canela y de vainilla. Cara fina, ojos seguros, nariz dominante. Su acercamiento controlaba el espacio y la situación. No necesitaba devolver una sonrisa que intentaba ganar ternura. Se me escapaba la mirada intimidada por su fuerza.

Se sentó, y me hizo ver que su deseo era contenido y controlado. Que el futuro no estaba escrito sino solo en sus propias decisiones. Me ha estado rodeando, estudiando, tanteando de pequeños golpes secos, como hace el púgil en el ring cuando está estudiando su presa y evaluando por donde le va a dominar. Mientras yo intentaba atraer su interés mostrando algo de mi plumaje, como si esas ingenuas tretas pudieran cambiar sus decisiones. No sé en que momento la ha tomado, no sé si la tenía tomada, no sé si ha sido al verme, o ha sido al olor de las feromonas de mi deseo.

La lectura impávida del texto de la fantasía que su amiga le había mandado por internet, (y que era para lo que estábamos ahí, es decir para recrear esa fantasía juntos) le permitía mantener su control y que no necesitaba ni siquiera la búsqueda de mi consenso. En un momento dado ha entendido que el estudio que estábamos realizando el uno del otro había acabado y que la coreografía requería un cambio de escena. Ha insinuado un vacío de conversación para requerir de mi una invitación al contacto directo de nuestras pieles. Me he visto ordenado a decir: ¿Nos vamos? Como diciendo: ¿es este el final, o es este el principio?

Me ha dirigido hacia el aparcamiento, me ha marcado su territorio con un beso en las escaleras de bajada. agarrándome la cintura y doblando el cuello para hacerme sentir que era un beso sensual que iniciaba intimidades por desarrollar, caricias por descubrir.

Ya en el coche, me hace buscar un rincón perdido del aparcamiento de la Plaza de Oriente. En el tramo recto que se encuentra próximo al Palacio. Entre dos muros, en unas plazas robadas a un entrante. No hay mas que otro coche un poco mas allá, y, pegados al muro, aquellos que pasen no verán lo que ocurre dentro… Me hace pasar al asiento de atrás puesto que quiere controlar mi cuerpo en su totalidad, y no está dispuesta a tener que compartirlo, o negociarlo, con el volante y el cambio de marchas.

Me besa, me lame, me toma las manos y me las pone en las caderas, para que, solas, bajen por los glúteos a lo largo de los muslos. Me mueve los hombros para dejarme debajo, para recostarme en el asiento y ser ella la que se mueva jugueteando con mi placer. “Me gusta que me acaricien y me chupen los pechos” Da ordenes como quien sabe lo que quiere, y esta dispuesto a obtenerlo con la atención debida, y la correspondencia merecida. Tomo los pechos que ya tienen el pezón endurecido, y su caricia, su pinzamiento suave, generan el primer gemido de placer.

La mano entre los muslos busca la intimidad de su deseo. Un ligero movimiento de muslos invita a la mano a que siga el recorrido. Las medias parecen en un principio un margen de protección que se había previsto en caso de que las circunstancias lo requirieran. Ahora, son una barrera cuya trasgresión requerirá una invitación consciente. La invitación no llega. La barrera se mantiene pero el placer la traspasa. ¿Es el índice el que se frota a lo largo de la vulva caliente, o es esta la que abraza el lomo de la mano? Los movimientos empiezan a ser acompasados, acompasados con el aleteo de la respiración profunda.

Pasa un coche. La imagen del riesgo que estamos corriendo inhibe de un gusto agridulce la entrega que estamos alcanzando. Tenemos 50 y 45 años. La aparición de un guardia de seguridad, tras la denuncia de algún cliente, sería difícilmente explicable con el argumento de una fantasía. El ojo se abre para otear el horizonte vacío, y se vuelve a cerrar para centrarse en el horizonte de los sentidos.

La mano sobre el pantalón está correspondiendo a la mano caliente y húmeda de los deseos que traspasan la lencería. Caen los tirantes que la elasticidad del vestido tenía premeditado. Surgen las cazoletas de puntilla negra que contienen los pechos. Se desajusta el sostén y los dos pezones endurecidos por el placer llaman a gritos una boca que los anhela. Saben, saben a sal, saben a suero, saben a secreción de placer que ha sido llamado por el placer. Saben a mujer completa, a mujer que ha realizado todas las funciones generadoras de su sexo. Saben a mujer que ha sido niña, amante, esposa, madre y concubina. Saben a esencia primigenia.

El placer es intenso y una ligera elevación de la cintura mandan la orden de bajar las medias. La piel suave de las caderas resbala a lo largo de las manos que acompañan la tela de la ropa interior. Eso muslos, antes tímidos, se ofrecen obscenos en su blancura y en su llamad al deseo. La caricia se hace directa, húmeda, en donde las formas toman cuerpo una a una, precisándose sobre el bulbo suave y caliente que ofrecían bajo las telas de las ropas. Unos labios finos, un clítoris pequeño y duro, un cuello caliente y húmedo, que larga su humedad hasta la hendidura posterior. Salta el cinturón salta la cremallera, salta la entretela del calzoncillo, y la mano accede dominante a su cetro de poder.

“Quiero tener la fantasía de una puta. Quiero masturbarte” “No sin el riesgo de que mi placer llegue antes que el tuyo. Yo, sin embargo, quiero comer tu orgasmo” La entrega se hace con los muslos abiertos, con toda la fuerza de una feminidad anhelante, con una llamada de los sentidos, el olor, la vista, el tacto, pero sobretodo, sobretodo, el gusto… El gusto por un placer compartido en el que el privilegiado es el que da y no el que recibe. En el que el privilegiado es el que siente como el cuerpo se turba bajo los movimientos de su lengua. En el que el privilegiado es el que siente los espasmos del orgasmo que se entrega sin retención. No se sabe entonces si es la boca la que mueve los labios, o los labios los que mueven la lengua. Y el cuerpo que se va relajando después del frenesí marcan la tranquilidad satisfecha. “Gracias por tu orgasmo” tiene por respuesta una mirada que no parece haber entendido que el privilegio no es del que recibe, sino del que dá.

“Bájate los pantalones” El tacto necesita complementarse por la vista. Es la mano que prende. Es la muñeca que baja, es la boca que acaricia, son los labios que circundan el prepucio. Conscientes de que la mirada sigue su evolución para reforzar con la imagen del deseo el deseo de la piel. La caricia en la nuca, el enredo de los pelos, la garganta que baja hasta que la verga entera queda ingerida. “No puedo más. Si sigues no podré aguantarme. Déjame un rato mas” “Quiero darte placer” “Sí, con tiempo”

La mano vuelve a buscar las intimidades húmedas vuelve a reconocer una geografía recorrida. Ha dejado sin embargo huecos sin acariciar, reservas de placer para el futuro. La pulsión por él mas allá del placer penetra esos umbrales. La cavidad, caliente y concisa, abraza el índice que ha penetrado. Sensible, deseosa, reacciona a cada milímetro de movimiento dirigiendo los recorridos que más se esperan de él. En la pared anterior, la experiencia de un cuerpo que se conoce a si mismo, refleja la llegada al punto “G”. Esa ligera rugosidad por encima del bulbo almohadillado de la parte superior de la entrada. El cuerpo se arquea de placer. Reacciona cada vez que el dedo repite el vuelo sobre la zona. El crescendo es intenso. Sabe lo que se acerca. Conoce que su éxtasis es la suma de la confianza, la entrega y la experiencia.

“Mira mi cara mientras tengo el orgasmo. Mira la cara del placer” Pronto ha entendido que su regalo es mi regalo, que su placer es mi placer. Y el orgasmo vuelve, llega, llena, llena, llena, llena… y vacía, una expresión acompasada con los movimientos del cuerpo encabritado. La sonrisa beatifica, la del éxtasis iluminista del misticismo religioso, ilumina los ojos de complicidad y confianza………………………….
……….. “Ahora tú”

“Me gustaría tenerlo dentro”... y la elasticidad de un cuerpo domado lo coloca a horcajadas dejando sus pechos en plenitud, a merced de unas manos que los abarcan. La intimidad de dos cuerpos que se acoplan como guantes a medida completa un placer que no sabe si se localiza, o trasciende las zonas erógenas para abrazarse también con la mirada. Esos muslos que a caballo aprietan los tuyos. Ese pubis que, impertinente, se enreda con el tuyo. Ese vientre que rezuma feminidad, que rezuma ternura, que rezuma sensualidad, y que te contiene, te contiene, mientras se mueve… Y tu lo ves, y tu lo sientes. “Aprieta mis caderas contra ti, mientras yo me muevo. Mas fuerte, mas fuerte, mas, mas, mas… maaaaass”

El anticlímax se apacigua con cariño, con caricias tiernas que vuelven a recorrer ese cuerpo que se ha querido. La aparición del público Wagneriano del final de la representación del “Anillo de los Nibelungos” pone en evidencia el peligro y el riesgo que se ha corrido. Si su llegada se hubiera producido tan solo dos minutos antes, el espectáculo subterráneo podía haber completado una velada artística con algún estimulo conyugal tanto tiempo olvidado…

“No te volveré a ver. Mi fantasía era tener una aventura sexual con un desconocido que no tuviera continuidad. Tu has sido ese desconocido, del que no quiero saber ni el nombre, y mi placer resuelto, mi fantasía cumplida, volverás a ser el desconocido que siempre fuiste.” Suenan las palabras como un látigo de evidencia de la función instrumental que uno ha cumplido, del abuso de un cuerpo que se entregó con ternura, de la maquina obscena de consumo animal de placer, de la respuesta a tantos siglos de abuso en el otro sentido, de abuso onanista de la mujer por parte del deseo animal masculino. Las tornas se han vuelto, y uno siente en carne propia esa sensación de haber sido objeto, de haber sido objeto de un deseo de satisfacción propia, haber sido un plato del deseo hormonal de una mujer que así lo ha querido. Té queda la esperanza de que la condimentación del plato quede en su recuerdo, y estimule en el futuro el deseo de querer volver a consumirlo…

(*P.S: Esta narración fue escrita íntegra en el libro de invitados de mi página más conocida en el mundo de Lycos aquella misma noche)

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Y a continuación lo que nosotras escribimos también en el nivel público aquella misma noche

Conversación entre las dos amigas, la instigadora (En_penumbra) y la ejecutante (Gloria)
Narración de Gloria (con comentarios de su amiga, en cursiva)

Gloria.- Me vestí, me perfumé y antes de salir volví a leer tus palabras. me las llevé conmigo. No quería un encuentro de un hombre y una mujer….quería “magia” (tú me lo habías dicho penumbra) Fui firme, decidida….Allí estaba él, alto, atractivo….Tiene una mirada franca, es directo……claro….y su sonrisa acaricia. Tuvimos dos conversaciones: una que hablaba de nuestras vidas y otra que tanteaba el deseo…..

En penumbra-… Estarías estupenda. Tu decisión fue sabia. Magia. Si uno la invoca… la magia acude. Basta con atreverse… Tu manera de hablar me recuerda a la de una ‘mano de hierro en guante de seda’…
Alto, atractivo, e interesante verdad?? Tiene que tener una mirada franca, yo lo siento directo y claro… si no probablemente no me atrajese para nada. Cuento con su sonrisa. Cuento todo el tiempo con ella. Yo le acariciaré con la mía… lo que más me divierte de este mundo es que ningún hombre se espera que penumbra se ría y tenga mi voz… a mí no me gusta porque es como de niña. Pero a ellos parece gustarles mucho. Tengo una historia con ella. Podría contarla esta noche o una noche cualquiera
De que vidas hablasteis? Qué conclusión sacaste de la de él? Por qué crees que cuando llega a casa sus mujeres no se alegran de verle aparecer?
Dime dudaste en algún momento en hacerle el amor? Por qué cree que no regresarás con él?

Gloria.- No tuvimos dudas…..nos fuimos a encontrarnos. Huele a tierra sabe a fuego y sus manos son viento……mi cuerpo fué acogido, abrasado…..colmado y calmado.

En penumbra.. 2:07 1 Junio
Te escucho Gloria … Las palabras son ese puente entre lo visible y lo invisible. Tus palabras nacen belleza. Sé lo que te ocurre… Escúchame tú a mí. Entrégate al momento, deja que tus dedos divaguen como vagaste por él. Sé eterna… No sientas miedo. No pienses. Siente tus emociones intensamente de nuevo. Cada segundo y lo habrás prendido para siempre. Escribe todo lo que desees y no más. No pienses más, que nos estas deleitando de nuevo. Llenando de ti, compartiéndote. Libérate…

Gloria.– Amiga mía, te hice caso….repté entre sus piernas…me trató como a una “hembra”…..pedí y me dio.

En penumbra.- Hiciste bien. Has reclamado el poder de la serpiente para ti. Más allá de la extrañeza… qué te inunda más allá??

Gloria.– Mi querida En penumbra, no se trata de deleitaros, te lo aseguro……aún sigo en ese parking…..todavía no he vuelto…..voy diciendo (a mi manera). Esto no fue una fantasía tuya…..sino “nuestra”…..no soy tan generosa.

En penumbra.- Claro, Gloria, no me malentiendas, sólo quería hacerte sentir cómoda. Quizás por tratar de no dejarte sola aquí, en unos espacios en blancos que a veces puedan resultar amenazantes… lo que logré fue invadir el territorio íntimo de tu jardín secreto… Ya ves que a él… no le digo nada. Me callaré. Me gusta permanecer en silencio cuando los demás cantan.

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¡Ay qué tiempos aquellos!
Besos Madrid49

3 Responses to “– Fantasía en la Plaza de Oriente –”

  1. lasalamandra Says:

    Me gustaría añadir aquí ahora esa bitácora pero me es imposible encontrar su dirección

  2. lasalamandra Says:

    Hay 2 comentario/s de este artículo.
    Mujeres y Diosas:
    Y en que fantasia estas ‘trabajando’ ultimamente. Que es lo que se te ha ocurrido que pueda llenarnos la vida de mariposas? Algo con Rachel?
    27/09/2004 16:03:51 email: madrid__49 (arroba) hotmail.com
    sabbat:
    No querido, nada con Rachel, de Rachel yo aprendo, tal vez lo que todos deberíamos saber… Estoy trabajando con mis fantasías… más bien con mis deseos, y mi imaginación se encuentra supeditada exclusivamente a estos y a los de mis amigos… los que yo logro adivinar y los que ellos ayudan a transmitir, gente de piel, que miro, que veo, que huelo, que puedo tocar, que me habla, que me manda mensajes al móvil que con cuatro letras me hacen brincar… Nada original, ya ves…

    Besos.
    27/09/2004 16:08:56


  3. […] LINK : – Fantasía en la Plaza de Oriente –  […]

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