RACIONALIZAR

octubre 4, 2004

– vi – Coños y pompas de jabón

 

te miro siempre

‘Te miro siempre’

LIDIA BUENTE

  
Yo ya he mandado mis ansias de verte por delante, como la avanzadilla de una tropa (en realidad no las he enviado, se me escapan y si no se me amotinarían) pero Llego al paso de cebra y me detengo. El individuo que hay a mi lado es ese hombre que se ha pasado meses persiguiéndome. Ya no me dirá nada. No buscará nada en mí. Torcerá la cara incluso deseando que yo sea mentira y todo lo que ha sucedido entre nosotros un accidente lamentable. Sé que he herido sus sentimientos a propósito y me pregunto por qué son necesarios los enfrentamientos para que te dejen en paz de ‘una puta vez’ pero lo son, siempre lo son. Mi derecho es estar sola, poder estar sola, elegir estar sola. ¿Por qué no lo entiendes sin necesidad de que me pelee contigo, de que tenga que enfadarme o enfadarte?  No hay nada más que entender de mí, sólo eso, así de simple: para mí la vida es un combate y es una soledad elegida y la vez rechazada. Y esto no creas que te lo digo a ti, porque de alguna manera sé que tú me lo has entendido todo desde el primer segundo, sin necesidad de que existieran las palabras. Las palabras vinieron luego, después, con el paso de los años destinadas a no ser nada, sólo útiles de escapar: o condenadas a ir por delante como mis ansias de verte pero sólo te veo cuando cruzo por la cebra del asfalto y ya piso el parque… así que dan igual las ganas y las palabras. Lo demás es ese silencio tan esperado, la intimidad del silencio. Miradas y silencio lo más aproximado a la felicidad. Viviría así, alimentándome sólo de eso y dejando escapar mi vacío existencial en forma de suspiros o de estas pompas de jabón que otros llaman letras pero para mí sólo son eso, útiles de escapar y la libertad de ser sólo eso: exactamente nada pero también útiles de seguir regulando la válvula de la presión. Antes implotaba y eso me estaba matando ahora si acaso exploto cómodamente y la presión de mi vacío (o de mis reacciones termodinámicas, vete tú a saber por que lo mío no es la física, pero eso tú ya lo sabes…) no me mata.
Otra buena aproximación a la felicidad: caricias y silencio, el mío porque a él sólo sé que me gustaba escucharle aunque ni siquiera pueda recordar con exactitud lo que decía; o más bien no quiera hacerlo, no quiero abrir los oídos a las mentiras… Ahora escribo sobre Enol y no sobre nosotros, contigo tengo miedo es cierto. Todo de ti y en ti me lo provoca y supongo que también lo entiendes porque tal vez sientas por mí algo semejante o incluso, con un poco de suerte, lo mismo. Y antes de Laura eso no importaba, las consecuencias del placer… pero después de Laura, sólo importa Laura, lo que siento cuando ella me habla y nos abrazamos. Y no hacerle daño. No ser capaz de hacérselo, aunque tal cosa, desde luego, no resulte tan sencilla.
De lo que no soy capaz es de ver coños en los cuadros de Miró. Di tú que tampoco me importa gran cosa. Es que esta mañana eso ha sido lo primero que he leído, que Miro pintaba coños en sus cuadros y me ha dado curiosidad y por eso los he buscado pero Miro jamás me ha llamado la atención, así que sus coños de estar presentes sería difícil que lo hicieran. El arte como arte, como concepto tampoco me importa, me importa el arte como sentimiento, como me importa casi todo, un comino. Por eso me gustan los coños de Delvaux, porque yacen ahí reposados en ese mundo surrealista que no se parece a ningún otro mundo más que al de las pesadillas y al de los jardínes botánicos, coños no rasurados, lo mismo que el mío, coños que no me tengo que imaginar que son coños, y que miro esperando, sólo esperando, coños entre puertas que se abren a espacios infinitos con luces de mármol azul pálido y no digo que esos coños esperen por nada, ya sé que son coños de maniquí porque eso dicen que pintaba Delvaux. En realidad a mi Delvaux me gusta por uno sólo de sus cuadros o tal vez dos, como mucho. No te digo aquí cuales. Pero basta sólo eso, que por algo le haya tomado ”simpatía” para que casi todo lo suyo me guste, aunque haya cosas en sus pinturas, la mayoría, que me resulten horribles. Mi pelo también lo es, ¿y qué?, pero es el mío. Una vez cuando era casi una niña conocí a un pintor, un tal Astuy que estaba empeñado en pintarme y me decía: ‘si no fuera por ese pelo… es como si tus rasgos pidieran a gritos otro’. Pues que se quejen pero ese pelo era yo, así de simple. Y uno se gusta como es o no, y también eso es así de simple. Y lo demás sólo lo racionalizas…
04/10/2004. tema: Anouk. #

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