LA PERVERSIDAD

octubre 5, 2004

– vii – El espejo

EL ESPEJO DE BLANCANIEVES

Conocí a Luis justo después de conocer a Ramón porque creo que se llamaba Ramón aquel taxista que nos recogió a mí y a mi ‘baúl’ a las siete y media de la mañana y nos depositó en la estación de autobuses.

(* omito la historia del taxista, al menos de momento…)

Y viajamos solos (bueno, con mis chicos) durante los primeros ochenta kilómetros. Luego, en esa tercera parada que hacemos se incorpora una mujer viuda con su gente y continuamos trayecto hasta recoger a la que sería mi jefa directa y su hijo. Primera decepción: no sería ese Luis al que acababa de conocer, quién iba a permanecer con nosotros durante los diez días de vacaciones como compañero mío sino ‘A’. Luis era guapo, alto, moreno, muy sexy , joven, e hilarante. No podías dejar de reirte con él ni un minuto. Un tío de esos con gracia, con auténtica gracia. Y ‘A’ era … vamos que ‘A’ no tenía nada que ver con Luis desde luego y además resultó ser una cruz. Con los últimos vinos, diez días más tarde, me confesó que no tenía relaciones sexuales con su mujer. O sea, que como yo con Coga sólo que al revés, y con la diferencia de que Coga no necesita pagarle por ello a ninguna prostituta

Con Luis viajé los primeros doscientos kilómetros y luego me invitaron ‘amablemente’ a subirme a la furgoneta de ‘A’. Lo de amablemente es un decir, por supuesto, porque con ‘S’ todas las obligaciones se formulaban, en principio, de una manera amable

(* omito hablarte de esos diez días, al menos de momento…)

Lo cierto es que yo no soy ninguna calienta pollas, se pensara allí lo que se pensase acerca de ello. Soy sólo alguien que elige o rechaza, y después de tantos sin sabores y de tanta abstinencia elegida cuando ‘A’ y yo le encontramos por las calles del pequeño pueblo, perdido al volante y en busca del colegio en el que había transcurrido nuestra estancia… decidí que sería esa misma noche y que sería con él.

Iniciamos la andadura después de comer, sobre la una y media de la tarde. Yo me había tomado dos albariños: uno con ‘A’ que fue dónde me largó todas sus confidencias sexuales y otro durante la comida que yo pasé diciendo: ‘menos mal que nos vamos porque sino menudo marrón que se me cae a mí encima con el pavo este’; así que entre eso y los casi cuarenta grados de temperatura que padecíamos, un sopor desconocido me hizo ir dando cabezadas durante los primeros 200 kilómetros de regreso. Aclaro que ni de niña lograron que me durmiera una mala siesta.

Y llegamos a la parada del camino. Los conductores tienen que detenerse a descansar cada ‘equis’ horas o kilómetros y ahí es dónde nosotros iniciamos el contacto y yo observo como ‘A’ y él se tratan como viejos conocidos. Así que es mi hombre, sin duda, y en ese polvo más que disfrutar solamente, lo que pretendo de paso es hacerles morder el polvo a todos esos capullos integrales que he tenido que soportar durante los últimos diez días. O sea joder dos veces, una siendo jodida y otra jodiendo. ¿Qué pasa que no se iba a correr la voz? ‘Mira tú quién fue, al final, el que se tiró a la monitora. ¿No decíais que no había manera?’. ¡Uhm!, paladeaba de antemano ese mi momento de gloria, que imaginaba, y la cara de gilipollas que se le iba a quedar a más de uno por payaso.

Y apenas contaba para seducirle con los últimos ochenta kilómetros en los que nos quedaríamos de nuevo solos (bueno, solos del todo no, con mi chicos)… aunque si había retenciones, cosa por otro lado bastante probable, estaríamos hablando de un intervalo de entre dos y dos horas y media. Y lo que yo quería era resultar insinuante, apetecible, no una mujer casada más y tan desesperada como de aquellas de las que él me venía hablando desde hacía un buen rato. Mujeres que asisten a bodas con sus esposos, y sus perfumes y afeites y trajes horteras y caros, unas iguales que otras, indistinguibles, todas iguales, nacidas e invividas en aldeas locales y comarcales y que siempre acababan follando con él en los asientos de atrás del autobús, mientras el marido las cree en el baño con una amiga que se ha puesto indispuesta o vomitando.

– ¿Qué es lo más extraño que te ha sucedido nunca? -le pregunto

– ¡Uf!. Tantas cosas, de todo… pero te cuento lo último, ¿vale?

– Claro, lo que quieras. A mí todo me está resultando muy interesante – le digo sin tratar de ocultar mi edad.

Luis tiene 30 años, y no podrá viajar nunca con transportes escolares, hubo una chica de 15 que después de meterse en su cama una noche le denunció y por eso me dice que ahora le gustan más las maduras: ‘¿Saben lo que quieren y lo que buscan?’. Claro, yo lo sé: quiero que me pida mi teléfono y no tener que ofrecérselo porque lo que busco es pasar esa misma noche con él. Tengo hambre. Tengo hambre de hombre y ha sido él quién me la ha despertado.

Y Luis no lo entiende, no es capaz de explicarse, porqué motivo ella le denunció pero dice que en el fondo no aprende porque el sábado pasado un chico, integrante de una pareja de adolescentes, le suplicó que les dejase entrar al interior del autobús a ocupar sus asientos mientras la orquesta del baile tocaba pasodobles. Sólo querían estar un rato a solas y él me cuenta que le dieron con la fibra sensible y que por eso les abrió las puertas y les dejó pasar aunque él no podía irse, no, no, ¿cómo iba a dejarles a los dos solos en el autobús? ‘¡Joer!.No sé, ¿para que me lo arrancasen, por ejemplo?, y mira tú qué gracia’. Y por eso desde el espejo pudo verlo todo, como primero se pusieron cariñosos, y cómo pronto se fueron calentando y cómo luego la chica mientras su novio le comía el coño estaba gozándola y fue poniéndose más y más cachonda y como, por eso mismo, acabaron follando delante de él, sin importarles que él les viera o tal vez por eso mismo más excitados. Y es que los chicos de ahora están acostumbrados a follar en cualquier parte. Y a mí me gusta este Luis que va contándome esas cosas suyas con esa naturalidad y que no presume de nada, ni de culto, ni de listo, ni de aséptico, ni de borracho. Y yo pienso en ti, sólo en ti como acostumbro y en lo muchísimo que te he estado echando de menos, desde que otra vez nos alejamos…, y en mí, en lo muchísimo que me gustaría follarme a Luis sólo para que tú lo vieras aunque fuera tal día como hoy, un día cualquiera, por este espejo mágico: un espejo como los de esos cuentos con malévolas madrastras. ‘Dime espejito mío. Dime espejito de oro: ¿quién es la más perversa de todos lo contornos’. Y sólo por eso sé que me lo follaré, que voy a follármelo exclusivamente para después contártelo a ti con pelos y señales y que te jodas y que te guste y que por eso sufras, y me condenes y que a la vez te de morbo… pero lo que yo ni siquiera sospecho entonces es que esta vez te lo voy a contar directamente y mirándote a los ojos

05/10/2004. tema: Diario. #

One Response to “LA PERVERSIDAD”

  1. lasalamandra Says:

    Observo que a Nadha (o a mí) nos llevó unos dos meses comenzar a digerir la intragable experiencia de ese viaje y también el disgusto que nos acarreó esa ”perversa” noche o manera de pensar…

    Bien, ya veo que las idas y venidas de páginas a páginas tenían que ver mucho con ese verano y la crisis interior… las desilusiones.

    No me sentía cómoda conmigo… y …

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